Un pirómano anda suelto

Un pirómano anda suelto

Hoy os remito un artículo sobre el disulfuro de carbono que, más que una publicación científica, parece un texto sacado de una página de sucesos. Os adjunto el original y la traducción, que me he permitido titular “Un pirómano anda suelto”.
27 Junio 2014

En un lugar de la región central de Alberta, Canadá (una de las provincias más fuerte e influyentes del país, con más del 70% del petróleo y del gas natural), está establecida una pequeña empresa de tan sólo 13 trabajadores que se dedica a la fabricación y venta al por mayor de productos químicos, especialmente xantatos (compuestos orgánicos obtenidos a partir del disulfuro de carbono - CS2-, muy utilizados en explotaciones mineras como agentes de flotación en el procesado de minerales).

La empresa dista mucho de ser modélica. Desde su apertura, en 1985, se le han abierto varios expedientes sancionadores, la mayoría por la emisión de altos niveles de CS2 al medio ambiente.

Pero además, internamente, la empresa es un desastre. No tiene sistemas de ventilación adecuados, el uso de las medidas de protección por parte del personal es escaso, especialmente los equipos de protección respiratoria, y la formación en prevención de riesgos brilla por su ausencia, lo que incluso ha provocado varios incidentes serios (en el último, un operario cortó accidentalmente una de las mangueras que transportaba el CS2 líquido lo que provocó que sufriese una intoxicación aguda). No sorprende su poco interés por la prevención ya que hasta hace unos meses no tenía ningún higienista que les asesorase -después de 7 años de actividad- y su reciente contratación fue más una obligación para cumplir con la legislación que para tratar de poner orden en sus múltiples deficiencias. Sin embargo, a mediados de septiembre de 1992, a raíz de la presentación de una demanda de incapacidad ante la Junta de Compensación por parte de uno de sus trabajadores, el Departamento de Salud y Seguridad Ambiental de Alberta realiza una inspección, sancionando a la empresa con una multa de 40.000 dólares y ordenando su clausura temporal mientras no se acometan las medidas higiénicas y las reformas estructurales pertinentes, de acuerdo con la legislación canadiense. Como parte de esas reformas, se exigió una evaluación de los niveles ambientales de la empresa en relación al CS2 y una evaluación médica de todos los trabajadores por parte del Departamento de Salud Ocupacional de la Universidad de Alberta, ante la casi certeza de que los niveles a los que habían estado expuestos eran altos y podrían tener repercusión clínica. El examen médico se realizó en noviembre de 1992, durante el periodo de inactividad forzosa de la empresa.

Tras el estudio se concluyó que, en relación a los niveles ambientales, los trabajadores habían estado expuestos diariamente y de forma intermitente (entre cinco y seis veces al día) a niveles muy elevados, de 200 ppm, veinte veces por encima del nivel aceptado en el año 1992 (que era de 10 ppm). Estos resultados fueron confrontados con los metabolitos del CS2 en sangre (sulfuros) y orina (tiocarbamatos) de los trabajadores que, también, mostraron unos resultados claramente elevados. Esta confirmación (niveles ambientales y parámetros de dosis interna elevados) llevó a que se realizase un exhaustivo examen médico de todos los trabajadores, especialmente centrado en el sistema cardiovascular y neurológico, dianas específicas de este tóxico. Aparte de la exploración general, se llevó a cabo un electrocardiograma y un lipidograma completo. Los resultados, aunque sin gran valor estadístico por tratarse de una población muy pequeña -13 trabajadores jóvenes-, mostraron sin embargo una frecuencia inesperadamente desproporcionada de anomalías en el lipidograma, con un claro perfil aterogénico, que incrementaba el riesgo cardiovascular (elevaciones del colesterol y triglicéridos, HDL baja, LDL y VLDL elevada, disminución de las apo A, incremento de las apo B y cociente apo B/apo A incrementado). Además, en el electrocardiograma (ECG) se observó que la frecuencia de presentación de alteraciones en los trabajadores era de un 23% cuando las mismas alteraciones en la población general son de un 2.5%, y que en el caso concreto de la bradicardia se presentaba en un 31% de los casos, cuando en la población general es de tan sólo un 1.4%. La presencia de estos cambios sugiere un proceso de envejecimiento acelerado asociado a cambios ateroscleróticos y cardiotoxicidad directa provocada por el CS2 (que concuerda con la gran cantidad de literatura que sugiere muerte prematura por enfermedad coronaria entre los trabajadores expuestos al tóxico).

Pero, además, durante el examen clínico uno de los trabajadores tenía claros signos de polineuropatía periférica (otro de los signos característicos del tóxico). El paciente se quejaba de parestesias en las manos y, especialmente, en los pies, con hiporreflexia en la exploración física y una electromiografía claramente patológica. El paciente fue remitido por el médico ocupacional al neurólogo que informó de una polineuropatía sensitivo-motora bilateral compatible con la exposición al CS2. Además, el mismo especialista hacía mención a sus niveles altos de glucosa, con antecedentes familiares de madre diabética, que aconsejaban seguimiento y planteaban una hipotética polineuropatía diabética como factor coadyuvante. El trabajador, de 25 años, era el que había presentado la demanda de incapacidad laboral -motivo desencadenante del cierre de la empresa-, acusándola de ser la causante de sus problemas físicos y psíquicos. Esta reclamación laboral compensatoria había provocado un fuerte antagonismo con la dirección, con una manifiesta acritud por ambas partes, puesto que la dirección tenía manifiestas quejas de su insuficiente rendimiento en el trabajo y constancia de numerosos episodios de labilidad emocional (episodios de “ira incontrolada” u otros en donde sin motivo aparente el trabajador comenzaba a “tirarse de los pelos”) que habían originado graves enfrentamientos con sus superiores. Su sintomatología era cuestionada por la dirección de la empresa que manifestaba que los trastornos psiquiátricos y la polineuropatía eran debidos al excesivo consumo de alcohol (algo que el trabajador negaba).

Tras el cierre temporal de la empresa para solucionar los problemas de índole técnico, a finales del año 1992 las pertinentes revisiones por parte de los inspectores de Salud y Seguridad Ambiental otorgaron de nuevo licencia para reanudar su actividad. Entre las recomendaciones se enfatizó un mayor control de la exposición en el lugar del trabajo en relación con el CS2, el estricto requerimiento del uso y formación de los equipos de protección personal, de forma especial con los equipos autónomos de protección respiratoria y, finalmente, se aconsejó la inclusión de los trabajadores en un programa de reducción del riesgo cardiovascular (para tratar de compensar el riesgo que producía el CS2).

Como resultado de haber modificado, y prácticamente normalizado, los niveles ambientales del tóxico, a los seis meses (mayo 1993) se observó una importante mejoría analítica en relación al lipidograma en todos los trabajadores. Sin embargo, las alteraciones en el ECG seguían persistiendo. El higienista aportó una valiosa colaboración y empatía con los trabajadores, incluyéndolos en programas de mejora cardiovascular y asesoramiento dietético ofrecidos por los ayuntamientos de los dos condados donde vivían los trabajadores (trabajar con un tóxico que aumenta las placas de ateroma exige consejos dietéticos y de vida sana, entre los que destacan programas de ejercicio físico).

El trabajador afecto de la polineuropatía, tras un periodo de baja, mejoró objetivamente -la electromiografía y la hiporreflexia- pero seguía manifestando parestesias (entumecimiento) en ambas manos y pies. En este paciente sus controles de glucosa persistían altos, por lo que no se descartaba que fuesen síntomas de una polineuropatía diabética sobre la base de una exposición al CS2. Su relación con la empresa seguía siendo claramente conflictiva.

Cinco años más tarde, en 1998, la empresa sufre un voraz incendio en el que resultan intoxicados, como consecuencia de los gases emanados, 6 bomberos y 25 personas que vivían en los alrededores de la planta. Las investigaciones posteriores mostraron que el incendio fue intencionado. El culpable nunca fue detenido. A consecuencia de los daños la empresa no pudo volver a reanudar su actividad. A pesar de que se intentó hacer un seguimiento de los trabajadores por parte de los servicios médicos, la falta de financiación y la dispersión de los mismos, lo hizo totalmente imposible.

NOTA: El CS2 es una sustancia especialmente lipofílica y, por tanto, afecta a los tejidos ricos en lípidos, tales como la mielina (de ahí los signos de afectación del sistema nervioso) y la pared vascular (lo que incrementa la placa de ateroma y facilita la hipertensión y cardiopatía isquémica). La exposición al CS2 está asociada, especialmente, con un incremento del riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular. Por esta última causa es muy importante hacer recomendaciones dietéticas e incluir a todos los expuestos en programas de aumento del ejercicio físico, independientemente del obvio control ambiental del CS2 en el centro de trabajo (la normativa de la ACGIH del 2012 es de 1 ppm, aunque en nuestro país el nivel aceptado es de 5 ppm). Por último, con respecto a los biomarcadores de exposición al CS2, se recomienda el ácido 2-Tiotiazolidín-4-carboxílico (TTCA) en orina, un biomarcador muy específico y sensible.

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