Intoxicación por dimetilformamida

Intoxicación por dimetilformamida

Un caso clínico de intoxicación por dimetilformamida (DMF) que provocó una hepatitis colestásica.
16 Mayo 2014

En el verano del 2001, un varón taiwanés previamente sano, fue admitido en el hospital con hepatitis aguda. La función hepática reveló un incremento de la bilirrubina total de 3.68 mg/dl (0.4-1.3 mg/dl), una GOT de 643 UI/L (9-34 UI/L), una fosfatasa alcalina de 304 UI/L (44-147 UI/L) y una GGT de 148 UI/L (2-38 UI/L). Después de excluir la mayoría de las causas comunes de hepatitis, se sospechó una hepatitis colestásica de causa química o medicamentosa. Consecuentemente analizamos su historia clínica especialmente orientada al campo ocupacional y al consumo de medicamentos.

El trabajador había estado trabajando en la construcción durante 10 años. Dos meses antes de su ingreso en nuestro hospital había comenzado a trabajar en unas obras de reforma de una compañía de fabricación de cuero sintético. El trabajador estaba instalando una plataforma de acero con seis canalizaciones y trabajaba todo el día en torno a esas seis tuberías. La dimetilformamida (DMF) y otros disolventes, incluyendo metiletilcetona (butanona) y tolueno, eran ampliamente usados en esta factoría, y estaban contenidos en grandes barriles. A causa del trabajo de reformas, el uso de los equipos de ventilación en las canalizaciones había sido detenido y los trabajadores, inconscientes del peligro, no usaban máscaras respiratorias o equipos de protección cuando trabajaban.

Un día, durante el trabajo en el interior de los túneles, un tonel que contenía DMF se derramó y varios trabajadores estuvieron limpiándolo. Aunque la mayoría de los trabajadores fijos tenían máscaras, el contingente de trabajadores eventuales no tenía ninguna protección. Además, el trabajador afectado no tenía ni idea del peligro y no había recibido formación antes de la realización de su trabajo. Por otra parte, en el sur de Taiwán el verano es muy caluroso, y la mayoría de los trabajadores de la construcción usan sólo camisetas de manga corta. Es, pues, muy fácil que entren en contacto con DMF a través de la piel. El paciente manifestó que había tenido contacto con el disolvente con las manos, sin ninguna protección, y que tan sólo se las había limpiado una vez finalizado el trabajo. A los pocos días comenzó a desarrollar, de forma intermitente, prurito cutáneo, náuseas y sensación de plenitud epigástrica, motivo por el que acudió al hospital, y tras la realización de los análisis que confirmaban una hepatitis colestásica, fue ingresado.

Ante la sospecha de unos niveles ambientales elevados de DMF, intentamos obtener muestras de aire que pudiesen ayudar a cuantificar la exposición, pero el gerente de la compañía rehusó a que realizásemos la toma de muestras. De todos modos, tras una cuidadosa evaluación, todas las causas de daño hepático agudo fueron descartadas. La evaluación incluyó una detallada historia clínica, examen físico y diferentes pruebas de laboratorio. La hepatitis A, B y C fue descartada. La ceruloplasmina del suero fue de 33.8 mg/dl (17-37 mg/dl). No hubo elevación de la inmunoglobulina IgE y las cifras de eosinófilos fueron normales. Los anticuerpos antinucleares fueron positivos pero en un título bajo, sólo de 1/40. Así pues, considerando donde trabajaba, cuando comenzaron sus síntomas y la elevación de la GOT después de volver a reanudar el trabajo, la DMF parecía ser la causa más probable de su daño hepático agudo.

La DMF es ampliamente usada como disolvente orgánico, y es uno de los numerosos químicos que son conocidos por ser hepatotóxicos. La mayoría de estudios han encontrado que es el hígado el primer órgano afectado. La exposición a DMF ha sido comunicado que conduce a diferentes grados de afectación hepática, oscilando desde un transtorno subclínico a evidente daño hepático. Los daños de la función hepática causados por DMF no son infrecuentes en la fábricas de cuero sintético y la mayoría de los casos han involucrado a trabajadores de las líneas de montaje. Por lo general, una vez advertida la hepatotoxicidad en las factorías, la mayoría de los trabajadores son conscientes de la necesidad de protección. Sin embargo, los trabajadores eventuales como es el caso de nuestro paciente, no tienen habitualmente ningún conocimiento de los potenciales peligros, y están, por lo tanto, en situación de riesgo. Su educación, salud e higiene puede ser fácilmente pasada por alto. El programa de salud ocupacional de la WHO (World Health Organization) también está dirigido a grupos de trabajadores con especiales necesidades. Estos incluyen mujeres y trabajadores autónomos de pequeñas empresas, que no están por regla general cubiertos por la legislación y que no tienen acceso a los servicios de salud ocupacional. Por ello, de la misma forma que es importante desarrollar un plan de gestión para promover la salud y la educación higiénica entre los trabajadores que trabajan de forma permanente en la empresa, de igual forma debe ser llevado a cabo en todos aquellos que acometen trabajos temporales. Por lo tanto, el programa nos recuerda que todos los trabajadores, de corta y larga estancia, deberían tener derecho al mismo cuidado y protección. La mejora de la higiene industrial, con la formación y educación del contingente de trabajadores de corta estancia, es un importante objetivo para la prevención de enfermedades ocupacionales, especialmente en países en desarrollo.

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