Autorretrato con el doctor Arrieta

Autorretrato con el doctor Arrieta

Como recordatorio del signo más característico del disulfuro de carbono (el riesgo cardiovascular), os adjunto un autorretrato de Goya durante la crisis cardíaca que estuvo a punto de costarle la vida.
6 Junio 2014

Goya pintó muchos autorretratos, pero ninguno tan sobrecogedor como éste.

Lo hizo para testimoniar su agradecimiento al Dr. Arrieta por el trato que le prodigó durante una crisis cardíaca que estuvo a punto de costarle la vida. Al pie del cuadro se lee: “Goya agradecido a su amigo Arrieta por el acierto y esmero con que le salvó la vida en su aguda y peligrosa enfermedad padecida a finales del año 1819 a los setenta y tres años su edad. Lo pintó en 1820”. El pintor ha representado tan fielmente los signos de su enfermedad que merecería aparecer ilustrando un libro de texto de medicina. La palidez del enfermo como consecuencia de una disminución del riego sanguíneo, la mirada perdida, la boca entreabierta, sedienta de aire, y la típica actitud del paciente con disnea, que se aferra a las sabanas, son signos inequívocos de un edema agudo de pulmón, probablemente a consecuencia de una crisis de hipertensión.

En diversas ocasiones Goya había relatado a su médico síntomas típicos del hipertenso, como mareos, cefaleas, palpitaciones y ruidos en el oído. Con estos antecedentes cualquier factor desencadenante, como una cena abundante y pródiga en sal, puede desequilibrar el sistema circulatorio. El corazón incapaz de bombear el exceso de líquido circulante, hace que se encharquen los pulmones. La sensación de ahogo y muerte inminente es tan angustiosa que el paciente suele recordarla de por vida.

La figura del Dr. Arrieta constituye todo un homenaje al médico amigo, quien no sólo le administra la medicina, sino que, con su brazo izquierdo, le abraza y le conforta. Al fondo, unas oscuras figuras resaltan todavía más la palidez del enfermo.

Tras la crisis cardíaca (1819), Goya pintó dos cuadros de marcado carácter religioso: Cristo en el Huerto de los Olivos y La última comunión de San José de Calasanz, obra, esta última, a la que imprimió una religiosidad desconocida hasta entonces en él. Es posible que la enfermedad que le condujo al edema agudo de pulmón le llevase a aceptar el encargo de los padres escolapios de San Antón, a cuya iglesia iban destinados ambos cuadros. Se ha interpretado este súbito misticismo como la búsqueda de un apoyo, de una certidumbre superior, ante la angustia de la muerte. En cualquier caso, Goya sobrevivió más de ocho años a la enfermedad que tan magistralmente pintó.

Francisco de Goya y Lucientes nació el 30 de marzo del año 1746, en Fuendetodos, provincia de Zaragoza. A los 12 años comenzó en Zaragoza el oficio de pintor en el taller de José Luzán, donde estuvo cuatro años. En 1763 se traslada a Madrid y entra en el taller de Francisco Bayeu donde termina su aprendizaje, hasta que en 1769 viaja a Roma, escala obligada para todo artista. A su regreso (en 1771) obtiene el encargo de diseñar cartones para la Real Fábrica de Tapices de Madrid, donde realiza 63 composiciones durante los 18 años que permanece allí. En 1773 contrae matrimonio con María Josefa Bayeu, hermana de su maestro Francisco. Tras convertirse en un consumado retratista, en 1783 se abren para él las puertas de los palacios, como el de los Duques de Osuna, Medinaceli, y, especialmente, el de la duquesa Cayetana de Alba (las famosísimas majas de Goya, La maja vestida y La maja desnuda, condenadas por la Inquisición, parece que fueron retratos suyos). En 1789 es nombrado pintor de cámara de los nuevos reyes Carlos IV y doña María Luisa, para los que realizará el famoso cuadro “La familia de Carlos IV”. Pero, en el invierno de 1792, cae gravemente enfermo en Sevilla; tras meses de postración se recupera, pero como secuela de la enfermedad pierde de forma irreversible la capacidad auditiva, volviéndose su carácter más taciturno. A pesar de ello, en 1795 es nombrado Director de pintura de la Academia de San Fernando. De esta época son los “Caprichos”, donde critica la sociedad de su tiempo de una manera ácida y despiadada, manifestando su ideología ilustrada. El 3 de mayo de 1808, al día siguiente de la insurrección popular madrileña contra el invasor francés, el pintor se echa a la calle, no para combatir con la espada o la bayoneta, pues tiene más de sesenta años, sino para mirar insaciablemente lo que ocurre. Con lo visto pintará algunos de los más patéticos cuadros de historia que se hayan realizado jamás: el Dos de mayo (conocido también como La carga de los mamelucos en la Puerta del Sol de Madrid) y el lienzo titulado Los fusilamientos del 3 de mayo (también conocido como Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío de Madrid). Durante la llamada guerra de la Independencia, Goya irá reuniendo un conjunto inigualado de estampas que reflejan en todo su absurdo horror la sañuda criminalidad de la contienda. Son los llamados Desastres de la guerra, un grito contra toda forma de guerra o tortura, cuyo valor no radica exclusivamente en ser reflejo de unos acontecimientos atroces sino que alcanza un grado de universalidad asombroso y trasciende lo anecdótico de una época para convertirse en ejemplo y símbolo, en auténtico revulsivo, de la más cruel de las prácticas humanas. En 1824, harto del absolutismo del rey Fernando VII, se traslada a Burdeos, Francia, donde muere, el 16 de abril de 1828, a los ochenta y dos años.

NOTA: El disulfuro de carbono (CS2) es una sustancia especialmente lipofílica y que, por tanto, afecta a los tejidos ricos en lípidos, tales como la mielina (de ahí los signos de afectación del sistema nervioso) y la pared vascular (lo que incrementa la placa de ateroma y facilita la hipertensión y cardiopatía isquémica coronaria). La exposición al CS2 está asociada, especialmente, con un incremento del riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular. Por esta última causa es muy importante hacer recomendaciones dietéticas e incluir a todos los expuestos en programas de aumento del ejercicio físico.

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