¿Hacia un Nuevo Ludismo?

¿Hacia un Nuevo Ludismo?

El movimiento social que conocemos como ludismo se atribuye a Ned Ludd, mítico tejedor que en 1779 presento la primera revolución con acciones violentas en la destrucción de máquinas de la nueva industria textil [1]
4 Julio 2016

Su caracterización principal fue la deriva de esta violencia contra objetos (el telar mecánico expulsaba del sistema a los telares tradicionales y con ello reducía drásticamente el número de operarios encargados de atenderlos)… aunque posteriormente este contagio de anti nuevas tecnologías, alcanzo a las prístinas trilladoras que empezaban a aparecer en la mecanización del campo.
 
La violencia se centró en las máquinas y no en las personas. Este movimiento de ataques contra los artefactos fue reprimido por el gobierno y una treintena de luditas acabaron, desgraciadamente, en la horca.  El movimiento no ceso hasta que una nueva etapa de prosperidad económica rebajo la tensión en la década de 1820-30.

Si bien ese movimiento obrero, como se puede entender, era en origen generado por los trabajadores en su mayoría cualificados, operadores, artesanos y pequeños empresarios, que veían peligrar y  temían por sus puestos de trabajo al ser estos mecanizados, fueron estos “antimaquinistas” los que dieron sentido y forma a la revuelta, aunque también participaron de esta convulsión una serie de pequeños propietarios que vieron como el sistema los excluía, esta vez por falta de acceso a los recursos económicos necesarios para adquirir las nuevas herramientas mecanizadas.

Hoy nos encontramos de nuevo en una versión moderna de la pérdida masiva de puestos de trabajo, caracterizado el ataque esta vez por los Robots, el internet de las cosas, los vehículos autónomos, la generalización de la automatización merced al aprendizaje automático (machine learning), los nanomateriales, las impresoras 3D.
 
A poco que ahondemos en el proceso actual de esta neomecanización, observamos capas superpuestas  y que nos recuerdan por su similitud a las del siglo XIX en, por ejemplo, la rebelión de taxistas contra Uber, los hoteleros contra Airbnb, o en el transporte de personas por carretera contra BlaBlacar… y todas, de una u otra forma, inmersas en lo que hemos dado en llamar nuevos modelos de negocio, incluyendo formas de economía-organización colaborativa, que han irrumpido e irán surgiendo y cristalizando en otras relaciones socioeconómicas innovadoras y por consiguiente amenazadoras contra el status quo.

Todos estos nuevos modelos de negocio, que parece que han llegado para quedarse, abren nuevos retos o problemas, elija usted el epíteto, por ejemplo al no medirse su producción (en términos de impacto en el PIB), al no estar definida su ubicación y planteando serios retos todavía sin resolver sobre la fiscalidad que conllevan. O, si quiere otro punto de reflexión, como los asalariados son despedidos, el denominado desempleo tecnológico2, y  la alternativa que se les plantea es única… convertirse en autónomos, tal vez estemos en la antesala de la empresa del futuro de n=1, que podría definirse como “menos empresa y más empresarios”.

Las formas de oponerse a las nuevas relaciones económicas y a la corporización de nuevas estructuras organizativas de producción, de servicios… en breve de productos, parece que han sido amortiguadas, de momento, por un proceso en el cual las bondades se han impuesto a los inconvenientes. Este proceso tendría como principales soportes recurrentes, por un lado, la teoría económica y, por otro lado la experiencia vivida tras la Revolución Industrial3.

El principal postulado de la teoría económica, sustentado por el análisis de las curvas de oferta y demanda agregadas, mantiene la hipótesis de la existencia de incrementos de la demanda por la disminución de precios, consecuencia de los menores costes de la producción automatizada; este aumento de la demanda de bienes y servicios tendría como secuela un aumento de la demanda de trabajo. Sí, a largo plazo, la elasticidad de la demanda agregada es exactamente la unidad, el único efecto apreciable sería un desplazamiento de trabajos, de sectores con demanda inelástica a sectores con demanda elástica.

El argumento de la experiencia, remite a lo ocurrido tras la Revolución Industrial, pasado un período de ajuste, los mayores beneficiados fueron precisamente los trabajadores que experimentaron un aumento sin precedentes de su estándar de vida y bienestar.

Si bien porque los plazos de ajuste pueden ser más prolongados que en el pasado, o bien porque durante esos plazos se producen numerosas innovaciones, no permitiendo que los mercados lleguen a un punto de equilibrio, no se resolverá el nudo de la tensión “antimaquinista”. Esta tensión se ira transmitiendo exponencialmente a los movimientos sociales, si no somos capaces de dar solución al problema este se enquistará y esas supuestas bondades simplemente no aparecerán o se desvanecerán con rapidez. 

De momento, lo que estamos observando es la destrucción sistemática y masiva de empleo asalariado clásico, que se propaga a mucha mayor velocidad que la aparición de nuevas profesiones escasas en número, de nuevos micro nichos de empleo que aparecen de forma anecdótica con dedicación a tiempo parcial, y aunque estas nuevas profesiones tengan impacto mediático, resultan insuficientes para contener los millones de puestos de trabajo que están desapareciendo. Si el estudio de la historia, lo experimentado tras la Revolución Industrial, puede ser útil para el análisis, nada garantiza que sus procesos vuelvan a materializarse.

Y mientras tanto...

Estamos paralizados y perplejos, nos atreveríamos a  decir catatónicos, ante este futuro incierto que garabatea en el horizonte expectativas atractivas –virtuales- y se oferta como halagüeño y cargado de ilusiones; pero mientras, en la cotidianidad, los puestos menos cualificados son literalmente engullidos (desaparecen y no vuelven aflorar), ocurriendo algo similar con puestos cualificados e incluso ejecutivos4 , y para abrir la reflexión deberíamos pensar que empleos altamente cualificados también están sometidos a la misma tensión superficial, y solo por las habilidades de sus propietarios, su alta preparación y las acomodaciones de estos trabajadores dan la falsa sensación de que no llevan la misma velocidad en la desaparición… o al menos fingen que son rediseñados y no destruidos.

Esta pinza anti empleo, que si no lo evitamos podría generar un ludismo 2.0, genera desempleo masivo, y como acabamos de recordar no abraza solo a tareas laborales de bajo contenido, si no que ataca a todos los núcleos de la cadena de producción y por consiguiente reduce a la mínima expresión los puestos de trabajo que hasta hace poco años parecían perennes… 

Si el ludismo original estaba impulsado por trabajadores cualificados y artesanos, los puestos de trabajo amenazados hoy en día no lo son menos, operadores y conductores, personal de producción, oficiales administrativos, comerciales, e incluso directivos. Hay quienes apuntan la posible automatización de ciertas tareas judiciales5, concretamente del trabajo de jueces en tribunales para decidir sobre la libertad condicional de los presos.

Aunque supusiéramos una sociedad hipercientífica, ingenieril, matemática, informática… el trabajo para satisfacer las necesidades actuales podrá alcanzar a una población, propongamos por elevación, como la europea de 500 millones… la pregunta es evidente ¿qué hacemos con el resto de población mundial en edad laboral que es sustituida por las máquinas inteligentes? Se abre un abanico de acciones no sólo por desarrollar... si no incluso por imaginar. 

Podríamos argumentar la necesidad de una renta universal como antídoto para contener este desajuste de perdida de asalariados, tal vez la reducción drástica de las horas de trabajo, o la dosis de trabajo a lo largo de la vida, u otra opciones, pero el tiempo de actuar es el mismo que tenemos para la llegada de la industria 4.0, y está ya convive con nosotros, mientras que las medidas duermen, queremos ser bien pensados,  en el laboratorio de gobernantes.

Ahora bien, téngase en cuenta que la adopción de una renta universal precisaría de antemano la disponibilidad de medidas, tanto de producción como de fiscalidad, que permitiesen redistribuir las rentas. Piense, por ejemplo, en el buscador que usted utiliza en su navegador y que obviamente le presta un servicio valioso: ¿en cuánto habría que valorarlo?, ¿qué fiscalidad habría que aplicar?, ¿dónde, cómo, cuándo se devengaría?, ¿y los impuestos sobre el valor añadido?, ¿y, si lo que se busca es una foto, una canción o un video?

Otra línea argumental que ya hemos avanzado en otros artículos, es la de generar nuevas necesidades… centrarnos en buscar retos para la humanidad que requieran de esfuerzos colectivo, ya sea en salud, longevidad, desplazamientos a otros planetas… pero el problema subsiste para un planeta que espera muy pronto llegar a los 10.000 millones de personas.

Y, ¿qué se podría hacer desde la Administración y desde la Empresa para frenar el ludismo? En nuestra opinión, una parte de la respuesta se encuentra de nuevo en el análisis del pasado. Siguiendo la línea argumental del profesor Bessen6 de la Universidad de Boston: la invención, el artefacto, era sólo una parte de la tecnología, para que esta funcionase correctamente era necesario que trabajadores capacitados la implementasen, la cuidasen y la supervisasen. Estos nuevos trabajadores eran mucho más importantes que la invención, cuyos fallos de implementación hicieron quebrar a no pocas grandes empresas7.

La respuesta pasaría por lo tanto por la Educación, concretamente por el aprendizaje que se adquiere al desarrollar una tarea, aprendizaje que puede adquirirse en centros de enseñanza y en empresas y, probablemente con más éxito, en centros en que operen bajo un sistema dual de centro educativo y empresa.

Pero como decíamos esta es sólo una parte de la respuesta, en lo que la historia no puede ayudarnos es en los contenidos de este aprendizaje, el tipo de capacitación, que debe ser acorde con las tecnologías de hoy en día, y los desarrollos previsibles de las mismas. De momento son tres las capacitaciones que parecen resistir el avance de las máquinas, aquellas que requieren Creatividad, Inteligencia Social, y Percepción y Manipulación8. El tiempo dará y quitará razones.

Pero, ¿estamos dispuestos los humanos a dejar que sean máquinas quienes juzguen nuestras conductas? ¿dejarán las máquinas que ocupemos el papel de supervisores de su Artifical Inteligencia?

Referencias:

  • Autor, David H. (2015). Why Are There Still So Many Jobs? The History and Future of Workplace Automation. Journal of Economic Perspectives, 29(3), 3-30. 
  • Bean, Sir Charles. (2016). Independent Review of UK Economic Statistics.
  • Bessen, James. (2015). Learning by doing : the real connection between innovation, wages, and wealth: Yale University Press.
  • Brynjolfsson, Erik, & McAfee, Andrew. (2014). The second machine age: Work, progress, and prosperity in a time of brilliant technologies: W.W. Norton & Company, Inc.
  • Danziger, Shai, Levav, Jonathan, & Avnaim-Pesso, Liora. (2011). Extraneous factors in judicial decisions. Proceedings of the National Academy of Sciences, 108(17), 6889-6892. 
  • Frey, Carl Benedikt, & Osborne, Michael A. (2013). The future of employment. How susceptible are jobs to computerisation. Paper for the Oxford University Engineering Sciences Deparment and the Oxford Martin Programme on the Impacts of Future Technology Workshop on ‘Machines and Employment.
  • Zevin, Robert Brook. (1965). The Growth of Manufacturing in Early Nineteenth-Century New England. The Journal of Economic History, 25(4), 680-682.
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