Soldadoras de acetileno, 1917 Christopher Richard Wynne Nevinson (1889-1946) Litografía, Tate Collection

Soldadoras de acetileno, 1917 Christopher Richard Wynne Nevinson (1889-1946) Litografía, Tate Collection

Esta litografía “Soldadoras de acetileno” formó parte significativa de la iconografía bélica durante la Primera Guerra Mundial. La imagen recalcaba el esfuerzo de aquellas mujeres que estuvieron dedicadas al desarrollo de la maquinaría bélica.
25 Junio 2013

En esta estilizada imagen, una trabajadora se encuentra frente a un imponente banco de madera que contiene todos los componentes de la soldadura. La mujer más cercana a nosotros sostiene una varilla de soldar en su mano derecha. Detrás del banco, una botella de gas que actúa como el límite de la escena, indica el tipo de soldadura que se lleva a cabo (de acetileno, lo que da nombre a la litografía).

Una segunda trabajadora (una imagen en espejo de la primera) utiliza su mano izquierda, dando simetría a la composición. La luz emitida por el proceso de soldadura crea un efecto de claroscuro, que acentúa las características de las trabajadoras y crea una humeante silueta que se proyecta en la pared de ladrillo posterior. Las trabajadoras usan gafas de soldador y delantales, y llevan el cabello recogido con un pañuelo. Las manos y antebrazos están desnudos, no vemos extractores de humos y la botella de gas no parece estar fija. Incluso se sugiere que la trabajadora que se encuentra más cercana al espectador podría estar embarazada. La imagen confirma la importancia del trabajo de la mujer al esfuerzo de la guerra, y demuestra la grácil desenvoltura con la que enseguida asumió ocupaciones tradicionalmente masculinas, conservando al mismo tiempo su papel de madre.

La imagen es parte de una serie llamada “La Gran Guerra: esfuerzos e ideales de Gran Bretaña”, encargada durante la Primera Guerra Mundial por la Oficina de Información en torno a nueve epígrafes: el trabajo de los soldados y marineros, la construcción de armas, barcos y aeronaves, el transporte marítimo, el trabajo de la mujer, el trabajo en la agricultura, y la atención a los heridos. Doce artistas hicieron impresiones de los "ideales" y nueve artistas (incluyendo a Nevinson) representaron los "esfuerzos".

Sus “soldadoras de acetileno” son una de las seis imágenes que creó para la sección “Construcción de aeronaves”, donde muestra el proceso de fabricación de los componentes y el ensamblaje final del aparato, listo para volar. El Gobierno británico realizó una exposición de las litografías en las Galerías Seligman de Nueva York en marzo de 1918 para recaudar fondos para las familias sin recursos de los artistas franceses muertos o mutilados durante la Gran Guerra.

Charles Richard Wynne Nevinson nació el 13 de agosto de 1889 en Hampstead, Inglaterra. Estudió junto a Paul Nash, Ben Nicholson y Stanley Spencer, y formó parte de la escuela “futurista” en Gran Bretaña. Aunque fueron, sin embargo, sus imágenes de la Gran Guerra, basadas en sus experiencias como conductor de ambulancias en el cuerpo médico del ejército en el frente occidental, lo que le ha hecho ganar una reputación duradera. Nevinson se alistó en agosto de 1914, siendo dado de baja dos años más tarde como consecuencia del padecimiento de fiebre reumática. Ese mismo año realizó una exposición en las Galerías Leicester de Londres, donde las interpretaciones cubo-futuristas de la brutal realidad de la guerra de trincheras fueron unánimemente aclamadas y llamaron la atención de Charles Masterman, el entonces jefe de la Oficina de Propaganda de Guerra del gobierno. En 1917, ya recuperado, fue enviado de nuevo al frente occidental, donde pintó otras 60 imágenes, que todavía hoy siguen despertando un gran interés (Senderos de gloria, La metralleta, La explosión de un obús, Tropas en descanso, La crudeza de la batalla, entre las más significativas). Está considerado el primer artista en representar con auténtico realismo lo que estaba sucediendo en el frente occidental, y aunque no era un pacifista convencido, su cercana visión de los horrores de la guerra le llevó a enfatizar el coste humano de la contienda. Poco dispuesto a mostrar la violencia física y la truculencia de la guerra, se concentró en cambio en los efectos deshumanizantes del reglamento, el hastío de los combatientes y la miseria que les rodea.

Christopher Nevinson falleció de un infarto de miocardio el 7 de octubre de 1946, en Hampstead, Inglaterra.

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