La protección de la salud respiratoria: ¿cuáles deberían ser los componentes de un programa de protección respiratoria efectivo? Graveling R et al. Am Occup Hyg, vol 55, nº 3, pp. 230-238, 2011

La protección de la salud respiratoria: ¿cuáles deberían ser los componentes de un programa de protección respiratoria efectivo? Graveling R et al. Am Occup Hyg, vol 55, nº 3, pp. 230-238, 2011

Un trabajo sobre el mal uso y las actitudes negativas en cuanto a los equipos de protección respiratoria. Se ha hecho en sectores expuestos a sílice y se centra en los equipos de protección respiratoria, aunque es extrapolable a cualquier equipo de protección personal.
4 Julio 2014

Introducción

Tras un análisis previo de los equipos de protección respiratoria (EPR) en sectores expuestos a polvo de sílice cristalina, tales como el sector del ladrillo y las canteras de piedra y granito, se llegó a la conclusión del uso inadecuado de dichos equipos; en una escala de 1 a 5, que oscilaba entre muy mala a muy buena, en la mayoría de las empresas visitadas el nivel con respecto al uso de los EPR fue de 2, es decir, mala. Esto nos ha llevado a plantear cuales son los puntos claves para llevar a cabo un programa de protección respiratoria adecuado con el objetivo final de ayudar a proteger la salud de los trabajadores.

Metodología

El propósito de este estudio fue revisar las evidencias científicas sobre los equipos de protección respiratoria (EPR) y el comportamiento y actitudes en cuanto a su uso por parte de los trabajadores, con la finalidad de considerar los puntos básicos para un programa efectivo de EPR. Aunque el énfasis se centró en la protección respiratoria, el estudio incluyó a todos los equipos de protección personal (EPIs) -guantes, monos de trabajo, calzado apropiado, etc.- por lo que los resultados del estudio son extrapolables a todos los EPIs.

Los conocimientos que condujeron a las recomendaciones que se citan al final de este trabajo se basaron en una combinación de cinco fuentes. En primer lugar se procedió a buscar y examinar la literatura científica sobre el uso de los EPR; en segundo lugar, el Institute of Occupational Medicine (IOM) de Edimburgo (Reino Unido) buscó los informes de los últimos 40 años relacionados con el tema; en tercer lugar, se hizo una sistemática revisión de los informes de clientes que consultaron sus dudas sobre el tema en un periodo de dos años (2006-2008); en cuarto lugar, puesto que como no toda la información relacionada con los EPR está documentada, se llevó a cabo una serie de entrevistas con consultores de la IOM con gran experiencia práctica en los usos de los EPR en una amplia variedad de contextos y, por último, como quinta fuente, se realizó un workshop para analizar toda la información reunida, y al que acudió personal del IOM y del British Health and Safety Executive (HSE), que compiló y resumió la información total en los puntos que se citan al final del presente trabajo.

Resultados

El análisis de la información desveló varios elementos claves en relación al mal uso de los equipos de protección respiratoria. Esencialmente se centran, por una parte, en la Dirección-Gerencia y por otra, en los trabajadores. En lo que respecta a la primera, el estudio reveló que la mayoría de las direccionesgerencias habían hecho una apropiada selección del EPR en relación con el riesgo involucrado pero, lamentablemente, su implicación se había detenido en este punto. En otras palabras, existe la tendencia por parte de la direccióngerencia de sentir que han descargado sus obligaciones por el hecho de decir a sus empleados que usen los EPR y que cualquier subsecuente fallo es únicamente responsabilidad del trabajador (no preocupándose, por ejemplo, en saber si existen reservas de equipos suficientes para reemplazar a los deteriorados o si la formación del trabajador con respecto al equipo de protección respiratoria que se le suministraba era la adecuada). El segundo elemento clave en el mal uso de los EPR tiene que ver con la deficiente percepción del riesgo de los trabajadores (se observó, por ejemplo, que muchos trabajadores veteranos no consideraban los riesgos del asbesto demasiado serios; la ausencia de efectos agudos inmediatos, el periodo largo de latencia, y la variabilidad individual que hace que algunos empleados expuestos a relativamente altos niveles no desarrollen asbestosis -y que les dota de un cierto halo de inmunidad- genera actitudes y creencias erróneas con relación a los equipos de protección respiratoria). Por si fuese poco, esta falta de percepción del riesgo entre los veteranos se traslada en muchos casos a los más jóvenes, generando uno de los mayores desafíos a los que debemos enfrentarnos.

Discusión

Hemos identificado los elementos claves en relación al mal uso de los equipos de protección respiratoria (EPR) y hemos formulado una serie de recomendaciones para que el éxito de un programa de control efecti vo del riesgo en base a los EPR tenga lugar. Dichas recomendaciones conciernen tanto a la dirección como al trabajador.

Con respecto a la primera, el papel de la dirección-gerencia es fundamental en reconocer la necesidad de los EPR. Sólo a partir de entonces cualquier enfoque sobre el papel del empleado en el uso del EPR, se puede hacer viable.

El consenso general que emerge de este trabajo es el papel esencial que tiene la dirección en desarrollar una estrategia que tenga tres componentes claves: tener conciencia del peligro, uso de los EPR adecuados y formación de los empleados en dichos equipos. A menos que la dirección apoye tales medidas, tiene muy poco valor (por no decir ninguno) abordar cuestiones tales como la perdurabilidad en el uso de cualquier EPI. Así pues, para proceder a la introducción de un programa como éste, se debe partir del pleno convencimiento de que estas recomendaciones son esenciales:

1ª La dirección, a todos los niveles, debe tener conciencia del peligro y reconocer la necesidad de los equipos de protección respiratoria (EPR).

Es importante que aquellos con responsabilidades de dirección sean conscientes de los riesgos involucrados en cualquier proceso, conozcan las posibles consecuencias de la exposición, y reconozcan el papel que un EPR adecuadamente seleccionado y correctamente usado puede jugar en controlar dicho riesgo. Todos estos elementos son fundamentales para el éxito de un programa de uso de los EPE.

1.a) EPR apropiado desde el punto de vista técnico y ergonómico: obviamente cualquier EPR debe ser técnicamente apropiado para el riesgo en cuestión (el técnico de prevención debe valorar la oferta en el mercado, debe claramente comunicar para qué sirve y para qué no sirve un EPR) y debe cumplir con todos los aspectos ergonómicos (los sistemas que ofrecen mayor protección son a menudo de uso poco confortable; la importancia del confort de cualquier EPR no debería ser subestimada. Incluso donde la necesidad del EPR ha sido reconocida y aceptada, allí todavía pueden ser renuentes a utilizar tales equipos si son vistos como poco confortables). Este último apartado es uno de los factores que más afectan a la perdurabilidad en el uso del EPR. Las causas alegadas más frecuentemente en relación con ese discomfort son que les da mucho calor, que tienen dificultad para respirar a consecuencia del reducido flujo de aire que entra, que ejerce mucha presión sobre el rostro, que pesa mucho y que es de gran tamaño, que les lleva mucho tiempo colocárselo y, finalmente, que les ocasiona dificultad para comunicarse entre ellos. Por esta razón, los EPR deben adaptarse al individuo, siendo seleccionados según las características morfológicas individuales del trabajador (forma de la cara, longitud del cabello, uso o no de gafas, si tiene alergia o no al material de que está hecho el equipo, etc.). Así pues no es admisible un EPR que, por no estar suficientemente adaptado al individuo, genere situaciones de riesgo.

1.b) EPR compatible con otros equipos de protección personal: es importante reconocer que un EPR podría interferir con otros equipos de protección personal (por ejemplo con los protectores oculares, protectores auditivos o el casco) y, como resultado conducir a un uso incorrecto de tales equipos. Por ello, todos los EPIs deben adaptarse a la normativa de la Unión Europea en relación con la fabricación (89/686/CCE) y uso (89/656/CEE) de dichos equipos de protección personal. Así pues, este segundo punto hace hincapié en que ningún programa de protección respiratoria debe ser introducido aisladamente, sin la consideración de los otros riesgos que suceden en el lugar de trabajo y los requerimientos protectores que ellos engendran.

1.c) La dirección debe adoptar las medidas adecuadas para la gestión/organización de los equipos de protección respiratoria (debe haber equipos suficientes, deben estar disponibles en el almacén otros de recambio y deben ser fáciles de conseguir), y debe adoptar las medidas adecuadas para la limpieza, mantenimiento y almacenamiento del EPR. Si esto no se lleva a cabo, cualquier esfuerzo para asegurar la perdurabilidad del uso de los EPR será una quimera.

1.d) La dirección debe asegurar la formación adecuada en la correcta adaptación y uso de los equipos de protección respiratoria por parte de los empleados. En los estudios realizados se observó que no era inusual que los empleados no tuviesen ninguna experiencia con los EPR y que ningún esfuerzo hubiese sido hecho por la dirección para asegurar que conociesen razonablemente los equipos que les habían aportado.

2ª La segunda recomendación para mejorar el uso de los EPR por parte del trabajador, se debe centrar en la mejora de la formación para enfatizar la conciencia del peligro y la percepción del riesgo por parte del trabajador.

El mayor determinante para el uso de un EPR es el conocimiento por parte de los empleados del riesgo de exposición y de los peligros asociados con las sustancias contra las que están siendo protegidos. Es pues el convencimiento a través de la formación lo adecuado, ya que los trabajadores estarán más predispuestos a responder mejor. Por ejemplo, entre los trabajadores sanitarios, la alta percepción del riesgo hace que sean mucho más receptivos a ponerse los equipos de protección respiratoria. Así pues, apropiadamente conducida, la formación para concienciar del peligro y percibir el riesgo debería aportar una oportunidad para abordar arraigadas actitudes erróneas que engendran una desproporcionada baja percepción del riesgo y, consecuentemente, generan el consiguiente antagonismo en usar un EPR.

Resumen

En suma, estas recomendaciones están destinadas a aunar esfuerzos para asegurar que la dirección selecciona el tipo adecuado de EPR, que su empleo es efectivo, que existe una adecuada provisión de tales equipos y que, finalmente, el trabajador tiene una percepción del riesgo adecuada; todo ello con el objetivo final de ayudar a proteger la salud respiratoria de los trabajadores.

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