Huracán Katrina: una tragedia americana

Huracán Katrina: una tragedia americana

El 29 de agosto del 2005 Nueva Orleans sufrió un huracán conocido como Katrina. El gobierno federal norteamericano distribuyó miles de caravanas a los afectados que habían perdido su hogar, pero la mala calidad del material generó elevadas emisiones de formaldehido.
4 Abril 2014

El huracán Katrina comenzó como una tormenta en el Atlántico occidental, y el lunes, 29 de agosto de 2005, tocó tierra en Florida como un huracán de categoría 1; pero, en su avance hacia el norte, se fortaleció para convertirse, de forma muy rápida, en un huracán de máxima categoría 5 sobre Nueva Orleans, una ciudad situada por debajo del nivel del mar. La tormenta trajo consigo olas de casi cuatro metros de altura en el ojo del huracán, con ráfagas de viento de 344 km/h en el cenit de la tormenta que soplaban hacia el sur, en dirección a las costas del Lago Portchartrain. Los diques adyacentes al lago que protegían la ciudad cedieron, inundándola hasta en el 80% de su extensión y con una profundidad en algunos sitios de hasta 8 metros.

La negligencia y el abandono que tuvo lugar a continuación fueron estremecedoramente desalentadores. Las personas inmovilizadas y enfermas y los residentes sin recursos, fueron literalmente abandonados. Los servicios esenciales fallaron. El rescate se llevó a cabo con una total falta de seguimiento y reubicación. Sólo después de la intervención militar la situación comenzó, lentamente, a mejorar. Pero, menos de un mes más tarde, el 24 de septiembre, el huracán Rita, una tormenta mucho más fuerte, hizo acto de presencia.

Rita provocó nuevos desplazamientos y perturbaciones en Texas, donde las medidas de evacuación, realizadas en condiciones casi ideales, demostraron ser totalmente inadecuadas.

Las inundaciones suelen ocultar más de lo que revelan. El huracán Katrina fue una excepción.

Reveló verdades acerca de la gestión sobre los desastres en los Estados Unidos que, hasta ese momento, habían estado camufladas. En primer lugar, reveló que los desastres naturales y las crisis de salud pública son tan peligrosos para la seguridad nacional como los ataques terroristas intencionales. Toda una región que ha desempeñado un papel vital en la economía estadounidense y un papel único en la cultura del país, se paralizó. Durante el Katrina y Rita, aproximadamente el 19% de la capacidad de refino del petróleo de la nación y un 25% de su capacidad de producción dejó de estar disponible. El país perdió temporalmente el 13% de su capacidad de gas natural. En conjunto, las tormentas destruyeron 113 plataformas petrolíferas y de gas. El puerto de Nueva Orleans, el principal centro de transporte de carga del sureste, se cerró a las operaciones. Y todo esto puso de manifiesto que la agencia federal para el manejo de emergencias -FEMA-, diseñada para proteger a todos los estadounidenses, era absolutamente incompetente.

Además, el Katrina hizo otra revelación: puso al descubierto el grado de marginalidad de la región del Golfo en relación con la economía estadounidense, a pesar de la riqueza que pasa a través de ella. La propia Nueva Orleans era, en general, una ciudad pobre, y lo sigue siendo. Y esta pobreza reveló la gran brecha que existe entre aquellas personas que carecen de recursos y las que los poseen. Los que carecían de recursos y no podían valerse por sí mismos -especialmente por inmovilidad y mala salud-, fueron literalmente abandonados. La peor catástrofe de gestión humanitaria de los Estados Unidos contabilizó 1836 víctimas, la mayoría, pobres y desahuciados. Que esto no fuese intencionado, no lo hace más aceptable.

Sin embargo, el honor en esta deshonrosa historia vino de los profesionales que integraban los equipos de rescate, los de los hospitales, los de salud pública y los de medicina del trabajo. Los equipos de rescate asumieron riesgos personales -jugándose la vida en muchos casos- para salvar a los ciudadanos atrapados en Nueva Orleáns, y los responsables de salud pública rápidamente identificaron y documentaron los riesgos de contaminación del agua (se produjo un importante brote de gastroenteritis por norovirus) y advirtieron y controlaron los riesgos del monóxido de carbono de los generadores portátiles. Además, el colegio americano de salud ocupacional y ambiental funcionó como un centro neurálgico de información y actuación, facilitando que todo el personal ayudase de forma coordinada a reintegrar al trabajo a la fuerza laboral de la forma más rápida y segura posible, para acelerar la recuperación económica y la reconstrucción; incluso todas las clínicas de salud laboral con sus médicos y enfermeras, trataron a los heridos afectados en colaboración con los profesionales de los hospitales, evitando el colapso hospitalario. De este modo, el Katrina sirvió para demostrar que la experiencia diaria con lo cotidiano de los profesionales de la medicina del trabajo, desempeña un papel fundamental en el tratamiento de lo extraordinario.

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