Renoir y la severa artritis que padeció

Renoir y la severa artritis que padeció

Un poco de historia, arte y toxicología
28 Julio 2017

La artritis reumatoide es una enfermedad crónica que causa inflamación de las articulaciones y tejidos circundantes y es la más incapacitante de las enfermedades reumáticas. Tiene componentes tanto genéticos como ambientales (entre estos últimos figura el tabaco -el más importante ya que multiplica por 15 el riesgo de desarrollar artritis reumatoide en aquellos pacientes genéticamente propensos- y la exposición a polvo de sílice). Los síntomas más destacados son dolor, rigidez, hinchazón y pérdida de la movilidad articular, y afecta especialmente a las articulaciones más móviles como las de las manos y los pies, así como muñecas, hombros, codos, caderas y rodillas. La inflamación mantenida y no controlada puede acabar dañando los huesos, ligamentos y tendones, lo cual conduce a una deformidad progresiva de las articulaciones que limita al paciente para realizar las tareas cotidianas.

Un caso extremo de artritis reumatoide fue la padecida por el gran pintor impresionista Auguste Renoir, nacido en Limoges el 25 de febrero de 1841. La enfermedad comenzó bruscamente en diciembre de 1888 (a los 47 años), tras padecer un “ataque de reumatismo y parálisis facial”, según cuenta el mismo en una carta que todavía se conserva. A partir de ahí comenzó a sentir dolores y limitación de la movilidad de ambos hombros y otras articulaciones.

En la primera imagen que se adjunta, en 1896, a los 55 años, se observa la hinchazón simétrica de las articulaciones metacarpofalángicas; en la de 1903, a los 62 años, ya muestra las manos deformadas (aunque a pesar de las evidentes dificultades, todavía sujeta su inseparable cigarrillo). A partir de entonces se observa, año tras año, un importante deterioro físico, que se manifiesta en sus articulaciones cada vez más deformadas y en su cara demacrada. La segunda imagen muestra la gran agresividad de la artritis, con una desviación cubital de sus manos, la posición en flexo de los dedos y la anquilosis de la muñeca. La deformidad era tan intensa que le impedía coger los pinceles con firmeza y el roce con su piel adelgazada y atrófica le ocasionaba heridas, de manera que tenían que vendárselas para trabajar. Como también tenía limitada la movilidad de los hombros, se hizo construir un caballete con una serie de poleas que movían el lienzo para así poder alcanzar los lugares deseados. La afectación de las rodillas le impedía caminar y en sus doce últimos años de vida precisó usar silla de ruedas. Finalmente, el pintor de la belleza, de la sensualidad y de las tonalidades cálidas en su paleta, falleció en su finca de Cilletes, cerca de Cannes (Costa Azul), el 2 de diciembre de 1919, a los 78 años de edad.

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