La persona pegada a su discurso.

La persona pegada a su discurso.

Inteligencia, flexibilidad y distanciamiento psicológico. ¿Capacidad de aprendizaje psicosocial en nuestras organizaciones?
15 Marzo 2015

¿A cuantas personas conocemos que son incapaces de reconocer sus errores?. En alguna ocasión, ¿actuamos nosotros como personas pegadas a su discurso?. Muchas veces nos resulta imposible entender los pensamientos, las emociones y las conductas de los otros. Pero, ¿somos capaces de entender las nuestras?. ¿Vivimos aferrados a un discurso en varias ocasiones ya obsoleto?. Que duda cabe que si consideramos estas interrogantes hemos empezado a interiorizar un aspecto, en mi opinión, importante en la relación con los otros y con nosotros mismos en nuestras organizaciones. A lo que me gusta definir como inter e intra relación psicológica organizacional. Desde la esperanza de que el futuro nos deparará acontecimientos positivos para nuestras vidas personales y profesionales, tenemos un camino cuanto menos lleno de interrogantes. Incógnitas que dependerán en buena medida de nuestra capacidad de aprendizaje en general, y psicosocial en particular. A mi juicio, tres aspectos a destacar en este aprendizaje “psico-relacional” en nuestras organizaciones lo encontramos en la influencia que tiene en nosotros los acontecimientos en los que nos vemos sumergidos y las destrezas (psicosociales) con las que nos enfrentamos. Goleman prestó gran interés en lo que conocemos y él mismo denominó inteligencia emocional, es decir el manejo y regulación de nuestras emociones y su relación con las de los demás. Pero no fue el único que en la década de los 90 entendía este tipo de inteligencia como clave de éxito en nuestras vidas personales y profesionales. Salovey y Mayer la incluían como cuatro componentes emocionales básicos.

Identificar correctamente nuestras propias emociones y las de los demás y situarlas en el contexto preciso, sería el primer factor clave a la hora de entender que las emociones tienden a interrelacionarse. La persona pegada a su discurso obvia esta cuestión. La segunda dimensión que citan los autores es la facilidad en el procesamiento de la información procedente de la percepción. Y es que no podemos olvidar que la forma en que procesemos la información dependerá de la percepción de la situación en la que nos encontremos y de las emociones que nos suscite. A una persona pegada a su discurso, probablemente, le mueva más el corazón que la razón. Si somos capaces de diferenciar emociones (las propias y ajenas) seremos capaces de categorizar de manera adecuada. Este tercer factor nos enseña a discernir y controlar su existencia. Para la persona pegada a su discurso no existe más emoción que la suya. Por último, y en mi opinión la más importante, la reflexión sobre el por qué de dichas emociones, evidentemente las nuestras, las de los demás y su interrelación organizacional. Huelga decir que la persona pegada a su discurso no posee esta habilidad, y además no está dispuesta a adquirirla.

Si somos capaces de entender esta cuestión emocional nos resultará relativamente sencillo adquirir destrezas enfocadas a la flexibilidad psicológica. Entender que del pasado adquirimos experiencias y que el futuro nos debe servir para corregir “deslices”, nos lleva al presente del aquí y ahora. Reconocer nuestros pensamientos y emociones nos ayudará a dibujar un futuro en función de las demandas del contexto organizacional. No podemos ser esclavos de nuestro pasado ni de un pesimismo futurista. Debemos trabajar por una apertura mental que nos dé diferentes posibilidades de acción. Les propongo que se planteen una “tormenta de ideas”. Sobra decir que la persona pegada a su discurso se fundamenta, precisamente en su pasado y de este idealiza su futuro. De la misma forma este nuestro protagonista, no ha oído ni quiere oír sobre la posibilidad de desconexión psicológica de sus quehaceres diarios y reflexionar sobre estas cuestiones. Pensar, sentir emociones y programar nuestras acciones coherentes con una atención plena a lo que vivimos en el presente nos hace situarnos en una línea definitoria entre lo que somos y deseamos ser a nivel personal y profesional desde el punto de vista psicosocial. El optimismo previamente reflexionado nos hará entender que hay un camino que todo aquel que no sea una persona pegada a su discurso deberá recorrer si lo que pretende es evolucionar y desarrollarse tanto en su vida personal como profesional.

Fco. Javier Herrán Gamarra

Psicólogo del trabajo. Seguridad y Salud Ocupacional.

Referencias bibliográficas

  • Goleman, D. (1998). Working with emocional intelligence. Nueva York, NY: Bantam Books.
  • Salovey, P. y Mayer, J. D. (1990). Emotional intelligence. Imagination, Cognition and Personality, 9, 185-211

Para citar este artículo:

- Herrán Gamarra, Fco. Javier. (2015, 15 de Marzo). “La persona pegada a su discurso”. www.prevencionintegral.com. Disponible en http://www.prevencionintegral.com/comunidad/blog/psicoprevencioncom

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