La Economía Circular se ve reafirmada por el concepto “SMART”

La Economía Circular se ve reafirmada por el concepto “SMART”

En la anterior entrada al Blog “Hacia un Mundo Sostenible” se comentó la estrecha relación existente entre el concepto “Smart” y la práctica de los principios de la Economía Circular en el ámbito urbano, agrícola y alimentario. En esta ocasión, se analizan los efectos de esta simbiosis en el entorno de la industria, la energía, la movilidad, el trabajo, el medio ambiente y la gobernanza.
4 Febrero 2018

SMART INDUSTRY

La industria manufacturera es una fase clave en el ciclo de vida de las materias primas, que comienza con la extracción de los recursos naturales, y termina con su disposición final. En términos de utilización de recursos, el sector es responsable de aproximadamente el 35% del consumo eléctrico mundial, más del 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero, y más de un cuarto de la extracción de recursos primarios. La industria es también responsable de más del 20% de la demanda mundial de agua, una cifra que, según las previsiones, superara el 30% antes de 2030, compitiendo con el uso agrícola y urbano.

Lo anterior conduce a afirmar que el concepto “Smart” es en gran medida aplicable a la industria, junto con los principios de la circularidad. En este sector coinciden una serie de actividades y procedimientos susceptibles de ser gestionados enfocándolos hacia el logro de la sostenibilidad integral. Además, por definición, la Industria 4.0 justifica por sí misma la adopción de este concepto en las múltiples facetas del sector, en las cuales hoy en día resulta imprescindible adoptar criterios de producción sostenible, orientarlos de modo inteligente, y permitir desterrar de modo definitivo las prácticas basadas en la cultura del despilfarro y de la especulación.

Entre las prácticas que justifican la simbiosis de los conceptos “Circularidad” y “Smart” en el sector industrial para dar lugar a una “Smart Industry”, cabe destacar las siguientes:

  • La implantación de esquemas de ciclo inverso en los procesos de fabricación.
  • El establecimiento en las fábricas de sistemas de optimización energética y el empleo de energías renovables y de la cogeneración.
  • Los acuerdos de simbiosis industrial para el aprovechamiento compartido de residuos valorizables y subproductos.
  • La optimización del uso de recursos hídricos mediante la depuración y el aprovechamiento de aguas residuales y la detección y control de vertidos contaminantes.
  • La recuperación y el reciclaje de residuos, y el reaprovechamiento de subproductos valorizables.
  • El fomento de prácticas de reutilización, reparación, refabricación y reacondicionamiento de productos y materiales.
  • La modificación los procesos productivos mediante el aprovechamiento de las ventajas que ofrecen los avances tecnológicos, la digitalización y la robótica para implantar procesos y sistemas “ciberfísicos”.
  • La aplicación en los procesos y productos industriales de criterios avanzados de ecoinnovación y ecodiseño (“Smart Design”), favorables al ahorro de recursos, agua y energía, a los procesos de reciclaje, recuperación y valorización, y a la reducción de gases contaminantes causantes del calentamiento global.

SMART ENERGY / SMART GRID

Las energías renovables constituyen una valiosa fuente energética en el actual contexto industrial y tecnológico, teniendo en cuenta que conducen directamente hacia la sostenibilidad. Entre otras opciones, la producción de energías alternativas mediante generadores eólicos, fotovoltaicos y solares es cada día más económica y eficaz, como también lo son las fuentes representadas por la biomasa y la geotermia. Todo ello, sin tener en cuenta las indiscutibles ventajas de la ancestral producción hidráulica, y de la controvertida energía nuclear.

Pero la economía circular propicia además cambios estratégicos que van más allá de la producción de energía. Defiende una transición energética basada en el cambio del actual esquema de distribución centralizado y unidireccional de la energía, por redes de distribución descentralizadas, bidireccionales, que integren a los diversos agentes de producción, tanto de gran envergadura como de ámbito local y reducida capacidad, y prioricen la incorporación al sistema de las fuentes de energía renovables.

Es posible dinamizar este cambio mediante estrategias basadas en la digitalización y el empleo de las tecnologías de la información y de la comunicación en todo el ciclo y fuentes de producción de energía, y en todos y cada uno de los sectores más destacados del consumo, considerando como tales a las ciudades y los edificios, a la industria y al transporte.

SMART MOBILITY / SMART LOGISTICS

En relación con las posibilidades de alcanzar niveles de “Smart Mobility”, se dispone actualmente de todo un conjunto de opciones, propuestas y estrategias de naturaleza sostenible aplicables directamente al entorno urbano y al transporte público, pero que son igualmente válidas en relación con los servicios de logística, transporte y distribución requeridos por los sectores agroalimentario, industrial y de servicios. Parte de las iniciativas más interesantes en este sentido son las relacionadas a continuación.

  • Recuperar espacios vacíos o infrautilizados, y regenerar el tejido urbano mediante la rehabilitación o la construcción sostenible, con el fin de consolidar una ciudad “amigable” y evitar la dispersión urbana, generadora de grandes necesidades y problemas de movilidad.
  • Fomentar el uso de vehículos eficientes, de bajas emisiones contaminantes, híbridos y eléctricos.
  • Organizar eficazmente y fomentar el transporte público y colectivo.
  • Adoptar el concepto “Smart Mobility” en el transporte público, aprovechando el auge de las tecnologías de la información para transformar el diseño de la movilidad.
  • Incentivar la “logística inteligente”, optimizando las rutas, y ajustándolas al ritmo y volumen de la producción industrial basada en modelos sostenibles.
  • Fomentar la “logística inversa” y evitar el transporte con capacidad de carga infrautilizada.
  • Incentivar la “logística distribuida”, el diseño y la ubicación de infraestructuras y parques logísticos multimodales, y optar por sistemas de transporte seguros y sostenibles.
  • Desincentivar el uso del automóvil y potenciar, cuando sea posible, su uso compartido y su mejor y mayor ocupación.
  • Elaborar planes de actuación de movilidad con la participación de todos los agentes y sectores implicados.
  • Establecer campañas de información y formación ciudadana que señalen medidas favorables a la adopción de estilos de conducción responsable, y como consecuencia, que permitan el ahorro de combustible, la reducción de emisiones contaminantes y acústicas, el coste de mantenimiento de los vehículos, y eviten el riesgo de accidentes.
  • Incentivar el reducir los desplazamientos y la congestión de tráfico en horas conflictivas.
  • Adoptar modelos de movilidad que prioricen la seguridad de los ciudadanos, teniendo en cuenta en proyectos y estrategias los principios y fundamentos elementales de la sociología y de la antropología.

SMART WORKING

La fórmula del “Smart Working” plantea una nueva mentalidad de empleo. Impulsa la configuración de equipos por proyectos, la flexibilidad horaria y la reducción de la movilidad, desterrando la cultura del trabajo presencial. Su principal característica es la de permitir trabajar desde cualquier ubicación y en cualquier momento.

El uso de las nuevas tecnologías es uno de los pilares esenciales de esta forma de trabajar. La movilidad y flexibilidad horaria, el trabajo por objetivos y el uso masivo de las nuevas tecnologías son las tres dimensiones que hacen posible el Smart Working. En general, la idea de desarrollar un trabajo en un puesto fijo en una oficina va desapareciendo. Si se implementa bien esta modalidad, se consigue aumentar la productividad y la satisfacción de los trabajadores.

El Smart Working es una evolución del teletrabajo. Aquí lo más relevante son los servicios que se prestan, independientemente del lugar desde el que se realicen. Se produce una deslocalización del puesto de trabajo. Se puede actuar en casa, en una cafetería o en el aeropuerto. Si se excluyen la atención en tiendas físicas y los operarios de fábrica, existe un gran abanico de profesiones que pueden optar por este sistema: desde expertos en ventas hasta financieros, pasando por los agentes comerciales, e incluyendo los que realizan funciones de soporte, como sucede en el ámbito legal, tecnológico o de recursos humanos, y todos aquellos que trabajan de modo autónomo y por cuenta propia. Es un cambio cultural que deben asumir tanto las empresas como los empleados, y el cometido de los trabajadores consiste en desarrollar habilidades de autogestión, configurar su agenda, establecer sus propias rutinas, y saber relacionarse con sus colaboradores a distancia. En síntesis, se trata de trabajar en un entorno independiente, en el que se valoran los resultados y se conforman equipos multiculturales. Por esta vía, se abre la puerta a nuevas formas de colaboración para ganar en eficiencia y ahorrar costes.

En este escenario, el uso de las nuevas tecnologías tiene un fuerte impacto en la estructura de los equipos. La empresa debe facilitar los recursos necesarios a sus profesionales, y éstos deben ampliar sus conocimientos digitales. Es preciso usar herramientas que permitan el trabajo colaborativo, compartir contenidos, realizar videoconferencias e, incluso, firmar documentos a distancia.

SMART LIVING / SMART CONSUMER / SMART PEOPLE

También guardan relación directa con el “Smart Working” otros términos aplicables al mejoramiento de hábitos y actitudes de comportamiento individual y social, tales como el “Smart Consumer”, el “Smart Living” y la “Smart People”, todos ellos aplicables a aquellas personas que optan voluntariamente por contribuir a la consolidación de estilos de vida que contribuyan a la sostenibilidad, a la cohesión social y a la armonía de las relaciones de convivencia.

A esta realidad hay que añadir la necesidad de cambio de paradigmas de comportamiento individual que surge como consecuencia del progreso y de la reivindicación del estado de bienestar, con el fin de mejorar la calidad de vida y la seguridad individual y disfrutar de un entorno más saludable.

Emergen con fuerza en la sociedad civil modelos de uso y consumo según los cuales las nuevas generaciones de consumidores prefieren servicios que les permitan acceder a productos como “usuarios”, en lugar de proveerse de estos como “propietarios”. A este fenómeno se le denomina “servitización”. Según este modelo, los consumidores y las empresas buscan aquellas propuestas de valor que mejor satisfacen sus necesidades, y esto se consigue cuando el proveedor está cerca del cliente, y le ofrece soluciones que no necesariamente pasan por la venta de productos.

A este hecho se debe añadir la llegada al mercado de nuevas generaciones de consumidores, como los denominados “milenials”, menos orientados a la posesión de productos, pero en cambio, más ávidos de experiencias basadas en el disfrute y acceso a los productos a través de servicios. Algunas empresas empiezan a adaptar sus modelos de negocio con el fin de aprovechar esta nueva situación, ofreciendo servicios basados en un producto. Además de satisfacer mejor las necesidades de los consumidores, este esquema permite reducir el impacto ambiental gracias a una mejor gestión de los recursos. En síntesis, es una estrategia que alinea de modo inteligente los intereses del productor y del consumidor. De este modo, se estimula que el cliente tome parte de modo activo en la mejora del producto fabricado o del servicio prestado.

Los modelos de uso cooperativo o las redes de colaboración y uso compartido, que generan más interacción entre usuarios, comerciantes y fabricantes, se están implantando a ritmo acelerado. La aplicación de este cambio en diferentes negocios permite desarrollar esquemas de pago por rendimiento, alquiler, préstamo, retorno o reutilización, que son ventajosos desde numerosos puntos de vista. Por estas vías, el período de uso de los bienes se puede incrementar sustancialmente, ya que los artículos y servicios a compartir permiten su mayor y mejor utilización, hecho que además promueve el aumento de su longevidad y la reducción de su coste de uso y mantenimiento.

Son numerosas las iniciativas que pueden contribuir a la mejor gestión de los recursos recurriendo a procedimientos de reciclaje, recuperación y reutilización, para lo cual la formación de los ciudadanos y la participación de las empresas y de las entidades administrativas y gubernamentales es fundamental. Es necesario también mejorar el conocimiento sobre el comportamiento del consumidor frente a los recursos, con el fin de tomar las decisiones adecuadas al desarrollar estrategias y campañas de promoción y difusión de la circularidad. Se ha de incidir en el mercado basando las estrategias en la demanda de los consumidores, para lo cual se les ha de implicar de forma proactiva con las opciones vinculadas al ecodiseño y a la ecoinnovación. También se les ha de orientar hacia el rechazo de la “compra compulsiva” y su sustitución por la práctica de la “compra responsable”, “inteligente”, “suficiente”, aquella que preserva de una manera equilibrada y sostenible el interés ambiental, social y económico del conjunto de los grupos de interés, tanto a corto como a medio y largo plazo.

SMART ENVIRONMENT

La casi totalidad de las iniciativas “Smart” son susceptibles de provocar efectos favorables a la protección del medio ambiente y al aseguramiento de la sostenibilidad, siempre y cuando sean enfocadas de modo responsable e inteligente. Los efectos positivos que puede causar la simbiosis Smart – Economía circular en la sostenibilidad y en el medio ambiente son variados y numerosos, y es posible destacarlos con los siguientes ejemplos:

  • La mitigación de la contaminación del aire, del calentamiento global y de los efectos del cambio climático como resultado de la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.
  • La reducción de la extracción y uso de recursos naturales finitos.
  • La reducción y optimización del consumo de energía y la generación de energía de fuentes naturales.
  • La reducción de la generación de residuos y la reutilización, reciclaje y valorización de residuos, materiales y subproductos diversos.
  • La equilibrada gestión del territorio y el fomento de la diversidad ecológica.
  • El mejoramiento y la protección del valor paisajístico de los espacios naturales.
  • El aseguramiento de las condiciones de calidad, seguridad, higiene y salud ambiental en el entorno inmediato de vida de las personas.
  • El cambio de los modelos de fabricación industrial, la implantación de la Industria 4.0, la erradicación de la producción lineal y el fin de la obsolescencia programada.
  • El cambio de los hábitos de consumo compulsivo por modelos de vida, trabajo y comportamiento responsable.
  • La optimización de la productividad integral mediante el empleo de métodos y sistemas de producción y de gestión sostenibles basados en la digitalización, la informática, la sensórica y el IoT.

SMART GOVERNANCE

La evolución del mundo contemporáneo hacia la implantación de la economía circular se ve afectada por la gran magnitud y variedad de opciones que surgen como consecuencia de la evolución tecnológica, a lo cual es necesario añadir el requisito de adaptar dichas opciones a nuevos modelos de negocio, a nuevos paradigmas de comportamiento social, a diferentes actitudes de consumo, y a nuevos enfoques de las relaciones de la sociedad con el uso y protección de los recursos del planeta.

Para desplegarse con éxito según planteamientos de “Smart Governance”, la economía circular debe contar con la participación tanto de las administraciones públicas como de las empresas, pero también de la sociedad en general, y de los ciudadanos en particular. Todos ellos deben replantearse sus necesidades reales, y asumir un papel proactivo y responsable en el diseño de nuevos modelos de comportamiento, y participar en la toma de decisiones pertinentes.

Ante esta realidad, aparece como requisito insoslayable el de gestionar todo este conjunto en sentido transversal, impartiéndole una dimensión global y solidaria. Es en este punto donde adquiere importancia la adopción del concepto “Smart Governance”, un estilo de “management” transparente y participativo que permite llevar a buen fin las iniciativas y las acciones dirigidas a alcanzar los objetivos de estabilidad económica y de sostenibilidad incluidos en los principios de la circularidad. Asumir, y luego poner en práctica este fundamento de gestión, implica igualmente actuar con el máximo de agilidad, de modo que los ciudadanos, las empresas, las administraciones y los gobiernos puedan adoptar comportamientos que vayan más allá de la simple sumisión pasiva al cambio generado por la evolución rutinaria de las circunstancias.

No hay que olvidar las lecciones del pasado, aquellas que en épocas de euforia descontrolada generaron las “burbujas” y las “crisis”, producto de no haber reconducido a tiempo unos modelos empresariales y de comportamiento social basados exclusivamente en la bonanza coyuntural. En su día, se creyó que el estado de bienestar era algo inamovible, un derecho adquirido y gratuito. Deslumbrados por el éxito que proporcionaron los años de “vacas gordas”, políticos, empresas y ciudadanos vivieron en un engañoso “mundo de fantasía”, un falso y efímero “mundo smart”, en minúsculas, sin aprender ni asumir las lecciones que anunciaron los desastres a los que siempre conducen la pasividad y el conformismo.

La sociedad no puede prosperar sobre la base de aceptar como inamovibles aquellas situaciones que deslumbran ocasionalmente mientras las cosas van bien, sin tomar conciencia de que dicha actitud tiene fecha de caducidad y conduce irremediablemente al caos. El concepto “Smart Governance” se ha de ejercer de modo responsable, de manera que los nuevos paradigmas sean asumidos de modo eficaz, evitando toda intención especulativa, y procurando erradicar los conflictos de intereses que puedan amenazar la sostenibilidad.

Sin lugar a dudas, el concepto “Smart” constituye un término muy atractivo a la hora de servir de base para orientar y motivar a la sociedad hacia la adopción de modelos de comportamiento y consumo basados en los principios de la Economía Circular. Sin embargo, es fundamental evitar que el término “Smart” persista solo como una moda pasajera y regresiva que eternice los vicios de la economía lineal, el estilo de producción y consumo que ha contribuido durante años a alimentar de modo nefasto la cultura del despilfarro y de la especulación.

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