El desafío de la transición hacia la economía circular

El desafío de la transición hacia la economía circular

Sustituir el tradicional modelo de economía lineal por los principios de la circularidad implica asumir paradigmas transgresores que suelen tener carácter disruptivo. La transición hacia la economía circular requiere poner en práctica esquemas de gobernanza que faciliten el cambio hacia modelos sostenibles de negocio y de comportamiento social.
14 Agosto 2017

El mundo está cambiando, y los retos económicos, ambientales y sociales a los que se enfrenta la humanidad hacen imprescindible la consideración de la sostenibilidad en el tejido social y empresarial. El tradicional modelo económico extraer-usar-desechar deja de ser una opción segura, y se hace necesario que las organizaciones y la sociedad civil se abran a la innovación en todos los campos del desempeño. Aspectos de gran trascendencia, tales como el cambio climático, la escasez de materias primas y los problemas ligados a la salud ambiental, motivan y hacen imprescindible la adopción de acciones inteligentes en la esfera social, política y económica. Algunas de estas acciones implican la adopción de modelos disruptivos que será necesario implantar como estrategias a largo plazo, las cuales no siempre serán fáciles de asumir para desterrar la inercia de los habituales modelos de producción y consumo.

Los últimos 150 años de evolución industrial han estado dominados por el modelo de producción y consumo lineal, según el cual los bienes son producidos a partir de las materias primas, vendidos, utilizados, y finalmente desechados como residuos. Frente a la acentuada volatilidad de la economía global y el aumento de evidencias que apuntan a la creciente escasez y sobreexplotación de recursos, la necesidad de definir un nuevo modelo económico se hace cada vez más evidente.

Por inercia histórica, la economía contemporánea se encuentra bloqueada en un sistema en el que todo, desde la actividad productiva y la contratación, hasta la normativa y el comportamiento de las personas, favorecen el modelo lineal de producción y consumo. Sin embargo, este bloqueo es cada vez más débil debido a la presión que ejercen tendencias tan poderosas como transgresoras. Se debe aprovechar este nexo favorable de factores económicos, tecnológicos y sociales para acelerar la transición hacia una economía sólida y equilibrada. El desafío al que ahora se enfrenta el mundo es consolidar la economía circular y dotarla de una dimensión de escala.

La economía circular, cuya principal característica es la de preservar el valor de los recursos, contiene el potencial para asegurar el desarrollo sostenible. Este potencial proviene de las transformaciones acaecidas en el panorama mundial: los riesgos a los que se enfrenta la humanidad han variado de forma sustancial, y requieren un nuevo planteamiento general para abordar con fuerza, objetividad y decisión los aspectos esenciales del nuevo escenario económico.

La búsqueda de mejoras sustanciales en el rendimiento de los recursos en la economía conduce a los gobiernos y a las empresas a explorar nuevas formas de reutilizar los productos y sus componentes, a restaurar los materiales valiosos, y a optimizar el consumo de energía y la productividad de la mano de obra. Muchos argumentan que el momento es apropiado para llevar el concepto de economía circular un paso más allá, analizar las ventajas que esta alternativa aporta a las empresas, a la sociedad y a la propia economía, y preparar así el camino para su adopción masiva y sistemática.

Técnicas y estrategias innovadoras específicamente pensadas para la economía circular, están hoy en día disponibles bajo diversas formas, y los casos de éxito que avalan esta afirmación son numerosos. Todos ellos tienen en común el hecho de que han sido planteados de modo holístico, es decir, centrados en optimizar el rendimiento global del sistema.

Sin embargo, los sólidos motivos sociales y económicos que subyacen bajo los principios de la economía circular, exigen plantear el debate sobre un aspecto crucial que, teniendo en cuenta la realidad del actual escenario mundial, adquiere especial relevancia: definir la “velocidad” a la que debería desarrollarse la transición hacia nuevos paradigmas, modelos de negocio y actitudes de comportamiento social. A su vez, esta realidad exige definir no solo el coste económico de dicha transición, sino también su coste social. El coste de la transición puede incluir inversiones en activos y en nuevas infraestructuras materiales y digitales, así como en investigación, formación especializada, asistencia para promover la penetración de mercado de los nuevos productos, y apoyo transitorio a los sectores afectados.

Hallar respuestas a estas incógnitas permitirá a los responsables políticos, a los inversores, a las empresas, a los consumidores y a la sociedad civil en general, encontrar vías de transición adecuadas.

La clave del éxito de las inversiones en modelos circulares dependerá del comportamiento de los ciudadanos, si crece y a qué ritmo la demanda de productos respetuosos con el medio ambiente, y si las empresas cuentan con incentivos para llevar a cabo las inversiones pertinentes. La naturaleza de los conocimientos actuales es de naturaleza fragmentada, y es necesaria una mejor comprensión de los diversos aspectos de la dinámica del sistema, de las estructuras y funciones de la producción, de la dirección del consumo, de los mecanismos financieros y fiscales, y de los factores desencadenantes del desarrollo de innovaciones tecnológicas y sociales.

La evaluación de costes asociados a la transformación hacia el modelo circular es muy complicada, dada la complejidad de los agentes y factores que se han de tener en cuenta para ello. Es necesario que el sector privado lleve a cabo inversiones, y en este sentido, el objetivo es lograr que éstas sean atractivas desde el punto de vista económico a través de la disponibilidad de medidas concretas de apoyo. Junto a los costes estrictamente económicos, es también previsible que sea preciso afrontar otro tipo de dificultades a la hora de implementar el modelo circular.

Acelerar la adopción de la circularidad a un ritmo superior al de los ciclos normales de sustitución incrementará los costes de la transición, y dará lugar a que activos tradicionales queden obsoletos, desfasados, y, por lo tanto, deban ser destinados al desuso por pérdida de su utilidad. Durante el proceso será necesario demostrar hasta qué punto estos costes adicionales compensan el cambio hacia nuevos escenarios de desarrollo y modelos de negocio, y en qué medida actuarán como estímulo o freno para la economía global.

No existe una fórmula de transición universal hacia la circularidad susceptible de ser extrapolable a todos los casos. En el fondo, se trata de un concepto, de una manera de entender los procesos de producción, que pretende maximizar el uso de los recursos existentes y reducir los residuos. Cómo llevar a la práctica estas alternativas dependerá del negocio en sí, del sector, del tipo de producto, y de otros factores vinculados al carácter pluridisciplinar del entorno, puesto que realidades diferentes requieren soluciones específicas adaptadas a cada situación. En todo caso, el intercambio de experiencias y la adopción de buenas prácticas constituirán elementos esenciales para facilitar la puesta en marcha de modelos de negocio circulares en los diferentes sectores y áreas. En síntesis, la transformación industrial y la adaptación a este nuevo paradigma se deberá enmarcar dentro de las tres figuras elementales del desarrollo sostenible: la económica, la ambiental y la social.

Sin lugar a dudas, hay riesgos y retos implícitos en toda transición sistémica y transversal. Conocer con exactitud cuáles son los problemas que dificultan la transformación hacia la economía circular es en sí una tarea muy compleja, debido al gran número de agentes y de factores que intervienen a la hora de ponerla en marcha. Por este motivo, una acción coordinada y compartida entre todos los actores públicos y privados es esencial, sobre todo teniendo en cuenta que la economía circular es un concepto complejo.

Es poco probable que en el corto plazo se logre un consenso sobre el verdadero valor de la circularidad como motor de cambio de paradigmas, motivo por el cual es necesario definir con claridad las áreas y sectores prioritarios que puedan caber dentro del ámbito de la adopción de sus principios, y elaborar evaluaciones y estudios objetivos y específicos que proporcionen mensajes consistentes sobre sus efectos potenciales. Todo ello, sin olvidar la necesidad de hacer frente a las posibles tensiones geopolíticas que surgirán en el mundo globalizado a lo largo de la transición hacia el cambio, y que, con toda probabilidad, obligarán a adoptar estrategias de reconducción y a implementar sobre la marcha los oportunos planes de contingencia.

Los sectores tradicionales tendrán que transformar sus modelos empresariales, y la evolución hacia nuevas ideas obligará a asumir efectos redistributivos en la economía. Por lo tanto, resultará crucial compensar de algún modo el efecto de los cambios que origine la materialización de la economía circular sobre los ciudadanos, las empresas, las naciones y el medio ambiente.

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