Robots 1 de 4: Adiós a los bajos costes laborales, se acabó la fiesta en los países emergentes

Robots 1 de 4: Adiós a los bajos costes laborales, se acabó la fiesta en los países emergentes

Neo romanticismo nacional o el orgullo de productos made in
7 Abril 2017

El impacto de la robotización en todos los sectores productivos no ha hecho más que empezar.

Si bien para la calidad y seguridad del trabajo cotidiano los robots se convertirán, en parte, en elemento positivo clave; por ejemplo, en prevención y reducción drástica de accidentes laborales y de tránsito; en no exponer a las personas a atmósferas insanas o peligrosas…, como suele pasar con muchas intervenciones humanas, la otra cara de la moneda no es nada halagüeña para esos mismos trabajadores.

Dejemos por un momento el impacto en la reducción salvaje que se avecina de puestos de trabajo rutinarios mediante la sustitución de mano de obra por mano de robot, y no entremos en la discusión de si la sustitución de personas por robots cumplirá el pronóstico de ratio  1:6 o de 1:100, sea la proporción que sea, la entrada abrupta de ellos enfrentará a las personas, en muy poco tiempo, con la pérdida de cientos de millones de puestos de trabajo tradicionales.

Está claro que la entrada masiva de robots en el mundo laboral generará un cambio radical  en las relaciones laborales; no sólo en el número de trabajadores por empresa, si no, sobretodo, en la calidad y tipo de trabajo que deberán desarrollar las personas para convivir armónicamente y de forma colaborativa con esta nueva especie.

Pero, centrémonos en un aspecto crítico de la economía, la producción en los países de origen de la patente o de la matriz empresarial de bienes, que hasta ahora requerían una gran cantidad de mano de obra; el latido de contracción empresarial se producirá y generará una retención en origen de este trabajo de bajo valor añadido o, si lo prefieren, en una nueva ola de proteccionismo, hablando en lenguaje clásico.

La visita interesada de los robots a nuestros puestos de trabajo cambia el concierto del sistema productivo al uso y genera una nueva etapa dorada de romanticismos económico nacional. Las empresas ya pueden presumir de retornar la producción a sus países de origen, ya que no necesitan externalizar el trabajo rutinario a países con mano de obra barata; con ello, se volverá a poner el foco de la fabricación allí donde se ha generado la idea, la empresa y la patente.

Los productos volverán a mostrar de forma orgullosa en sus países matrices, el made in y el márquetin se empecinará en mostrarnos como valor el impacto que para nuestros conciudadanos significa el comprar productos de cercanía hechos por personas de tu país.

Obviamente, se avecinan malos tiempos para países que confíen su  tasa de empleo en proporcionar mano de obra barata a multinacionales que buscaban precios reducidos en las horas/personas, proporcionado por la baja cualificación de sus ciudadanos.

La falta de investigación e innovación, el intentar prosperar como nación mediante la exposición de trabajadores poco cualificados, poco reivindicativos y de coste bajo, el  fijar la estrategia de país a base de ofrecer un coste hora/trabajo pírrica, es un camino que llevará a un círculo infernal de “menos es cada día menos”.

Por tanto, la primera consecuencia de la entrada masiva de robots en las áreas de actividad que requieren mucho trabajo manual es, como no podía ser de otra forma, la pérdida de cientos de millones de puestos de trabajo. Además, debido al perfil de estos trabajadores, será muy difícil reconvertirlos a otras áreas productivas de mayor valor añadido.

Monotonía, repetición, experiencia, presentismo, precariedad… vayámonos olvidando de estos atributos en el diseño de nuevos puestos de trabajo si queremos que estos los ocupen humanos.

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