Neurotoxicidad y Colinesterasa en trabajadores de una floricola en Cayambe - Ecuador

Objetivo. Describir los patrones de ocurrencia de sintomatología persistente de neurotoxicidad, en trabajadores industrialmente expuestos a plaguicidas y la evaluación de colinesterasa. Material y métodos. Se realizó un estudio descriptivo, transversal y observacional. Se aplicó el cuestionario de a 136 trabajadores, además se les determinó el nivel de colinesterasa sanguínea con los métodos Magnotti y Lovibond. Para la descripción de la información se elaboraron tasas, medidas de tendencia central y de dispersión. Para evaluar la diferencia entre grupos se utilizó la prueba X2 y se calculó razón de momios. Resultados. La prevalencia de sintomatología persistente fue de 6.3 por cada 10 trabajadores; 50% tuvo seis síntomas o más. Los niveles de colinesterasa en más del 70% se encontraron alterados. No se encontraron diferencias estadísticamente significativas en el riesgo de padecer sintomatología persistente de acuerdo con la edad, antigüedad, fue estadísticamente significativo el riesgo de acuerdo a las áreas de trabajo y puesto. No obstante, las proporciones más altas de síntomas se encontraron en los trabajadores de 31 a 40 años de edad, con 6 a 13 años de antigüedad en la florícola, en el área de fumigación y en los puestos de mantenimiento. En los 13 trabajadores que tuvieron antecedentes de intoxicación previa, la prevalencia de sintomatología persistente fue de 6.9 contra 6.1 de los que nunca se habían intoxicado, así como el valor de la colinesterasa alterado en valores bajos. El riesgo de intoxicación aguda previa entre quienes tenían más de 14 años de antigüedad en la empresa fue cuatro veces mayor que el de aquellos con menos de 14 años (p< 0.05). Conclusiones. Los resultados muestran una relación entre la exposición a plaguicidas y la presencia de síntomas persistentes. Luego entonces es necesario llevar a cabo investigaciones para determinar la prevalencia de esta sintomatología en distintas poblaciones expuestas y no expuestas.
Autor principal: 
SYLVIA LILIANA
GUERRERO LANA
Universidad Central del Ecuador
Ecuador
Coautores: 
Roger Raul
Gamarra Silva
Centro Medico Gamarra Guerrero
Ecuador
Roger Xavier
Gamarra Guerrero
Universidad Catolica
Ecuador

Introducción

La exposición a neurotóxicas en la sociedad no es nueva, pues las civilizaciones han estado expuestas a compuestos neurológicamente destructivos, durante miles de años; muchas sustancias pueden causar efectos negativos sobre el sistema nervioso. Sus manifestaciones son muy diversas y van desde mareos y nauseas, hasta narcosis, efectos en la memoria, irritabilidad, movimientos descoordinados... pudiendo llegar a alteraciones que causan la degeneración del sistema nervioso como el Parkinson.

Actualmente, una amplia mayoría de las poblaciones humanas presentan concentraciones detectables de algunos compuestos tóxicos persistentes (CTP), también denominados contaminantes orgánicos persistentes (COP)1

Existe un desconocimiento notorio respecto al potencial neurotóxico de distintos compuestos químicos actualmente en uso, los cuales carecen de pruebas de toxicidad reproductiva o de toxicidad del autodesarrollo 1, 2.

La exposición a distintos químicos ambientales, tales como plomo, metilmercurio o ciertos pesticidas, a niveles por debajo de la ocurrencia de afecciones agudas, pueden ocasionar cambios a nivel celular o molecular, los cuales se expresan como déficits funcionales en la esfera neuroconductual, muchas veces sutiles 1,3 u ocasionan una susceptibilidad aumentada a enfermedades neurodegenerativas en etapas ulteriores de la vida 4.

La exposición a plaguicidas se ha asociado con un aumento en el riesgo de padecer enfermedades neurodegenerativas3.

El principal mecanismo de acción, pero no el único, es la inhibición de la enzima acetilcolinesterasa (AChe), responsable de degradar la acetilcolina (ACh). Esta inhibición produce acumulación de ACh en el espacio sináptico y sobre activación de los receptores colinérgicos. Fruto de esta sobre estimulación de los receptores se produce la sintomatología aguda característica como espasticidad o ataxia4.

No obstante también a largo plazo se encuentran alteraciones cuyo mecanismo de acción es aún desconocido4. Algunas de estas complicaciones crónicas5 son:

- Neuromusculares: polineuropatía distal y parestesias.

- Cardiotoxicidad: cambios electrocardiográficos con patrón isquémico.

- Desórdenes menstruales, aumento del riesgo de aborto, etc.

Neuropsicológicas: trastornos de conducta, memoria o estado de ánimo.

Alteraciones electroencefalográficas.

-Digestivas: dispepsias, gastritis, etc.

-Respiratorias: irritación de la vía aérea.

-Dermatitis de contacto secundaria al efecto irritativo de los organofosforados o como reacción alérgica.

A largo plazo también se han observado alteraciones cognitivas y conductuales, como problemas de memoria o un incremento en impulsividad; además de algunos procesos relacionados con la neurodegeneración y el estrés oxidativo4.

La lista de sustancias que pueden tener efectos tóxicos sobre el sistema nervioso es larga. Son sustancias con efectos neurotóxicos el formaldehído, benceno, etilenglicol, piretroides, plomo, xileno, estireno, tolueno, el mercurio, el cadmio, PCBs, acetona, el acetonitrilo, acrilamida, hidrocarburos alifáticos, alkanos, aluminio, amonio, anilina, hidrocarburos aromáticos, butanol, butilacetato, tetracloruro de carbono, óxidos de cromo, clorobenceno, clordano, O-diclorobenceno, DDT, difenilamina, etanol, glicerol, hexano, polibromados, aceite de pino, triclorobenceno, tricloroetileno, cloruro de vinilo, etc.

Si pensamos en un efecto concreto, como la neuropatía periférica, ha sido asociada a sustancias como acrilamida, arsénico, carbamatos, óxido de etileno, fenvalerato, plomo, mercurio, metil n-butil ketona, n-hexano, piretrinas/piretrodides, organofosforados, 1,1-dicloroetano, maneb, ditiocarbamatos, manganeso, PCBs, pesticidas, 1,1,1-tricloroetano, benceno, cadmio, dioxinas, cloruro de metileno, disolventes, estireno, tolueno, tetracloroetileno, tricloroetileno, xileno, trietilestaño5.

En cuanto a la neuropatía de origen tóxico se debe sospechar ante la presencia simétrica y crónica luego de una exposición a un tóxico. Se debe indagar sobre el consumo de determinados medicamentos (cloroquina, dapsona, isoniazida, metronidazol, nitrofurantoina, nucleósidos análogos, cisplatino, talidomida, vincristina, colchicina, amiodarona, hidralazina, perhexilina propafenona, disulfiram, piridoxina, fenitoina), el consumo de alcohol, la exposición a solventes orgánicos (acrilamida, n-hexano, disulfuro de carbono), así como la exposición a metales como el plomo, el arsénico, el talio y el mercurio. Adicionalmente, la exposición crónica a organofosforados, carbamatos y organoclorados se ha relacionado con clínica de neuropatía periférica, por lo que se evaluar el uso de estos6,7,8,9,10. En casi todos los casos, existe una relación dosis respuesta entre los niveles de exposición al tóxico y el compromiso neurológico; siendo en la mayoría de los casos de naturaleza reversible ante la suspensión de la exposición9,11.

Los organofosforados que se han asociado con su presentación son tri-o-cresil fosfatos, leptofos, mipafox, clorfos, triclorfon, malatión, paratión, metrifonato y metamidofos. El más peligroso siendo el tri-o cresil fosfato12. También existen reportes que asocian la polineuropatía tardía inducida por organofosforados con clorpirifos, fosfamidon, mevinfos12, 13. Se ha asociado el desarrollo de esta neuropatía a la disfunción de la esterasa blanco de neuropatía o esterasa neurotóxica 14, 15, 16. Este efecto es independiente de la inhibición de la acetilcolinesterasa y es atribuido a la fosforilación de dicha esterasa la cuales específica del tejido nervioso. Esta enzima se encuentra en el tejido nervioso, hígado, linfocitos, plaquetas y otros tejidos; y aunque su función fisiológica no se conoce claramente, se le atribuye una función de modulador del metabolismo lipídico y como factor de crecimiento y diferenciación 17.Afectando primordialmente los axones largos e iniciando de manera distal 13, 14, 15.

En el 2014, el Grupo de Estudio de Neurología del Trabajo de la Sociedad Española de Neurología (SEN) ha alertado de que los europeos manipulan en el trabajo más de 100.000 sustancias potencialmente neurotóxicas, pero solo 1.000 han sido estudiadas. Algunas, como las neuropatías por plomo, “son muy conocidas desde hace años, pero cada vez se complica más, porque las sustancias se mezclan y la exposición ya no es solo laboral sino, también, medioambiental”, detalla Mariano Montori Lasilla19.

En el ámbito laboral, la inhalación de humos y vapores es la vía de absorción de sustancias neurotóxicas más frecuente. Se estima que el 17,6 por ciento de los trabajadores españoles y el 22 por ciento de los europeos manipulan contaminantes químicos, al menos, durante una cuarta parte de su vida laboral, aunque Montori comenta que, probablemente, el riesgo de exposición cuantificado “sea inferior a la realidad”7.

Presentaron una recopilación de los distintos estudios, casos y controles que se han publicado hasta la fecha para justificar la hipótesis neurotóxica en enfermedades neurodegenerativas, sobre todo en Parkinson y Alzheimer.

Algunas de las investigaciones concluyen que “la exposición a pesticidas se asocia a un mayor riesgo padecer Parkinson y Alzheimer, y los disolventes pueden ocasionar síntomas neuropsiquiátricos o incluso daño neuronal. También se ha descrito parkinsonismo por alta exposición al manganeso y al plomo, o que la exposición a metales participa en la formación de placas seniles y del medio ambiente8.

Para Evangelista 1997, citado por Almirall 2011, refiere que se estima que, sólo en los Estados Unidos, se preparan alrededor de 1500 nuevos compuestos químicos por año, utilizados en la industria, la agricultura o la medicina e imprescindibles, en estos tiempos, para la vida cotidiana. Por otro lado, hoy se advierte un incremento de los efectos adversos de diversas substancias que se liberan al ambiente, ya sea por ignorancia, comodidad o falta de una política oficial que proteja la salud de la población. Para evitar esos efectos, es necesario conocer cómo actúa cada compuesto, de suerte de poder impedir que afecte a los seres a los cuales no está específicamente dirigido.

Un plaguicida diseñado para actuar sobre el sistema nervioso u hormonal de determinado insecto, por ejemplo, puede causar efectos deletéreos, no esperados en otras especies. También es preciso tener en cuenta el posible metabolismo de algunos compuestos por parte de animales o personas, ya que muchas substancias se convierten en tóxicas para el organismo (en jerga, se suele decir que se toxifican)19.

Hace unos veinte años, se comenzó a descubrir que el sistema nervioso constituía el blanco primario de ciertas substancias perniciosas, las que, en consecuencia, se denominaron neurotóxicas, pero si bien se habla de neurotoxicidad sólo cuando existe un efecto directo del agente sobre el sistema nervioso, la interacción entre el cerebro y el resto del cuerpo es lo suficientemente compleja como para impedir, a veces, que se pueda hacer la distinción entre un efecto neurotóxico y otro simplemente tóxico. A diferencia de los compuestos farmacéuticos y de las toxinas naturales, muchos productos tóxicos industriales no tienen por propósito primario alterar funciones biológicas, por lo que pueden ejercer su acción en múltiples sitios del organismo y, por lo tanto, resulta difícil identificar su modo de actuar. Los compuestos neurotóxicos son capaces de afectar a los neurotransmisores, enzimas que provocan la síntesis o degradación de compuestos vitales, membranas, procesos neurosecretores, canales iónicos, etc. Algunos dañan de manera específica ciertas regiones cerebrales o determinadas células o funciones biológicas. En este marco, la neurotoxicidad se define como los efectos adversos producidos en la estructura o función del sistema nervioso central o periférico por la exposición a un compuesto químico6, 18,19.

La inhibición de la colinesterasa es considerada una intoxicación crónica y aguda, por exposición a plaguicidas, siendo un factor de riesgo para otras enfermedades. Esta enzima es imprescindible para el control normal de la transmisión de los impulsos nerviosos y estimulantes eléctricos, cataliza la hidrólisis del neurotransmisor acetilcolina sobrante en el espacio simpático de colina y ácido acético reacción necesaria para permitir que la neurona colinérgica retorne a su estado de reposo después de la activación, evitando así una transmisión excesiva de acetilcolina, que produciría una sobre estimulación del efector y, como consecuencia, debilidad y cansancio8,24.

Los plaguicidas organofosforados se unen a la colinesterasa impidiendo la acción de descomposición de la acetilcolina, dentro de los plaguicidas inhibidores de la colinesterasa se encuentran los organofosforados y carbamatos, usados en forma regular en la producción y cosecha de flores; estos productos se pueden absorber por todas las vías actuando como inhibidores muy competitivos8,9,17.

La colinesterasa, enzima de origen hepático distribuidas en diversos tejidos, así como en plasma y glóbulos rojos, intervienen en la conducción de estímulos nerviosos. La determinación de su actividad tiene importancia en una variedad de situaciones clínicas y particularmente en los casos de intoxicación con insecticidas de uno corriente en la actualidad 8,9,10. Se ha demostrado la existencia de 2 tipos de colinesterasa: la colinesterasa verdadera o acetilcolinesterasa que se encuentra en eritrocitos y terminaciones de nervios colinérgicos y tiene como función hidrolizar la acetilcolina en la placa motora principal, y pseudo-colinesterasa que se encuentra en eritrocitos y terminaciones de nervios colinérgicos y tiene como función hidrolizar la acetilcolina en la placa motora principal, y la pseudo-colinesterasa que se encuentra en plasma, hígado, músculo liso y adipocitos que es la que está influenciada por los insecticidas especialmente organofosforados y carbamatos, y la deficiencia o baja de los niveles de esta enzima origina trastornos visuales con obnubilación mental.

La determinación de la colinesterasa ha adquirido gran importancia clínica debido a la amplia aplicación de plaguicidas organofosforados y carbamatos en las actividades agrícolas. Estos compuestos son potentes inhibidores de ambas enzimas, produciendo disminuciones de la actividad de la colinesterasa sérica y eritrocitaria debido a inhalación, ingestión o absorción por la piel. Ambas enzimas inhibidas, para la actividad de la enzima sérica disminuye más rápidamente que la eritrocítica, por lo que la determinación de la actividad sérica es un índice muy sensible para prevenir intoxicación9,11, 12, 13.

Los inhibidores de colinesterasa (organofosforados y carbamatos), son los insecticidas más utilizados tanto en actividades agrícolas como en el uso doméstico, ahora debido a la amplia disponibilidad de estos agentes y a las malas prácticas en su uso y almacenamiento, la población se encuentra expuesta a los riesgos de toxicidad ocupacional, voluntaria y accidental por estos agentes 12, 14,15.

El cantón Cayambe y Pedro Moncayo, son zonas donde la producción de flores es la base de la economía, según datos del 2012 se exporta aproximadamente 7666 millones de dólares (+13,4% PIB), en volumen de flores 127 millones de Kg (+8,7% PIB), empleos directos 48.000 (51%mujeres), empleos indirectos 55.000, en esta zona se considera que existen 571 fincas, el promedio de trabajadores por hectárea 11,8 trabajadores17. Son importantes estos datos ya que la aplicación de plaguicidas es una práctica común para el control de plagas indeseables y evitar pérdidas significativas en la producción. La exposición significativa a plaguicidas en los trabajadores encargados de la manipulación y aplicación, ocasiona riesgos para su salud en la medida en que no se cuente con un control real en el proceso productivo, ni con los elementos de protección adecuados, o con la capacitación para el manejo de este tipo de productos que son utilizados sin el respectivo concepto técnico donde los cultivos de flores son el motor económico de esta zona, por lo que la gran mayoría de los productores manejan las flores como cultivos perennes.

Factores como la frecuente exposición a los plaguicidas, su fácil acceso, el uso de tecnologías inseguras para su aplicación y su manipulación por parte de personas sin entrenamiento, entre otros, determinan un mayor riesgo de ocurrencia de intoxicaciones agudas; así mismo, diversos efectos crónicos derivados de la exposición recurrente a bajas dosis de estas sustancias, lo que interfiere en la inhibición de la colinesterasa13,18.

La contaminación ambiental producto del uso inadecuado de agro tóxicos representa un problema de gran complejidad, es un problema de salud pública porque afecta la salud de los trabajadores que manipulan los productos y de las familias que están expuestas pues al no cumplir un trabajador con las normas mínimas de higiene, contamina su núcleo familiar. Al contaminarse la mujer también afecta al feto en su estado de gestación porque está en la sangre de las madres durante la gravidez y al nacer los bebés reciben el tóxico a través de la lactancia materna. Por estos motivos, se debe tomar conciencia del trabajo que se está realizando pues es preocupante la recurrencia de malformaciones en los niños nacidos y embarazos que se interrumpen en los últimos años por problemas de deformaciones congénitas. Existe un reporte muy alto de craneosinestosis, así como de leucemia, anemia aplástica, cáncer de mama, colon, hígado, pulmones, entre otros…..Además los organofosforados si es una mujer en periodo de lactancia y continua en la actividad agrícola estarán presentes en la leche materna19,20,21,22,23,25.

Es importante recordar algunas consideraciones respecto a los métodos de medición de colinesterasa, el método de Lovibond considera un nivel basal de 25% de inhibición; el valor de referencia menor de 75% indicará la necesidad de tomar acción y será la señal de alteración del sistema, es un método simple, barato, rápido y no invasivo, susceptible de ser analizado con espectrofotómetro.

Para el método de Magnotti se presenta niveles basales para plasma y eritrocitos establecidos en el estudio efectuado en Colombia, los cuales fueron:

Tabla 1 Valores de colinesterasa en plasma y eritocitariamente.

Plasma

Eritro

País

COLOMBIA

H

M

H

M

2.54 UI/ML.

2.23 UI/ML

34.69 UI/GHB

34.50 UI/GHB

Intervalo

(2,47 – 2.60)

(2.53 – 2.98)

(34,17 – 35.02)

(34.02 -34.97)

Fuente: Técnicas de Laboratorio. Elaborado Guerrero S., 2015

La población estudiada fue de 18 a 59 años ubicados entre 1.500 a 2.500 metros sobre el nivel del mar, estudio efectuado en 1987 con 47 personas, debido a este aspecto las condiciones de la población y altura sobre el nivel del mar de Quito y Cayambe pareció el método adecuado para la investigación.

Dentro de los objetivos planteados fueron el describir los patrones de ocurrencia de sintomatología persistente en trabajadores industrialmente expuestos a plaguicidas organofosforados, y el determinar los niveles de la enzima colinesterasa sérica.

Se consideró como hipótesis que a mayor exposición a plaguicidas neurotóxicos menor colinesterasa sérica.

La variable independiente evaluada fue la neurotoxicidad, la variable dependiente la detección sérica cuantitativa del nivel sérico de colinesterasa en la población estudiada. Entre las variables intervinientes fue el género, haber estado expuesto a plaguicidas y a cada grupo de estos, el antecedente de comorbilidades, de consumo de medicamentos o de exposición a metales o solventes que pueden asociarse con compromiso neurológico periférico.

Metodología

Se realizó un estudio no experimental, cuantitativo, correlacional, descriptivo, transversal y observacional, donde se aplicó el cuestionario de síntomas neurológicos y psicológicos (PNF) a 136 trabajadores de 158 que constituían el universo de una empresa florícola del Sector de Cayambe, luego de someterlos a los criterios de inclusión, exclusión y eliminación, así como a las consideraciones éticas y comité ético, en ellos se determinó el nivel de colinesterasa sanguínea mediante los métodos Magnotti y Lovibond.

La extracción de la muestra de sangre se realizó por punción venosa de miembro superior con aguja vacutainer (en campo), en tubo de 5 ml sin anticoagulante para medir la concentración de colinesterasa sérica, estas muestras se trasladaron al laboratorio de análisis clínico en la población de Cayambe, donde se conservaron en refrigeración hasta ir procesándolas. Las muestras sanguíneas, fueron procesadas mediante cinética de color basado en la técnica de ELLMAN a 25°C, con el reactivo de trabajo de la casa comercial WIENER “determinación cuantitativa de colinesterasa (che) ivd; posteriormente se reconstituye el sustrato con 3 ml de búfer de la misma casa comercial, pre incubada unos minutos, se agregó 20 ul de suero, la lectura se realizó en espectrofotómetro HUMA LYSER 3000 a una longitud de onda de 405 nm24, 25, 26, 27,28.

El otro instrumento utilizado fue el PNF, creado en el Instituto de Medicina del Trabajo en Alemania por Schereider H., Baudach H., Kemep H., Seeber A., 1975 y elaborado para Cuba en su versión 3, por Almirall y colaboradores, 1987 6, específicamente para registrar los efectos neurotóxicos de sustancias nocivas que se manifiestan a través de síntomas y estados displacenteros. Este estudia además los sistemas funcionales de organización de la actividad psíquica del sistema nervioso central y el estado de salud, en las siguientes esferas:

• Inestabilidad psiconeurovegetativa (PN): Preguntas: 2, 4, 6, 12, 14, 16, 22, 24, 26, 30, 32, 34, 36. Incluye el estudio de síntomas como: cefaleas, vahídos, vértigos, trastornos del sueño, debilidad, cansancio, agotamiento, sensación de frío o calor, sequedad en la boca.

• Síntomas neurológicos (N): Preguntas: 1, 8, 11, 18, 21, 28, 31, 38. Comprende síntomas como mareos, vómitos, pérdida de fuerza muscular, perturbaciones del equilibrio, inseguridad al caminar, hormigueos en pies y manos, trastornos en las relaciones sexuales, pesadez en las articulaciones y temblores en los brazos y piernas.

• Astenia (A): Preguntas: 3, 9, 13, 19, 23, 29, 33. Este se refiere a manifestaciones tales como: no tener ánimos para trabajar, sentirse hastiado de todo, no tener interés para nada, lentitud de los movimientos, no tener energía y no querer saber nada de nadie.

• Irritabilidad (E): Preguntas: 5, 15, 25, 35. Comprende no poder controlarse cuando está bravo, perder la paciencia y ponerse furioso y disgustarse demasiado rápido con las personas.

• Déficit de la concentración y la memoria (K): Preguntas: 7, 10, 17, 20, 27, 37. Comprende distraerse fácilmente, dificultad para recordar cosas sencillas (nombres, personas), falla de memoria, estar distraído, dificultad para concentrarse.

La respuesta “nunca o raramente” recibe la puntuación de 0, “algunas veces” 1, frecuentemente 2 y muy frecuentemente 3. Para la calificación se procede mediante la suma de los puntos obtenidos en los ítems de cada escala tomado por separado17.

El distributivo del Cuestionario de síntomas neurológicos y psicológicos se detalla en la Tabla 1.

Tabla 1 Distributivo de signos del Cuestionario de síntomas neurológicos y psicológicos

ESFERAS

Número preguntas

% Distribución

Inestabilidad psiconeurovegetativa (PN)

13

34,21

Síntomas Neurológicos (N)

8

21,05

Astenia (A)

7

18,42

Irritabilidad (E)

4

10,53

Déficit de la concentración y la memoria (K)

6

15,79

Fuente: Almirall 1997.

Elaborado por: Guerrero S., 2015

Para la descripción de la información se elaboraron tasas, medidas de tendencia central y de dispersión. Para evaluar la diferencia entre grupos se utilizó la prueba X2 y se calculó razón de momios.

Resultados

De los 136 trabajadores el 58,82% (80) corresponde a mujeres y el 41,17% (56) hombres. La prevalencia de sintomatología persistente fue de 6.3 por cada 10 trabajadores hombres y 7,56 en mujeres; 50% tuvo seis síntomas o más en hombres y 58% en mujeres. No se encontraron diferencias estadísticamente significativas en el riesgo de padecer sintomatología persistente de acuerdo con la edad, antigüedad, área de trabajo y puesto. No obstante, las proporciones más altas de síntomas se encontraron en los trabajadores varones de 31 a 40 años de edad 35 (62,5%), con 5 a 10 años de antigüedad en la florícola, en el área de fumigación y en los puestos de mantenimiento, en el género femenino se presentó mayor presencia de síntomas en la edad de 20 a 30 años 35 (43,75%) en el área de cultivo. En los 13 trabajadores que tuvieron antecedentes de intoxicación previa, la prevalencia de sintomatología persistente fue de 7.3 contra 6.4 de los que nunca se habían intoxicado.

En la tabla 2, de los resultados obtenidos en mujeres: el 51,61% frecuentemente presentó síntomas neurológicos, inestabilidad alguna vez presentaron el 49,01%, el 47,12% alguna vez refieren Astenia; continuando la Irritabilidad en el 40,42% alguna vez y un 47,02% reportaron déficit de contracción y memoria alguna vez. Resultados algo diferentes se apreciaron en el personal del género masculino: el 81,08% frecuentemente presentó síntomas neurológicos, inestabilidad alguna vez presentaron el 45,83%, el 41,66% muy frecuentemente refieren Astenia; continuando la Irritabilidad en el 38,96% frecuentemente y finalmente un 37,66% reportaron alguna vez déficit de contracción y memoria

Tabla 2 Resultados de neurotoxicidad - Mujeres y Hombres

PERSONAL

N

PN

A

I

K

MUJERES

NUNCA0

AGUNA VEZ1

FRECUENTEMENTE2

MUY FRECUENTEMENTE3

NUNCA0

AGUNA VEZ1

FRECUENTEMENTE2

MUY FRECUENTEMENTE3

NUNCA0

AGUNA VEZ1

FRECUENTEMENTE2

MUY FRECUEN

TEMENTE3

NUNCA0

AGUNA VEZ1

FRECUENTEMENTE2

MUY FRECUENTEMENTE3

NUNCA0

AGUNA VEZ1

FRECUENTEMENTE2

MUY FRECUENTEMENTE3

20

12

32

16

10

50

14

8

18

41

17

4

20

38

10

12

10

48

12

10

PUNTUACION

0

12

64

48

0

50

28

24

0

41

34

12

0

38

20

36

0

48

24

30

PORCENTAJE%

0

9,67

51,61

38,70

0

49,01

27,45

23,53

0

47,12

39,08

13,79

0

40,42

21,27

38,29

0

47,02

23,52

29,41

HOMBRES

2

3

45

6

4

33

14

5

12

24

10

10

5

25

15

9

7

29

12

8

PUNTUACIÓN

0

3

90

18

0

33

24

15

0

24

20

30

0

25

30

27

0

29

24

24

PORCENTAJE

0

2,70

81,08

16,21

0

45,83

33,33

20,83

0

32,43

27,77

41,66

0

32,46

38,96

35,06

0

37,66

31,16

31,16

Fuente: La investigación.

Elaborado por Guerrero, S., 2015

El riesgo de intoxicación aguda previa entre quienes tenían más de 10 años de antigüedad en la empresa fue cuatro veces mayor que el de aquellos con menos de 10 años (p< 0.05). El promedio del nivel de colinesterasa sanguínea fue normal (4.4 u/ml) en 35 mujeres equivalente al 43,75%, baja 50% (40), alta 6,25% (5), en cambio en el género masculino se determinó valores altos en 14,28% (8), bajos 67,85 (38) y normales 17,85% (10). Gráfico N° 1

Gráfico N° 1: Niveles de colinesterasa de acuerdo a género

Fuente: Datos de Investigación.

Elaborado Guerrero S., 2015

Adicionalmente, se debe recalcar que el 67% practicaban la agricultura como actividad adicional a su jornada laboral así como la habían ejercido en trabajos anteriores. Al evaluar la presencia de antecedentes considerados factores de riesgo para el desarrollo de neurotoxicología, se evidenció que el 14% de la población con una edad promedio de 49 años presentaba comorbilidades que pueden conllevar a deficiencia neurológica periférica, entre las cuales fueron referidos el trauma de extremidades, enfermedad renal crónica, enfermedad cardiaca y hepatopatías no especificadas. El 18% de la población con una edad promedio de 41,5 años tomaba medicamentos asociados a compromiso neurológico periférico como complejo B, 19% estatinas y 2% ansiolíticos, sin especificar la dosis ni el tiempo de uso. (Gráfico 2).

Gráfico N° 2: Medicamentos que toman los trabajadores

Fuente: Datos de la Investigación. Elaborado Guerrero S., 2015

Mediante el interrogatorio sobre ocupaciones anteriores o realización de actividades relacionadas con el uso de metales y solventes, se evidenció que el 8% (edad promedio 41 años, DE 16,43; [19-58]) y el 19% (edad promedio 41,5 años, DE 13,33, [19-65]) tuvieron exposición a plaguicidas.

Se encontró que el 16% de la población con una edad promedio de 46 años (DE 10,28; [25-66]) presentó un patrón de consumo de alcohol riesgoso, lo que nos permite suponer un historial de consumo de alcohol importante en la población estudiada, aumentando la probabilidad de desarrollar una intoxicación o neuropatía periférica de origen alcohólico. (Gráfico N°3).

Gráfico Nº3: Distribución de los antecedentes de la población estudiada.

Fuente: Datos de la Investigación. Elaborado Guerrero S., 2015

De la población encuestada, todos refirieron haber empleado plaguicidas en los 6 meses previos a la encuesta. Sin embargo, el 44,11% (60 personas) refirieron utilizar plaguicidas en su oficio actual, con un tiempo de uso variando desde 1 a 126 meses, a una frecuencia desde ocasionalmente hasta diariamente y con una intensidad horaria de una hora hasta 10 horas por cada ocasión. Estos resultados al ser tan heterogéneos y en muchos casos con una fiabilidad incierta en cuanto a la frecuencia y duración del uso de los plaguicidas, hacen difícil una posible estimación objetiva cuantitativa y cualitativa sobre el nivel de intensidad de exposición a plaguicidas por parte de cada trabajador.

Es necesario hacer una aclaración puesto que el 76% de la población que refirió usar plaguicidas en su actividad laboral actual, reportó que no empleaba elementos de protección personal, lo que permite suponer mayor exposición a plaguicidas. (Gráfico Nº 4).

Gráfico 4: Porcentaje de la población que refirió usar habitualmente EPP al estar expuesto a plaguicidas

Fuente: Datos de la Investigación.

Elaborado Guerrero S., 2015

Además de interrogar sobre el uso de plaguicidas en la población objeto, se especificó sobre el nombre de estos y se agruparon en el grupo correspondiente a carbamatos, organofosforados, organoclorados y/u otros, encontrándose que el 42% de la población refirió usar organofosforados, el 32% organoclorados, el 16% carbamatos y 10% refirió usar otro tipo de plaguicidas entre los cuales figuraron piretroides y fenoxiacéticos. (Gráfico Nº5)

Grafico No 5: Porcentaje de la población que refirió usar plaguicidas según grupo de plaguicida empleado

Fuente: Datos de la Investigación.

Elaborado Guerrero S., 2015

Discusión de resultados

De los resultados obtenidos en la presente investigación se puede apreciar que la aplicación, todos refirieron haber empleado plaguicidas en los 6 meses previos a la encuesta, el 44,11% (60 personas) refirieron utilizar plaguicidas en su oficio actual, con un tiempo de uso variando desde 1 a 126 meses, a una frecuencia desde ocasionalmente hasta diariamente y con una intensidad horaria de una hora hasta 10 horas por cada ocasión, resultados diferentes a los reportados por Hernández y colaboradores en el 2007, donde reporta que el 25.7 % aplica plaguicidas una vez por semana, empleando en promedio de 6 a 8 h diarias (51.4 %); el 40.0 % ha realizado esta acción por un período de 1 a 5 años. El 51.4 % es informado y únicamente el 28.6 % es capacitado antes de utilizarlos, aunque esta acción es realizada en el 20.0 % de manera ocasional34.

Respecto a la frecuencia de uso de los plaguicidas, se encontró que en el grupo de herbicidas el más difundido es el glifosato (98%) seguido por el 2,4D (89,3%) y la atrazina (87,4%). En cuanto al uso de los insecticidas, se observó que el más aplicado fue la cipermetrina, empleada por 94,7% de los sujetos, seguida en orden de frecuencia de uso por clorpirifos (78,2%) y endosulfán (69,2%). Entre los fungicidas, 34,6% utiliza Pyraclostrobin + Epoxiconazole, y le sigue en orden de importancia Carbendazim (30,9%). En referencia al uso de múltiples plaguicidas, en promedio los aplicadores utilizaron alrededor de 13 diferentes, y algunos de ellos llegaron a utilizar más de 20 (rango 1 a 25).

Considerando las condiciones de aplicación, el 74.2 % lo hace sin usar equipo de protección y solo el 5.7 % viste indumentaria completa.

Al referirnos a los resultados de la presente en cuanto a la frecuencia de síntomas neurotóxicos podríamos decir, si bien es cierto, no se valoró las mismas variables, pero sin embargo, se puede decir, que la mayor frecuencia de intoxicaciones en el trabajo de Hernández y col; fue causada por organofosforados y estos resultados coincidió con los resultados obtenidos por Durán y Collí, Pose et al., García et al., y Altamirano et al. 35, encontrándose que los plaguicidas son los involucrados con mayor frecuencia en intoxicaciones en todo el mundo, como refiere Cárdenas et al. y que por su toxicidad y reiteración de uso han sido estudiados en mayor detalle según Kamel et al.

Otro aspecto importante es el aporte de las estimaciones sobre condiciones de exposición en el ámbito laboral, en el que destacan las conductas poco apropiadas al utilizar los plaguicidas en personas con el antecedente de una intoxicación aguda o crónica que no fue diagnosticada; y que para agravar no utilizan equipo de protección personal o que es evidente el mínimo porcentaje que usa equipo de protección personal completo; esto reportado por Hernández y col, muy similares hallazgos al reportado por García et al. En el 2002. Así mismo Tinoco y Halperin en el 2001 mencionaron que casi la totalidad del personal estudiado no utilizaba los EPP; para Haro et al., en el 2002 refieren que el 29.0 % se protegía aunque el equipo era rudimentario y Cabanillas et al. 1999 reportaron que sólo el 1.0 % lo utilizaba correctamente al momento de la intoxicación, comparando esta realidad no estamos lejos de lo que sucede en la presente investigación36, 37.

En el trabajo de Lantieri observó que sólo 27% de los trabajadores se viste con ropa impermeable para sus faenas y apenas la mitad usa caretas antigás y protectores de cara; la proporción de usuarios de guantes químicamente resistentes es sólo ligeramente superior. La combinación de los elementos de protección mínimos necesarios para ser considerados “protegidos”, esto es, ropa impermeable, careta antigás y guantes químicamente resistentes, sólo es implementada de manera rutinaria por 11,6% de los trabajadores, mientras que quedan parcialmente protegidos 29% de ellos. El resto, que alcanza al 60%, no se encuentra protegido.

La población estudiada estuvo compuesta por sujetos de sexo masculino, cuya edad promedio fue de 35,3 años (desvío estándar DE: 11,1); 4,7% menores de 21 años y 6% mayores de 55 años; resultados similares al observado en la presente investigación.

Los resultados informan que la exposición a plaguicidas es relevante, con una exposición prioritaria a herbicidas con alrededor de 98% del total de respondientes, con cifras de 97,78 % para glifosato y algo menos para 2-4 D, en primeros lugares; insecticidas, 97%, con cipermetrina, clorpirifos y endosulfan principalmente y en orden decreciente y en menor medida a fungicidas, con el 66% de los cuales Pyraclostrobin +Epoxiconazole se encontró en primer lugar. Aunque el número de plaguicidas citados por cada trabajador varía de 1 a 25, en promedio utilizan cerca de 13 tipos de productos (entre herbicidas, insecticidas y fungicidas). Si comparamos con el estudio nuestro son equiparables los resultados, a pesar que sea otro giro de negocios. La exposición a múltiples principios activos, con diferente grado de toxicidad, toxicocinética y toxicodinámica, en contextos ambientales y tecnológicos variables, ponen de manifiesto la complejidad de la problemática y la dificultad de la cuantificación de la exposición ocupacional a plaguicidas.

Dado que la cantidad de producto absorbido es un factor condicionante crítico en la evaluación de la exposición a plaguicidas, la utilización de equipamiento de protección personal en el momento de la aplicación es un punto de fundamental importancia sobre el que se debe trabajar, tanto en la evaluación epidemiológica como en las estrategias de prevención de la población laboralmente expuesta. Existen evidencias provenientes de estudios de biodisponibilidad (biomarcadores de exposición) y de diferentes biomarcadores de efecto, que muestran una correlación negativa entre medidas de protección y mayor absorción y efectos biológicos en trabajadores expuestos como refieren Fenske & Elkner, 1990; Hines & Deddens, 2001; Remor et al., 2009. Según Vitali como lo cita Lantieri se espera así un impacto negativo en la salud de los trabajadores expuestos a dosis absorbidas que superan los límites de exposición permisibles (PEL’s) existe además un riesgo adicional de genotoxicidad en los grupos de trabajadores que no utilizan equipo de protección en el momento de la aplicación, en relación con los que sí lo hacen, esto referido por Bull et al., 2006; Simoniello et al., 2008 y citado por Lantieri. La genotoxicidad, particularmente los daños ocasionados al ADN –evaluados por los índices de daño del ensayo cometa (DICA) y el índice análisis de reparación (DIRA) ocurre en diferentes momentos a lo largo del proceso que va desde el inicio de la exposición al carcinógeno hasta la aparición del cáncer según Simoniello et al., 2008, este aspecto no se investigó en la presente pero resulta interesante hacer alusión.

Conclusiones

Dentro de la literatura pocos estudios se ha realizado en los últimos años, con respecto a neurotoxicidad, más aún en referencia con colinesterasa.

De lo encontrado se puede concluir que si existe una relación entre los niveles de colinesterasa y los síntomas de neurotoxicidad, siendo esta directa entre el hecho del uso de equipos de protección personal, que la colinesterasa disminuye dependiendo del tiempo de exposición, años de servicio, género.

Recomendaciones

Se propone un plan de prevención inmediato, junto con un programa intense de capacitación.

Limitaciones del estudio

No se contempló algunas variables que resultarían de mucha utilidad, sin embargo a pesar de las limitaciones, el presente estudio provee una caracterización interesante de la exposición a plaguicidas en la población de trabajadores en la floricultura, que puede ser continuada en el tiempo y que aporta al estudio de la red posible de los factores que condicionan dicha exposición

Conflictos de interés

Los autores declaran no tener conflictos de interés en la publicación de este artículo.

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