Innovación tecnológica y seguridad y salud en el trabajo

Innovación tecnológica y seguridad y salud en el trabajo

Mirando al futuro
30 September 2016

Tradicionalmente, la introducción de las innovaciones tecnológicas se ha realizado a través de un proceso en el cual se ha prestado muy escasa atención a las posibles repercusiones negativas de las innovaciones en la salud de las personas, particularmente a la salud de los trabajadores, que eran los primeros en estar en contacto con aquellas y, por tanto, en padecer dichas repercusiones.

Dicho proceso puede considerarse compuesto por siete fases sucesivas:

1) Alguien descubre algo nuevo: una sustancia, una máquina, un proceso...

2) Se detectan en el invento perspectivas de explotación comercial rentable.

3) Rápidamente se ponen en marcha las aplicaciones.

4) En algunos casos al cabo de un cierto tiempo se detectan efectos indeseados sobre la salud de los trabajadores y/o de otros ciudadanos. El asunto se trata con discreción, cuando no con un obvio afán de ocultación (los casos del amianto y el tabaco, por ejemplo).

5) Finalmente, los efectos negativos se hacen evidentes y son generalmente aceptados.

6) En consecuencia, se aplican medidas preventivas que generalmente adoptan la forma de reglamentaciones restrictivas sobre el uso de la invención.

7) En el límite, en algunos casos y tras un período que suele ser prolongado, se prohíbe el uso de la innovación.

La revisión de la historia de la tecnología permite detectar muchos casos ilustrativos. Tomaremos como ejemplos el mercurio, los colorantes de bencidina y el amianto.

Los efectos negativos del mercurio sobre las personas eran conocidos de antiguo. El médico de las minas de Almadén José Parés y Franqués escribía en 1778 en una informe dirigido al Reyi: "Las personas que frecuentan estas minas… se quedan trémulas… algunos tiemblan… de un modo que no les impide regular sus funciones naturales… pero otros… ni les permite comer por su mano ni andar por su pie… ni contar dinero, ni tomarlo de encima de la mesa, ni andar derechos, ni tenerse de pie…".

Estos efectos no eran patrimonio exclusivo de los ilustrados. El sombrerero loco que aparece en Alicia en el País de las Maravillas era un ejemplo de la frase popular inglesa "mad as a hatter" (loco como un sombrerero). Los sombrereros del siglo XIX usaban mercurio para tratar el fieltro de los sombreros y padecían graves enfermedades neurológicas que la ignorancia popular calificaba como locura.

Tras un largo proceso de limitaciones progresivas el mercurio fue prácticamente prohibido... en el año 2013 por el convenio de Minamataii.

Los colorantes de bencidina fueron descubiertos en 1883 por el químico alemán Paul Bottiger. En 1921 un informe de la OIT sobre el cáncer de vejiga entre los trabajadores de las fábricas de anilinaiii concluía que existía una clara relación entre la manipulación de ciertos compuestos de anilina y los tumores de vejiga, y aunque no podía establecer exactamente quiénes eran las sustancias culpables, presentaba como sospechosas principales la bencidina y la beta-naftilamina.

Hacia 1950 las evidencias científicas del poder cancerígeno de la bencidina ya estaban bien establecidasiv, y algunas empresas empezaron a adoptar medidas para reducir la exposición, lo que se tradujo en una disminución de la incidencia de cáncer de vejiga en los trabajadores incorporados después de esa fecha.

Finalmente la Unión Europea prohibió su producción y utilización en 1988 (directiva 88/364/CEE), aunque en otras latitudes se siguió utilizando.

El paradigma de este tipo de actuación es el caso del amianto. Aunque conocido desde la antigüedad por sus propiedades incombustibles, su extracción industrial comenzó en Canadá en la segunda mitad del siglo XIX.

En 1898 en el Informe Anual de la Inspección de Fábricas de su Majestad Británica podía leersev: The evil effects of asbestos dust have also attracted my attention, a microscopic examination of this mineral dust wich was made by H.M. Medical Inspector clearly revealed the sharp glass-like, jagged nature of the particles, and where they were allowed to rise (up?) and remain suspended in the air of the room, in any quantity, the effects have been found to be injurious, as might be expected.

Estas sospechas no afectaron en lo más mínimo a la utilización del amianto, que a principios del siglo XX llegó a utilizarse para fabricar... calcetines que se anunciaban como el colmo de lo saludablevi.

Entre 1935 y 1953 se publicaron varios artículos informando de casos de cáncer entre los trabajadores del amianto. En 1953 la empresa británicaTurner Brothers Asbestos solicitó al Dr. Richard Doll que estudiara los datos de mortalidad de sus trabajadores. El análisis mostró sin ningún género de duda un exceso sustancial de mortalidad por cáncer en los expuestos a amiantovii.

Tuvieron que pasar más de 50 años para que se establecieran limitaciones rigurosas, próximas a la prohibición, en el uso de amianto en muchos países.

En este caso, a diferencia de los anteriores, la actuación de las empresas, particularmente norteamericanas, les ha pasado una gravosa factura: 70 grandes empresas fueron a la quiebra tras pagar unas indemnizaciones a los perjudicados que se estiman entre 200.000 y 275.000 millones de dólaresviii.

Probablemente debido a tan elevados costes, el procedimiento habitual de introducción de las innovaciones tecnológicas ha sido sometido a algunos cambios importantes. Los posibles efectos indeseados se anticipan y se investigan antes de que den lugar a daños masivos, pero sorprendentemente - o no - es frecuente que las conclusiones de distintas investigaciones sean contradictorias o poco concluyentes, con lo que el desarrollo de la implantación de la nueva tecnología avanza sin freno alguno.

Este es el caso, por ejemplo, de la radiación emitida por los teléfonos móviles, de la que se sospecha su acción cancerígena sobre el cerebro desde los primeros años 90 del siglo pasado, sin que los investigadores hayan todavía llegado a una conclusión definitiva.

En la actualidad los responsables de la seguridad y la salud en el trabajo se enfrentan a dos innovaciones tecnológicas muy importantes cuyos posibles efectos negativos sobre las personas son aún poco conocidos, a pesar de lo cual la implantación de aquellas avanzas a pasos agigantados: se trata de los nanomateriales y de la impresión 3D.

Los materiales ordinarios, cuando se presentan en tamaño nano (10-9 metros) adquieren propiedades radicalmente distintas de las que poseen en los estados de agregación "ordinarios". La posibilidad de fabricar materiales a escala nano ha abierto un panorama casi infinito de aplicaciones en todos o casi todos los sectores de actividad, desde el transporte hasta la medicina, pasando por la construcción, la energía, los bienes de consumo y muchos otros.

El problema estriba en que no sabemos casi nada sobre los efectos dañinos de las nanopartículas sobre la salud de las personas, aunque sí sabemos que son capaces de atravesar todas las barreras biológicas. Una nanopartícula inhalada por una persona puede llegar a cualquiera de sus órganos, incluido el cerebro; lo que pueda hacer allí es en buena medida un misterio, aunque hay indicios de que puede afectar a las estructuras celulares más íntimas, como el ADN.

De ahí que una primera actuación debería ser investigar si en nuestra empresa entran nanomateriales incorporados a algún producto que adquiramos, como es el caso de la chatarra, pero no solo de ella. Dada la variedad de aplicaciones ya comercializadas, es más que probable que alguno de los suministros que adquirimos contenga nanomateriales, y que durante la utilización de aquellos las nanopartículas puedan pasar al aire y ser respiradas.

La llamada impresión 3D, cuya denominación más correcta es la de fabricación aditiva, está en vías de sustituir en gran cantidad de aplicaciones a la tradicional mecanización sustractiva: es más barata, más rápida, más económica, permite adoptar diseños imposibles por el método tradicional y hace posible pasar del diseño en el ordenador a la pieza acabada en un solo paso.

Aunque las primeras aplicaciones lo fueron para formatos pequeños y usando plásticos como material, ya se han detectado contaminaciones peligrosas que han hecho que se recomiende utilizarlas con medias de ventilación específicas.

La disponibilidad en el mercado de impresoras de gran formato (del orden de los metros) y de la posibilidad de emplear metales fundidos amplía exponencialmente las probabilidades de que en la impresión 3D se den exposiciones peligrosas.

Los prevencionistas deberían estar vigilantes, no solo para proteger la salud de los trabajadores, sino también para defender a sus empresas (y quizá a ellos mismos) de posibles litigios futuros. El caso del amianto no debería repetirse, lo cual exige la aplicación generalizada del principio de precaución.

BIBLIOGRAFÍA

i Menéndez Navarro. A. Catástrofe morboso de las minas mercuriales de la villa de Almadén del Azogue (1778) de José Parés y Franqués. Universidad de Castilla la Mancha.1998

iihttp://www.mercuryconvention.org/Portals/11/documents/conventionText/Min...

iii International Labour Office. Cancer of the bladder among workers in aniline factories. Geneva. 1921

iv Meigs, J.W., Marrett, L.D., Ulrich, F.U. & Flannery, J.T. (1986) Bladder tumor incidence among workers exposed to benzidine: a thirty-year follow-up. J. Natl Cancer Inst., 76, 1-8.

v Bartrip,P. The way from dusty death. Turner&Newall and the Regulation of Occupational Health in the British Asbestos Industry 1890s-1970. The Athlone Press. 2001.

vi Anuncio publicado en la revista "Australasian Good Health" Vol 9. Nº 2. Febrero de 1906.

vii Doll, R. 1955 “Mortality from lung cancer in asbestos workers”. Brit J Industr Med Vol 12 pp 81-6

viii www.pointoflaw.com/asbestos/overview.php

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