JORNADA REGRESO AL TRABAJO: ENTRE EN EL FUTURO, OLVÍDESE DEL AYER

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JORNADA REGRESO AL TRABAJO: ENTRE EN EL FUTURO, OLVÍDESE DEL AYER

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22 May 2020

Machaconamente nos predicen lo que va a pasar, cuánto tiempo tardará la economía en volver a la “normalidad” y nos explican el porqué de todo lo que nos ha pasado.

El problema es que estos gurús del futuro no estaban, ni se les esperaba ayer, y una pequeña revisión de las hemerotecas nos permite el alivio de contemplar que, ni por asomo, vieron venir el presente. Eso debería indicarnos que, lo más probable, es que ahora tampoco acercarán en sus pronósticos a lo que vendrá.

Existen grandes “explicadores científicos” del pasado, pero muy pocos pronosticadores fiables del futuro. Más vale que nos remanguemos y empecemos a trabajar con creatividad, exigencia, tesón, voluntad y mucho sacrificio para construir una nueva realidad más armónica y justa para todos.

¿Pero cómo? Seguramente cuestionándonos muchos ‘a priori’ y algunos de ellos estructurales… vamos a imaginar que desaparecen los fines de semana y se redistribuyen a lo largo de la semana, a voluntad y necesidad de los trabajadores. Tal vez sea una medida poco realista que, en cambio, permitiría una reducción drástica de las aglomeraciones en determinados lugares de ocio y comercio ¡qué decir de lo que podría ocurrir en los periodos vacacionales!

Imaginemos que, de una vez, introducimos los horarios flexibles con un amplio espectro de entradas y salidas y lo generalizamos a colegios y empresas. Significaría que aprovecharíamos y estiraríamos mucho más las veinticuatro horas del día y ayudaríamos a reducir concentración de usuarios en autobuses, trenes, metro e, incluso, en carreteras.

Y si los restaurantes hicieran como la Champions y los partidos de máximo interés por sus millonarias audiencias en televisión celebraran miércoles y jueves ‘gourmet’ tal vez tendrían la misma clientela pero distribuida en 4 o 5 días en vez de que se quedará concentrada en viernes y sábado. Del negocio del fútbol podemos aprender mucho.

Por último, ¿qué pasará si al comercio electrónico lo apoyamos con ayudas a las grandes cadenas y que estas abran en ciudades de menos de, por ejemplo, 20.000 habitantes? Se podría redistribuir su alcance a los no urbanitas. ¿Y si primamos a las empresas por la deslocalización territorial, de verdad, para facilitar la ocupación racional del territorio?

Seguro que nada de lo que planteamos se dará, pero al menos aportamos incógnitas a sacar de la ecuación. Aligeramos el campo de la conjetura, sin pretender ver el futuro, apoyándonos en prejuicios ideológicos. Como decían los positivistas: el pasado, no debería condicionar el presente… y mucho menos el futuro.

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