Los robots generan una evidente pérdida neta de empleo y salarios según un estudio realizado con datos reales

Los robots generan una evidente pérdida neta de empleo y salarios según un estudio realizado con datos reales

Un trabajo académico con datos reales sobre la introducción de robots en la industria de Estados Unidos entre 1990 y 2007 muestra que se perdieron 670.000 empleos y cayó el salario un 0,7%
26 May 2017

El impacto negativo o positivo de la introducción de robots e inteligencia artificial sobre el empleo es uno de los debates más en boga. Los políticos son los que lanzan mensajes positivos, como el de la ministra alemana de Economía, Brigitte Zypries, quien en una entrevista concedida a varios medios europeos, entre ellos a El País, sostenía que “los pros predominarán sobre los contras”, o sea que crearán más puestos de trabajo de los que destruirán, y se mostraba rotundamente contraria a ideas como la declarada por Bill Gates de penalizar fiscalmente con una tasa a los robots que realicen trabajos humanos con el fin de amortiguar los costes sociales que la robotización implica. Sobre la medida propuesta por Gates hay una interesante reflexión de Yanis Varoufakis.

Dos de los mayores expertos en el estudio de las ventajas y desventajas de la introducción de los robots en los procesos de fabricación y logística, Daron Acemoglu y Pascual Restrepo, economistas académicos del MIT, aunque ahora el colombiano enseña Economía en la Universidad de Boston, acaban de publicar un ensayo, ‘Robots and Jobs: Evidence from US Labor Markets’ (adjuntamos el texto completo), en el que muestran que tras estudiar y analizar el empleo industrial en Estados Unidos entre 1990 y 2007, el efecto de destrucción neta de puestos de trabajo es evidente. “Constatamos un efecto negativo serio y claro de los robots sobre el empleo y los salarios”, aseguran los autores de este trabajo académico.

La relevancia de este trabajo es que contradice otro suyo, teórico y conceptual,’The Race Between Machine and Man: Implications of Technology for Growth, Factor Shares and Employment’, que publicaron en mayo del año pasado estos profesores de Economía. En el de hace un año consideraban que la mayor automatización del trabajo supondría la creación de nuevos y mejores trabajos, obviamente con salarios más elevados. A la postre, los robots reemplazaban a trabajadores menos cualificados, pero ofrecían más empleo para ingenieros, programadores, etcétera.

Sin embargo, en el nuevo ensayo, ahora trabajando con datos reales, se han dado cuenta de que la promesa de un cambio mejor no se sostiene en materia de creación de empleo y aumento salarial, más allá de que en el futuro se pueda confirmar la promesa de los optimistas. El estudio describe como en los 17 años estudiados, la robotización, que se multiplicó  por cuatro en este periodo, habría generado la destrucción neta de 670.000 puestos de trabajo. Esta cifra aumentará sustancialmente ya que la penetración de los robots en las fábricas de industrias como la del automóvil, electrónica, plástico o química, se acelera. Los autores estiman que en zonas concretas, la introducción de un robot por cada  1.000 trabajadores desaparecen 6,2 puestos de trabajo y los salarios caían el 0,7% por la menor demanda en el mercado laboral.

Tomando en consideración todo el país, las cifras no eran tan altas ya que algunas pérdidas de empleo en zonas concretas se compensaban con la ganancia en otras. En el conjunto de la población, el nivel de automatización de esos años, en los que se multiplicó por cuatro el número de robots, la disminución de empleo se sitúa entre el 0,18 y 0,34%.

Lo que se subraya en el estudio es que la integración de los robots (y ahora también de la inteligencia artificial) en el proceso productivo se desarrolla a más velocidad que la formación de trabajadores y estudiantes. Por consiguiente parece obvio que hay que tomar medidas para paliar este desfase. El Parlamento Europeo, a través de una ponencia,  ya ha requerido a la Comisión para que siga de cerca la influencia de los robots en toda su amplitud, no sólo en el empleo.

Fuente: La Celosía

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