PODER Y CORRUPCIÓN.

PODER Y CORRUPCIÓN.

Las fuentes del poder son muchas. Sin embargo, muy pocas de ella pueden atribuirse al esfuerzo personal. Una cosa que debemos tener claro, que el hombre con su propio esfuerzo no es capaz de acumular grandes riquezas y, en consecuencia, el poder que viene con ella.
26 Julio 2020

 

PODER Y CORRUPCIÓN.

Las fuentes del poder son muchas. Sin embargo, muy pocas de ella pueden atribuirse al esfuerzo personal. Una cosa que debemos tener claro, que el hombre con su propio esfuerzo no es capaz de acumular grandes riquezas y, en consecuencia, el poder que viene con ella. Ya lo dijo el documento más antiguo, al informar que el pan se ganarás con el sudor de tu frente. Distinto es, que para algunos les es fácil captar los esfuerzos de los otros y así sumar el producto de la riqueza que otros crean a su propia bolsa. Desde K. Marx hasta las encíclicas papales hay expresiones que se refieren al tema, de tal modo, que lo que diga en este documento, ya se encuentra debatido desde hace muchísimos años, digamos que los pensadores más eminentes han navegado en un océano de palabras para explicar el fenómeno, aun cuando hasta la fecha economistas, políticos, empresarios se torturan con el tema.

 

La cuestión es que, cualquiera sea el origen del poder, el dinero, el caudillismo político, la dictadura, como la de los execrables y siniestros personajes de Franco y Pinochet, esta calidad constituye en su esencia una desvalorización del alma humana. La literatura es el espejo fiel donde se refleja este vicio insoportable del hombre, por otra parte, El Libro, en muchos y diversos pasajes se refiere a lo mismo. Es más, actualmente la ciencia psiquiátrica ha emprendido la investigación de este trauma, por cuanto, es el causante de muchas desgracias en el mundo y hasta ahora, ha causado dolor y sufrimiento a miles de personas.

En efecto, hoy se trata el síndrome de Hubris, cuyo diagnóstico se refiere al cambio de personalidad que las personas experimentan, cuando asumen una cuota de poder. Desde el punto de vista laboral, lo que debiera ser base para un Liderazgo creativo y multiplicador, se transforma, como consecuencia de esta enfermedad mental en una jefatura tóxica. Todos hemos conocido, y muchos sufrido, a personas desviadas mentalmente, que usan su poder para causar daño a otro, lo que les hace sentirse cómodamente superiores. El dolor que causan, claramente les produce alegría. Ser observa en las organizaciones empresariales, en los servicios públicos, en las relaciones conectadas a la política, he incluso en las relaciones de pareja, si vamos a la situación microsocial.

 

En materia de derecho laboral, el artículo 2° del CdelTr., trata el tema y califica estas acciones de acoso laboral o mobbing, cuando la toxicidad se refiere a la conducta patológica de atacar a la víctima, usando las herramientas del poder, sea gerencial o de mera jefatura intermedia. Es más este ilícito tiene relación con otras acciones como el acoso sexual o la discriminación por cualquiera de las causas o razones que la disposición explica.

El poder, pareciera romper los moldes ético del individuo quienes se mueven en la organización donde ejercen su poder (jefatura), con absoluto desprecio por los demás. De ese modo, dejan ver rasgos psicopáticos compulsivos con serias tendencias esquizofrénicas, mostrando un endiosamiento característico, narcisismo, muy fácil de detectar por las personas normales.

La idea de esta denominación de la falla psicosocial, deriva de la expresión griega hubris, que dice relación con las actuaciones desmesuradas del individuo, oponiéndose a a lo que debe entenderse como actuaciones guiadas por la sobriedad, la reflexión y la moderación en el actuar respecto de otras personas.

Un general, romano, vencedor de muchas batallas, tenía un esclavo, que debía decirle al oído “recuerda que solo eres un hombre”, cuando era aplaudido y ensalzado por la plebe romana.

Ahora bien, el camino al poder de estas personas se encuentra pavimentado de la vida y el sufrimiento de muchos sobre los que fue pisando para escalar. Aún, cuando sus cualidades personales le distingan como un hombre inteligente, su poder, en mayor o menor grado, siempre se debe a que en el camino hasta la meta debió, de cualquier modo, dejar a un lado a otros.

Pensemos solamente en lo que ocurre en nuestros propios hogares. La comodidad que tenemos, muchas veces, no es una cuestión de trabajo doméstico familiar, sino, de la más vil explotación de una persona que nos ayuda a solucionar los problemas de la casa, por un salario vil. Es lo mismo que ocurre en cientos de empresas, de cualquier tipo, grandes o pequeña a quienes los trabajadores sobre explotados, dejan una considerable suma producto de su trabajo, al empleador, quienes les paga un salario mínimo, con el que hoy, como efecto de la pandemia global, se ha demostrado es un hecho indesmentible.

La utilidad que proviene del trabajo de otros, es inversamente proporcional a la utilidad de quien otorga el trabajo. En otras palabras, en cuanto más pago en salarios, menos utilidad me que de lo que mi trabajador produce. Aceptar esta situación es inmoral, injusto y constituye una forma de corrupción. La honradez del empleador está en encontrar el equilibrio perfecto.

Este poder, adquirido, de ese modo, lleva en su forma y contenido, un elemento de corrupción innegable e irrefutable, a pesar de todo lo que se pueda decir en su defensa. Como consecuencia de ello, la base de la sociedad se alza en hechos ilícitos, legal y moralmente, creando un mundo donde se acepta por costumbre, por doctrina o por la fuerza, las acciones de corrupción permanente, al punto, que hablar sobre el tema no deja de causar una comezón, que irrita no solo el cuerpo, sino, también, el alma. Pues, la conciencia nos dice, que hay un porcentaje de verdad en este planteamiento, y que de hecho también hemos caído en esta situación de corrupción, en algún momento de nuestra existencia.

Lo importante es, que conociendo que esta droga embriaga los sentidos, y que engaña a los seres humanos, haciéndonos creer muchas veces que somos superiores a otros seres humanos, y que eso nos da derecho al abuso, lo que es corrupción en sí, y que, desde allí, se dispara a todos los ángulos de la vida social, y si como digo, nos damos cuenta de ello, eso sería el primer paso a reivindicarnos como hombres buenos y poner el dedo en la llaga de los demás, que no han tomado conciencia de ello.

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