La economía circular en el entorno urbano y en los edificios

La economía circular en el entorno urbano y en los edificios

Las viviendas y oficinas han de ser edificios modulares, inteligentes, sostenibles, diseñados, construidos y gestionados aplicando los principios de la economía circular. Con creatividad y orientación innovadora, los entornos urbanos se deben convertir en focos de actividad económica circular que faciliten la reutilización de materiales y recursos, y aseguren la protección de los ciudadanos y del medio ambiente.
7 Julio 2018

Las ciudades, al concentrar personas sobre territorios geográficos reducidos, constituyen un escenario perfecto para liderar la implantación de la economía circular. Actúan como un eficaz caldo de cultivo para la innovación, al tiempo que también facilitan el intercambio de recursos, energía e información, y cuentan con suficiente población para probar nuevos modelos organizativos. En las ciudades es posible procesar y utilizar gran variedad de datos para optimizar, orientar y controlar la eficacia de diversos sistemas, tales como la demanda de energía, el transporte público, la gestión del agua y de los residuos, o la logística de la distribución.

Las ciudades son como un cuerpo vivo. Los metabolismos urbanos son complejos e interdependientes, y no es posible modificar una función sin producir algún impacto en las demás. A medida que el nivel de complejidad crece en las ciudades, se hace necesario un enfoque que ayude a construir resiliencia, en lugar de crear nuevos problemas. A la vez que estimula las oportunidades innovadoras de negocio, la economía circular puede también ayudar en la toma de decisiones en el ámbito urbano y a buscar soluciones sostenibles dentro de esta complejidad.

Hoy en día se dispone de herramientas eficaces para ir hacia una economía sostenible en el sector urbano. Esta visión adquiere especial relieve cuando se analiza el papel que puede desempeñar este sector como integrante de una economía basada en principios circulares. Es importante el potencial que tiene este sector como parte de un sistema amplio y transversal, puesto que las ciudades desempeñan un papel fundamental como motores de la economía global. De hecho, es en este sector donde se pueden generar importantes ventajas derivadas de la circularidad, ya que en él confluyen los tres pilares fundamentales de la sostenibilidad: la gestión de residuos, del agua y de la energía.

La evolución urbana es ahora una realidad global. De acuerdo con estudios de Naciones Unidas, dos de cada tres personas vivirán en una ciudad en el año 2030, comparado con el 54% actual, el 30% de 1950, y el 66% previsto para el año 2050. Actualmente, en Europa el 75% de la población vive en ciudades, y en Estados Unidos la cifra es de más del 80%. En el año 2000, había más de 200 ciudades con más de un millón de habitantes y 23 metrópolis con más de 10 millones de ciudadanos. 2.500 millones de individuos se unirán pronto al grupo de personas que viven en las ciudades, fenómeno que será aún más acusado en los países en desarrollo, lo que conllevará importantes consecuencias para el transporte, la vivienda, la salud, el trabajo, la seguridad y las relaciones de convivencia. A pesar de que actualmente sólo ocupan el 2% del planeta, las ciudades ya albergan a la mitad de la población del mundo, consumen el 75% de la energía producida, y generan el 80% de las emisiones globales de CO2.

En combinación con otros fenómenos, tales como la escasez de recursos hídricos y el cambio climático, la realidad urbana tiene un impacto muy significativo en la calidad de vida de los ciudadanos. El aumento constante de la flota de automóviles, asociada al aumento de la población, provoca la saturación de carreteras y ciudades. Esto conlleva importantes pérdidas económicas si se tiene en cuenta la reducción de la productividad de los trabajadores atrapados en los atascos, el aumento del precio de bienes y servicios, el aumento del coste del transporte debido a los atolladeros del tráfico, y el valor monetario equivalente a las emisiones contaminantes de los vehículos.

Para asegurar un futuro acogedor en las ciudades no sólo se requiere disminuir el impacto ambiental de las actividades humanas, sino también redefinir las condiciones de movilidad y acceso, la gestión de residuos, el transporte, el aislamiento de edificios y la gestión de la energía, aproximando los ciclos técnicos a los ciclos biológicos. El éxito de este tipo de iniciativas se basa en adecuadas políticas urbanas, pero la toma de conciencia y la participación de todos los actores comprometidos con ellas son capitales cuando se trata de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y de asegurar la sostenibilidad.

En cuanto a los edificios, hay que destacar que constituyen el módulo esencial de la sostenibilidad del ámbito urbano. Al igual que las ciudades, son unidades complejas y multisistémicas, con numerosos procedimientos individuales de control y mantenimiento enfocados a garantizar la seguridad y comodidad de sus ocupantes. A nivel mundial, los edificios consumen alrededor del 42% de toda la electricidad, más que cualquier otro activo, y se estima que en 2025 los edificios serán los mayores emisores de gases de efecto invernadero del planeta. Ante estos hechos, no es de extrañar que se deban realizar serios esfuerzos para abordar la eficiencia y la sostenibilidad en el sector de la edificación.

Los edificios consumen parte importante de la energía total mundial. Por lo tanto, es fácil deducir que en este entorno el potencial de ahorro es significativo, así como lo es la posibilidad de reducción de las emisiones de CO2, tanto en el caso de edificios en construcción como en edificios existentes. Considerando la demanda creciente de nuevas edificaciones, tales como viviendas sociales, hospitales y escuelas en los países en desarrollo, el potencial a nivel mundial es mucho mayor. Gestionar adecuadamente la energía en los edificios tiene como fin optimizar, mediante actuaciones especializadas, el rendimiento y la eficacia de las instalaciones que la consumen. Por esta vía, es posible hacer frente a los retos que plantea el creciente incremento de los costes energéticos, teniendo en cuenta un escenario estratégico proyectado a medio y largo plazo.

La incorporación de los principios de la economía circular al ámbito urbano ha de comenzar considerando a los edificios como factores determinantes de la sostenibilidad y de la optimización en el uso de recursos de todo tipo. En este punto, adquieren relevancia las iniciativas de arquitectura y edificación sostenible y bioclimática, que implican la consideración de criterios que se han de aplicar desde la fase de diseño, y a lo largo de todo el ciclo de vida de los inmuebles. Las principales características de este planteamiento son las siguientes:

  • Implantación y ubicación: el proyecto constructivo ha de tener en cuenta la orientación del edificio, la latitud, la zona climática y el entorno inmediato para obtener una adecuada calidad ambiental. La consideración de la dirección de los vientos en invierno y en verano, así como la posición del sol durante todo el año, es muy importante para determinar los elementos bioclimáticos de cualquier edificio. Los edificios iluminados y ventilados de forma natural, así como los que utilizan fuentes de energía alternativas, constituyen inversiones muy rentables.
  • Optimización energética: se debe procurar reducir el consumo y utilizar el máximo posible de energías renovables, con el objeto de cubrir las necesidades energéticas del edificio buscando la autosuficiencia y el autoconsumo, tal y como lo permiten, por ejemplo, las placas solares fotovoltaicas, las turbinas eólicas y los paneles termosolares.
  • Sistemas de automatización y gestión ambiental: es aconsejable y ventajoso incorporar sistemas domóticos de gestión de energía para automatizar el control de la climatización y de la iluminación en los edificios. Instalar sistemas de regulación en instalaciones antiguas, reemplazar calderas anticuadas por equipos de condensación, y utilizar bombillas de bajo consumo, son claros ejemplos de medidas conducentes mejorar la eficiencia energética y las condiciones ambientales del edificio.
  • Sistemas de construcción: el empleo de sistemas pasivos de recubrimiento aislante, así como las fachadas ventiladas, aporta importantes ventajas económicas y técnicas en relación con el consumo energético, además de sus propiedades de aislamiento y protección solar, y de impermeabilidad frente a la lluvia y el viento. Es también posible disponer de este tipo de elementos elaborados con materiales reciclables.
  • Utilización de materiales sostenibles y ecológicos: un requisito que parte de la premisa de que en los ecosistemas naturales no existe la “basura”, entendida como tal desde el punto de vista coloquial. En la edificación, el desafío radica en el cierre completo del ciclo de los materiales, de modo que desde la etapa de diseño se prevea su reciclaje o su reutilización como tales, o como elementos mejorados que incrementen su valor. También es necesario medir la energía que se ha de invertir en las diferentes fases por las que han de pasar los materiales que se emplearán en la construcción, tales como su transporte, su procesamiento y su manipulación. Existen tecnologías que permiten el diseño sostenible de procesos y productos, de tal modo que su uso y consumo sean ambientalmente beneficiosos, tal y como sucede en los ecosistemas naturales. Los materiales para la construcción pueden igualmente diseñarse y producirse para ser retornados al medio ambiente de manera segura. Además, se cuenta con una serie de herramientas de gestión ambiental para controlar, efectuar el seguimiento de las actuaciones, llevar a cabo medidas correctoras, y evaluar con mayor precisión el impacto de los materiales de construcción en el entorno. Estas herramientas se han de utilizar a lo largo de todo el ciclo de vida de dichos recursos, es decir, desde su extracción, procesamiento, transporte, y utilización, hasta su disposición final o eliminación.
  • Innovación ecológica y ecodiseño: es una opción de gran impacto en el sector de la edificación. Mediante la innovación ecológica, no solo es posible construir edificios sostenibles y eficientes, sino también con una imagen y unas condiciones que realzan su estética y sus condiciones de seguridad y confort. Los edificios diseñados aplicando criterios ecológicos son construidos reduciendo el empleo de materiales no reciclables y consumen menos energía, ajustándose a los criterios de la economía circular, y facilitando el incremento de su ciclo de vida útil, lo cual redunda también en sustanciales ahorros de índole económica.
  • Gestión eficiente del agua: es una necesidad imperativa, ya que es indiscutible que el agua ejerce un impacto directo sobre la salud de las personas y la estabilidad ambiental. El agua, como recurso, es tanto o más importante que la energía, y su escasez en el mundo conduce a tener muy en cuenta que uno de los problemas más urgentes de resolver es garantizar la estabilidad de su abastecimiento. En el sector de la edificación se cuenta con diversos métodos y sistemas que permiten optimizar la gestión y el consumo de agua en los inmuebles en consonancia con los principios de la economía circular. El reciclaje del agua es una de las formas más eficaces de preservación de este recurso natural, puesto que es posible apreciarla, sentirla, controlarla y reutilizarla de modo cotidiano, personal y directo. Las medidas de ahorro de agua constituyen una forma tangible de poner en práctica los planteamientos de la sostenibilidad, y en el ámbito de los edificios, dichas medidas son relativamente fáciles de llevar a la práctica si antes se incentivan hábitos de comportamiento y consumo responsable por parte de los ciudadanos.
  • Construcción sostenible: es otro de los principios fundamentales de la aplicación de la economía circular en el sector de la edificación. Cerca del 80% de la vida de las personas se desenvuelve en el interior de edificios, y la mayor parte del tiempo restante dentro de ciudades. La vida urbana ha provocado el distanciamiento del hombre de la naturaleza, y las personas han perdido el contacto con los ciclos estacionales naturales. Las ciudades y los edificios se encuentran cada vez más desvinculados del territorio en todos los aspectos, menos el visual, y en este sentido resulta esencial recuperar una relación armoniosa entre los estilos de vida y su relación con el medio natural.La descentralización y la descongestión urbana aparecen aquí como dos opciones a plantear si se desea vivir en ambientes más humanizados, y asegurar el uso de los recursos, incluidos el espacio y el territorio, de una manera más equilibrada.
  • Gestión de residuos: los residuos generados por el sector de la edificación representan aproximadamente el cincuenta por ciento de los residuos que se depositan en vertederos, que además en ocasiones son gestionados de modo descontrolado. Se puede contribuir a la reducción de residuos de cuatro formas:
  • La estandarización y el diseño modular, incluida tanto la cadena de producción como la cadena de residuos.
  • La selección de materiales reutilizables, recuperados o reciclados con el fin de impulsar el reciclaje.
  • El diseño de edificaciones mediante montajes y uniones mecánicas, y el empleo de morteros de cal en lugar de cemento, aumentando de este modo las posibilidades de reciclaje.
  • El proyecto de edificios flexibles aptos para ser reutilizados. Dado que la duración estructural de un edificio suele ser mayor que la económica (más de 100 años en lugar de 50), se debería considerar sus posibles cambios y alternativas de uso a lo largo de su ciclo de vida útil.

El entorno de la edificación ha de evolucionar para ofrecer a las personas algo más que refugios. Las viviendas y oficinas han de ser edificios modulares, inteligentes, duraderos, sostenibles, diseñados y construidos con materiales susceptibles de ser integrados en los ciclos de la economía circular. Con creatividad y sentido de innovación, los entornos urbanos se deben convertir en focos de actividad económica que propicien la recirculación y el reaprovechamiento de materiales y recursos, así como la protección de los ciudadanos y del medio ambiente.

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