El futuro de la prevención

El futuro de la prevención

¿Escasearán los trabajadores a proteger?
30 Junio 2017

En octubre de 2001 la revista Professional Safety, órgano oficial de la American Society of Safety Engineers, publicó los resultados de una encuesta realizada entre sus socios sobre las proyecciones de su profesión para la próxima década1. La predicción que alcanzó un mayor consenso fue que gestionar la prevención se realizaría mayoritariamente con soportes informáticos, lo cual no tenía, como predicción, un mérito particular. La segunda predicción más consensuada fue mucho más interesante: los ingenieros de seguridad americanos opinaron que «las empresas y los profesionales de la seguridad tendrán que hacer frente a los retos de una fuerza de trabajo envejecida».

Ése era en esas fechas y sigue siendo hoy en día el gran reto de la prevención (y no sólo de la prevención, sino también de los sistemas de seguridad social, como nos recuerdan un día sí y otro también los medios de comunicación) en las próximas décadas: la disponibilidad de mano de obra joven va a disminuir rápidamente por razones estrictamente demográficas. Uno de los rasgos que más diferenciará la sociedad del futuro inmediato de la de hoy es el aumento de la población de mayor edad, que se producirá simultáneamente con la disminución de la población joven.

El aumento de la población de edad avanzada no es algo nuevo. Desde principios del siglo XIX, como muestra la figura siguiente, la esperanza de vida no ha dejado de crecer y, por tanto, ha aumentado el número de ancianos.

Sobre esta cuestión debe señalarse que, como en tantas otras cosas, las desigualdades son importantes y el aumento de la esperanza de vida ha sido mucho mayor en los países ricos que en los pobres, como se ve en la siguiente figura:

Pero lo que es nuevo es la disminución de la proporción de jóvenes, que tiene su origen en el descenso de la natalidad, como muestra la siguiente figura2, en la que el concepto de "joven" se refiere a las personas entre 18 y 24 años:

Y en esas condiciones, indefectiblemente, las personas cuya salud se lo permita tendrán que trabajar hasta cerca de o incluso pasados los setenta años, para que los sistemas de pensiones no quiebren. De ahí el retraso generalizado en la edad de jubilación, hecho posible en buena medida por la desaparición de la mayoría de los trabajos físicamente exigentes.

El envejecimiento generalizado de la población trabajadora tendrá dos consecuencias importantes para la prevención: por un lado, creará una nueva motivación para practicarla, a fin de evitar que los problemas de salud causados (o no) por el trabajo reduzcan aún más la escasa mano de obra disponible. El auge de la promoción de la salud en el trabajo, con sus distintas variantes y etiquetas (NIOSH, por ejemplo, ha patentado la marca Total Worker Health) forma parte de la estrategia para controlar el problema.

Por otro lado, el envejecimiento de la población trabajadora obligará a adaptar los puestos de trabajo, diseñados en general para adultos jóvenes, a personas de mayor edad. BMW ya ha construido una fábrica diseñada específicamente para trabajadores “mayores”, si bien otras empresas siguen empecinándose en resolver el problema despidiendo a los mayores para sustituirlos por jóvenes (con menor salrio y peores condiciones de trabajo, por supuesto)… o por robots3.

El segundo gran cambio para la prevención tendrá su origen en las modificaciones en la estructura de las ocupaciones de la población trabajadora. Si en los países desarrollados el siglo XX fue el de la desaparición de la agricultura como fuente de ocupación, el siglo actual verá algo parecido con los trabajadores industriales, sustituidos por robots, y de la construcción, cuya industrialización reducirá grandemente las necesidades de mano de obra.

Por otra parte, la concentración del trabajo en los servicios, donde los accidentes se dan con menor frecuencia que en la industria o la construcción, está permitiendo que afloren otros problemas de salud que, aunque sin duda existían antes porque están manifiestamente relacionados con el trabajo, quedaban ocultos por otras situaciones más perentorias: problemas como el estrés, el burnout, el mobbing, el bullying...

Todos ellos tienen en común un aspecto crucial: su relación de causa-efecto con el trabajo es difícil de establecer en cada caso individual, porque a su aparición pueden contribuir tanto factores laborales como extralaborales. Esto deja fuera de juego a los sistemas de indemnización, que eluden el problema ocultando la cabeza bajo el ala y refugiándose en conceptos obsoletos, como el de enfermedad profesional. Mientras tanto, sin embargo, los enfermos están ahí, están de baja, con costes importantes para las empresas, para el conjunto de la sociedad y, por supuesto, para su propia salud.

La patología psicosocial asociada al trabajo es, pues, otro de los grandes retos a los que tendrá que hacer frente la prevención, como consecuencia de los cambios en la estructura de la ocupación.

A todo ello se superpone una nueva y más importante incógnita: en un futuro no demasiado lejano, ¿quedarán trabajadores cuya salud laboral deba ser protegida?

En septiembre de 2013, Osborne y Frey, dos investigadores de la universidad de Oxford, publicaron un documento4,5 en el que estimaban que el 47% de los puestos de trabajo de los Estados Unidos desaparecerían en un plazo de unos 20 años sustituidos por la fuerza de la informatización. Ello afectaría no solo a puestos de trabajo “manuales” sino a trabajos “intelectuales” de nivel medio y medio-alto y, obviamente, se aplicaría no solo a los Estados Unidos sino a todo el mundo “desarrollado”.

Posteriormente las alarmas sobre la sustitución masiva de trabajadores por robots no han hecho sino acrecentarse. A finales de mayo de 2015 saltaba la noticia6 de que Foxcon, el fabricante chino de los Iphone, Ipad y otros gadgets similares iba a sustituir a 60.000 trabajadores por robots. Posteriormente, en diciembre de 2016, la misma empresa anunció su proyecto para robotizar completamente sus fábricas, sustituyendo a un millón de trabajadores7.

Desde entonces las noticias sobre los avances de la inteligencia artificial y su capacidad para superar a los humanos en actividades tan complejas como el juego del Go aparecen un día sí y otro también en los medios de comunicación8, amenazando con barrer a una buena parte de los trabajos considerados "intelectuales".

El siguiente gráfico, tomado de un informe del McKinsey Global Institute publicado en enero de 20179 aporta interesantes datos al respecto.

De todo ello se deduce que el objeto principal de la prevención, los trabajadores, podría empezar a escasear en un futuro no lejano. Quizá habría que pensar en ello.

BIBLIOGRAFÍA

1 Adams SJ. Projecting the next decade in safety management. A Delphi study. Professional Safety 2001: 26-29.

2 http://www.pololeos.com/english/biblioteca/cifras/cifras.html

3 Castejón, E. Dos maneras de enfocar el envejecimiento de la población trabajadora . 2016 http://www.prevencionintegral.com/comunidad/blog/entre-sin-llamar/2015/1...

4 http://www.oxfordmartin.ox.ac.uk/downloads/academic/The_Future_of_Employ...

5 http://futureoflife.org/data/PDF/michael_osborne.pdf

6 http://www.itespresso.es/foxconn-sustituye-60-000-trabajadores-por-robot...

7 http://www.lainformacion.com/mundo/empleados-fabrican-iPhones-podrian-su...

8 http://www.lavanguardia.com/tecnologia/20170525/422889333691/alphago-int...

9 http://www.mckinsey.com/~/media/mckinsey/global%20themes/digital%20disru...

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