La siniestralidad repunta de nuevo: ya nos lo advirtieron, pero...

La siniestralidad repunta de nuevo: ya nos lo advirtieron, pero...

Actividad económica y siniestralidad laboral están íntimamente vinculadas
3 Marzo 2015

Los datos hechos públicos esta semana por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social confirman la tendencia apuntada a lo largo del año 2014: el número absoluto de accidentes de trabajo con baja en jornada de trabajo ha aumentado un 3,2% respecto al año anterior, y el índice de incidencia ha aumentado un 1,6%. Se confirma así la interrupción de la tendencia a la baja que se mantuvo entre los años 2000 y 2012 y que se rompió en 2013 con un aumento del 1% respecto a 2012.

Figura 1. Índice de incidencia en España

La evolución a largo plazo de la siniestralidad laboral en España (figura 1) muestra claramente una fuerte asociación con el crecimiento económico: cuando el PIB crece, la siniestralidad (medida a través del índice de incidencia), tiende a aumentar vigorosamente; cuando el PIB se estanca o incluso decrece, la siniestralidad disminuye apreciablemente (figura 2).

A primera vista  sorprende que esta asociación se dé en mucha menor medida en otros países vecinos que, regidos como España por la legislación europea, parece que deberían "reaccionar" de manera parecida ante las variaciones del ciclo económico, pero evidentemente no es así. (figura 3)

Figura 3. Evolución comparada de la siniestralidad en España, Francia y Alemania

La explicación al hecho de que la siniestralidad española "sobrerreaccione" a las variaciones del ciclo económico hay que buscarla en el diseño de nuestro sistema preventivo nacional, notablemente distinto al que rige en nuestros vecinos.

Una de las principales diferencias (pero ni mucho menos la única) es la "tasa de externalización", es decir, la proporción de las actuaciones preventivas que las empresas asumen con medios propios respecto a las que "delegan" en proveedores externos, en general servicios de prevención ajenos.

La segunda encuesta ESENER realizada por la Agencia Europea y cuyos primeros datos[1] se publicaron el 9 de febrero, muestra claramente que España (figura 4) es uno de los países de la Unión Europea en los que más evaluaciones de riesgos se realizan (ocupa el sexto lugar en el ranking) pero uno de los que en menor medida asumen esta tarea con medios internos de la empresa: apenas un 11%, cifra en la que sólo nos vemos "superados" por Eslovenia (7%) y Croacia (9%). Francia y Alemania se sitúan alrededor del 40%, y Dinamarca encabeza la lista con el 73%, seguida del Reino Unido con el 68%. La media de la UE es el 35%.

Estas diferencias tienen su origen en la "imaginativa" transposición de la directiva Marco que realizó el Estado español, claramente orientada a incitar a las pequeñas y medianas empresas a gestionar su prevención mediante servicios de prevención ajenos en detrimento de los recursos internos. A tal fin se ignoró la obligatoriedad "universal" de designar trabajadores, la posibilidad de actuación legal de técnicos de prevención independientes (artículo 7 de la directiva[2]) y se introdujo la auditoría obligatoria (único país en Europa) para todo aquel que gestionara la prevención con medios propios. Aunque recientemente se ha suavizado esta última obligación, el mal ya estaba hecho y los datos de la figura 1 muestran con claridad el escaso efecto positivo que la Ley de Prevención tuvo sobre la siniestralidad: el índice de incidencia logrado en el año 1984 no logró rebajarse hasta el año 2007. Y después vino la crisis, que como era de prever contribuyó en gran medida al descenso de la siniestralidad.

Figura 4. Frecuencia y externalización de la evaluación de reisgos. Fuente: ESENER II

Sobre los efectos de la crisis en la siniestralidad, el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, en un editorial publicado en junio de 2009 en el número 53 de la revista Seguridad y Salud en el Trabajo ya advertía, refiriéndose a la evolución reciente de la siniestralidad: "Aunque este marcado descenso debe alegrarnos por lo que representa de disminución de daños a la salud, tiene también que servirnos de advertencia: si la siniestralidad desciende mucho cuando se reduce la actividad económica, ello indica que, probablemente, nuestro sistema preventivo nacional no es todavía todo lo potente que sería de desear y, en consecuencia, cuando se supere la crisis y vuelva el crecimiento económico podríamos enfrentarnos a importantes aumentos de la siniestralidad.

No deberíamos, pues, dormirnos en los laureles de la aparentemente favorable situación actual sino, muy al contrario, aprovecharla para sentar las bases para que la recuperación no tenga asociado un importante coste en términos de siniestralidad. Ello significa, en el ámbito colectivo, seguir avanzando decididamente en la implementación de la Estrategia Española y, en el seno de cada empresa, no descuidar la actividad preventiva, aunque ahora no parezca tan necesaria."

Esta vez los responsables de la política preventiva no podrán decir que no les habían avisado...

[1] https://osha.europa.eu/en/publications/reports/esener-ii-first-findings.pdf

[2] http://eur-lex.europa.eu/LexUriServ/LexUriServ.do?uri=CONSLEG:1989L0391:...

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Comentarios

Imagen de Alejandro Mendoza Plaza

Esplendido análisis como siempre. Algunos seguimos con la idea de gestionar las empresas de manera preventiva como la forma de adecuada y sostenible de evitar la siniestralidad. Es el viejo "trabajar para el siguiente" que seguramente recordarás.Bienvenido Emilio al mundo de los blogs.

Imagen de Ricardo Vyhmeister

Estimado Emilio. Como siempre, un excelente análisis. En nuestro contexto, Chile, no puede venir mejor. Luego de cuatro años de gran bonanza económica estamos enfrentando un contraciclo del cual hay voces optimistas, y otras no tanto, sobre las repercusiones puntuales. Nuestro país debe aproximadamente un 11% de su PIB a la industria extractiva del cobre, representando más de un 50% de las exportaciones nacionales. Al revisar nuestras cifras oficiales de accidentabilidad, hasta ahora, solo es posible ver análisis de tendencia pero no contrastados con los datos de producción nacional o de empleo, los que resultan esenciales para conocer la efectividad del sistema de prevención nacional, muy especialmente en el escenario donde nos encontramos ad portas de conocer la política nacional sobre SST, sobre la cual tengo mis serias dudas y podré comentar en alguna editorial en el futuro próximo.

Mi pregunta sobre tu columna guarda relación sobre el análisis contra el PIB. Considerando que la frecuencia se mide en proporción a la masa laboral, ¿resultaría más cercano a la realidad contrastar contra cifras de empleo? ¿Cómo afectaría a este análisis el sesgo sobre el trabajo informal y el trabajo en régimen de autónomos? Según tu conocimiento, ¿existe evidencia sobre este tipo de aproximaciones? ¿qué conclusiones podría esperarse, en términos de si no debería haber cambios significativos, o por el contrario encontrarnos con sorpresas?

Gracias nuevamente y un gran saludo desde este lado del charco...

Ricardo Vyhmeister.

Imagen de emiliocv

Hola, Ricardo.
Gracias por tu comentario. En relación a tu pregunta, las cifras de empleo (o mejor sus variaciones) serían un "proxy" de las variaciones del PIB y por tanto deberían funcionar de una forma parecida. A este respecto puede ser de interés darle un vistazo al siguiente artículo "Economic fluctuations affecting occupational safety. The Spanish case". Occupational Ergonomics 4 (2004) 211–228 211 y la abundante bibliografía que lo acompaña.

Saludos cordiales.
Emilio

Imagen de Marcos Pérez

Creo que Emilio describe perfectamente la fotografía actual de la prevención de riesgos laborales en nuestro país. En mi opinión en general se trabaja mucho por cumplir en lo formal, en lo documental y nos queda un largo camino y mucho esfuerzo para lograr que la prevención alcance al mayor interesado que es el trabajador.

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