Cultura de prevención: el cielo se hace esperar

Cultura de prevención: el cielo se hace esperar

La II Encuesta sobre Gestión Preventiva en las empresas andaluzas confirma una situación preocupante que viene de antiguo
2 Marzo 2017

El concepto de “cultura de seguridad” nace en los años 80 vinculado fundamentalmente a los accidentes mayores y en concreto al accidente nuclear de Chernobyl, pasando a ser denominado “cultura preventiva” cuando con el tiempo se amplía al conjunto de riesgos y adopta una dimensión global1.

En España, la Ley de Prevención estableció en el punto 4 de su preámbulo que "El propósito de fomentar una auténtica cultura preventiva, mediante la promoción de la mejora de la educación en dicha materia en todos los niveles educativos, involucra a la sociedad en su conjunto y constituye uno de los objetivos básicos y de efectos quizás más transcendentes para el futuro de los perseguidos por la presente Ley".

Posteriormente la bondad de la cultura preventiva ha sido repetidamente destacada. Por limitarnos solo a la Estrategia Española de Seguridad y Salud en el Trabajo 2015-20202 (que, por cierto, a la vista de la evolución de las estadísticas de siniestralidad no parece estar teniendo mucho éxito), en la página 26 puede leerse: "las instituciones competentes en materia de seguridad y salud en el trabajo han asumido como uno de sus objetivos prioritarios el impulso y la consolidación de la cultura preventiva en la sociedad española".

Pero no estamos hablando de una cultura preventiva de tres al cuarto; la cultura preventiva ha de ser "auténtica", como decía la Ley de Prevención y repite la Estrategia en la página 27: "la integración de la seguridad y salud en el trabajo en la educación es una necesidad prioritaria para consolidar una auténtica cultura preventiva".

Pero, ¿cómo diagnosticar si nuestra cultura preventiva es auténtica y está consolidada?

Quizá una buena encuesta nos aporte luz al respecto, y eso es lo que a nuestro juicio hace - y muy bien por cierto - la II Encuesta sobre Gestión Preventiva en las empresas andaluzas que ha publicado hace pocas semanas el Instituto Andaluz de Prevención de Riesgos Laborales3.

Para llevar a cabo la encuesta se realizaron 4.225 entrevistas dirigidas a responsables de la gestión empresarial (es decir "empresarios" o asimilados), en el universo compuesto por las empresas e instituciones públicas y privadas de Andalucía con una ó más personas trabajadoras, pertenecientes a todas las actividades económicas (excepto las de los hogares como empleadores o productores de bienes y servicios). La metodología empleada asegura un error no superior al 1,5%.

Aunque en sentido estricto los resultados de la encuesta solo son válidos para el territorio andaluz, su apreciable coincidencia con los que para todo el territorio nacional obtuvo el INSHT en una encuesta similar realizada en 2009 (Encuesta Nacional de Gestión de la Seguridad y la Salud en las Empresas4) sugiere dos cosas importantes: en primer lugar, Andalucía es representativa del total del territorio español. Y en segundo, estamos más o menos como estábamos en 2009, lo que parece indicar que la cultura preventiva no progresa adecuadamente.

Veamos algunos datos significativos. Cuando se pregunta a los empresarios cuáles son las posibles causas de los accidentes laborales ocurridos en la empresa durante los dos últimos años, la causa más "votada" son las "distracciones, descuidos, despistes y faltas de atención", con un 30,4% de respuestas, seguida a gran distancia de las posturas forzadas (12,4%) y el cansancio o la fatiga (12,3%), como se muestra en la figura siguiente, tomada del informe de la Encuesta.

Los empresarios opinan (siguen opinando, pues en el 2009 le dijeron al INSHT más o menos lo mismo) que los trabajadores se accidentan, básicamente, porque no están atentos, aunque en menor medida también reconocen la influencia de las posturas en las que les hacen trabajar y el cansancio provocado por el trabajo. ¿Será esa opinión una muestra de la auténtica cultura preventiva a la que aspiramos?

Si uno está convencido de que los trabajadores se accidentan porque no ponen atención, lo lógico es que la principal medida preventiva sea exhortarles a no distraerse. Pues eso es justamente lo que constata la encuesta, como veremos a continuación.

Como se observa en la siguiente tabla, más del 80% de los trabajadores o trabajadoras que sufrieron un accidente leve con baja se reincorporaron al mismo puesto de trabajo que desempeñaban antes del accidente sin que el puesto sufriera modificación alguna.

Se produjo alguna modificación en el 12,3% de los casos y en el 7,5% los accidentados leves con baja fueron apartados del riesgo e incorporados a un puesto de trabajo diferente; se trataría de casos perdidos de los que no podía esperarse que no se distrajeran. Cabe esperar que los sustitutos fueran menos distraídos, pero sobre eso la encuesta no aporta información.

En el caso de los accidentados graves (recordemos que en España la duración media de la baja de un accidente grave, según los datos oficiales, es superior a los cinco meses) la situación no es muy distinta. En la mitad de los casos el accidentado se reincorpora a un puesto en el que se han realizado modificaciones, pero en la otra mitad de los casos el accidentado vuelve al puesto en las mismas condiciones anteriores. Es de suponer que previamente será vehementemente aleccionado a no distraerse...

Sobre esta cuestión la Encuesta andaluza no ha detectado lo que sí hizo la del INSHT: en el caso de accidentes graves alrededor del 10% de los trabajadores no regresa porque se le reconoce una invalidez permanente. O quizá las cosas han cambiado y ya no se reconocen...

Mención aparte merece lo que ocurre cuando regresa un afectado/a por una enfermedad profesional, en cuya aparición no parece que la distracción o el descuido puedan jugar un papel relevante. ¿O es que los trabajadores respiran distraídamente el amianto (o lo que sea) que hay en el ambiente de trabajo?¿O escuchan distraídamente el ruido que producen los equipos de trabajo?

Pues quizá sí, porque el 74,7% de los trabajadores o trabajadoras que han pasado por una enfermedad profesional continuaron en el mismo puesto sin que este se modificara. En un 16,4% de los casos se decidió que el trabajador desempeñara su trabajo en otro puesto de trabajo, quizá porque se trataría de un distraído incorregible.

Debe destacarse que en el 8,9% se modificó el puesto antes de la incorporación. Una muestra, aunque modesta, de cultura preventiva...

En lógica coherencia con todo lo anterior, sólo se han investigado el 40% de los accidentes ocurridos, no habiéndolo sido el 60% restante. ¿Para qué, si ya sabemos por qué ocurren?

La cifra se invierte al hablar de las enfermedades profesionales: se investigan el 60% y no se hace con el 40% de ellas.

Estas cifras producen una cierta perplejidad: en muchos casos se investigan ya sean accidentes, ya enfermedades, pero no se adopta ninguna medida preventiva. Quizá se concluya que la causa fue que se distrajeron...

En resumen, no parece que la cultura preventiva avance a pasos agigantados. Quizá por eso la siniestralidad española evoluciona siguiendo el ritmo que le marca el crecimiento económico, en lugar de reducirse lenta pero constantemente, como ocurre en los países que hablan menos de cultura y se centran en la adopción de medidas eficaces contra la siniestralidad. Medidas que, por otra parte, son bien conocidas y no creemos que haga falta recordar aquí. Lo que habría que hacer es aplicarlas.

REFERENCIAS

1 Carmona, S. Cultura preventiva (I). Disponible en: https://imastres.es/cultura-preventiva-i/

http://www.insht.es/InshtWeb/Contenidos/Documentacion/ESTRATEGIA%20SST%2...

iii Disponible en: http://www.juntadeandalucia.es/export/drupaljda/II_Encuesta_GPEA.pdf

iv Desgraciadamente no parece que el INSHT tenga intención de repetir esa encuesta en un futuro previsible, pero quienes deseen conocer sus interesantes y poco divulgados resultados, todavía pueden descargar su informe completo en: http://www.oect.es/Observatorio/Contenidos/InformesPropios/Desarrollados...

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