No, el ser humano no se está volviendo cada vez más tonto

No, el ser humano no se está volviendo cada vez más tonto

Un reciente y polémico estudio asegura que nuestro cociente intelectual está disminuyendo. No es el único que lo afirma. Trabajos de este tipo muestran una visión simplista de la realidad y sirven de excusa para resucitar ideas racistas y clasistas descartadas por la evidencia científica
26 Agosto 2018

Tontos y más tontos: por qué nos estamos volviendo menos inteligentes”. El titular pertenece a un artículo publicado en The Times y es solo un ejemplo de la enorme cobertura recibida por un reciente estudio llevado a cabo por economistas noruegos y publicado la semana pasada en la revista PNAS (ver enlace adjunto) ¿Acabará el planeta lleno de idiotas, como en la comedia Idiocracia?

Las puntuaciones en los test de inteligencia fueron subiendo a lo largo del siglo XX en todo el mundo, un fenómeno que se conoció como efecto Flynn. Una decena de estudios publicados en los últimos años sugiere que este efecto ha comenzado a revertirse: en algunos de los países más desarrollados, el cociente intelectual (CI) de sus jóvenes habría comenzado a estancarse e incluso disminuir.

El trabajo publicado en PNAS muestra un efecto Flynn negativo entre los jóvenes noruegos, a partir de más de 730.000 pruebas realizadas a jóvenes de 18 años que se presentaron al servicio militar entre 1962 y 1991. Además, atribuye tanto la reversión como la subida original a causas ambientales, no genéticas.

El investigador de la Universidad Autónoma de Madrid Roberto Colom, que ha dedicado su carrera al estudio de la inteligencia, se muestra muy crítico con el estudio de PNAS. “A escala mundial se observan ganancias, estabilidad o pérdidas en el cociente intelectual, según el contexto cultural que observes”, asegura a Sinc. “Establecer una conclusión general sobre qué ocurre en la población mundial es bastante insensato”.

En 2015 se publicó un metaanálisis (ver enlace) sobre el efecto Flynn observado en 30 países durante el último siglo. Uno de sus coautores, el investigador de la Universidad de Viena (Austria) Jakob Pietschnig, considera “demasiado simplista” resumir un asunto tan complejo con la afirmación de que nos estamos volviendo tontos. “Es un hecho que la inteligencia ha mejorado con una tasa enorme, de unos 30 puntos, en los últimos 100 años a escala global. Sería ingenuo asumir que semejantes ganancias seguirían para siempre”.

Ole Rogeberg, investigador del Centro de Investigación Económica Ragnar Frisch (Noruega) y coautor del estudio de PNAS,  admite que podría haber otras explicaciones alternativas a la pérdida de inteligencia: “Las pruebas de aritmética y vocabulario [empleadas en el trabajo] podrían estar detectando cambios en las habilidades matemáticas y de lenguaje de los niños, en lugar de un cambio en su inteligencia como tal”.

¿Pero muestra el estudio pérdidas en el CI de los jóvenes noruegos? Analizados con detalle, losd atos lo que muestran no es un descenso sino un estancamiento en las puntuaciones del CI:

No podemos crecer eternamente

El estancamiento es fácil de explicar si se compara con la altura o la esperanza de vida. “Llega un punto en el que no se mejora más, especialmente en los lugares del mundo en los que se empezó antes a mejorar”, dice Colom. No es una coincidencia que el efecto Flynn negativo se haya observado en países como Noruega, Dinamarca, Finlandia, Alemania y Países Bajos. “En aquellos lugares donde se ha alcanzado la asíntota es de esperar que se produzca una regresión a la media por un fenómeno puramente estadístico”.

¿Existe el efecto Flynn negativo?

La historia terminaría aquí si solo un estudio hablara de pérdidas en el CI de los más jóvenes, pero otros trabajos han advertido de la reversión del efecto Flynn en varios países desarrollados, sobre todo Escandinavia y Reino Unido. Pietschnig, por ejemplo, ha estudiado el fenómeno focalizado en la disminución en la percepción espacial en países de habla alemana.

Los responsables de la reversión del efecto Flynn sugeridos por estos papers van desde la televisión, los videojuegos y el empeoramiento de la educación hasta la disgenesia –acumulación de genes negativos en la población–, el menor tamaño de las familias y la inmigración. Este último punto explica, según Colom, la proliferación de los estudios que alertan de una disminución en el CI del ser humano.

Pietschnig ha analizado tres de las teorías más populares que intentan explicar el efecto Flynn negativo en un estudio que será publicado próximamente en la revista Journal of Political Psychology. En él se concluye que la disminución del CI “no está relacionada con la mayor fertilidad de aquellos situados en la parte baja de la distribución [menos inteligentes], la migración o la menor mortalidad de individuos menos capaces”.

El investigador señala que el efecto Flynn negativo podría ser, después de todo, un artefacto. “El aumento ha tenido lugar en habilidades específicas, no en la habilidad cognitiva general. Por lo tanto, cuando la ganancia de estas habilidades finaliza, provoca una reversión del efecto tal y como observamos hoy en día”.

Al final, como indica Flynn, el problema podría ir más allá de los resultados de unos cuantos test: “Los ciudadanos adultos necesitan tanto inteligencia como conocimiento para ser críticos con sus gobernantes, y en su caso, el peor descenso está en lectura e historia política. Es la disminución del conocimiento la que resulta desastrosa”.

Colom, por su parte, defiende que intentar aislar el origen principal de la pérdida o la ganancia “es bastante absurdo”, ya que existen muchas variables que interactúan, aunque “según el contexto algunas serán más importantes que otras”.

Quizá el difunto Stephen Hawking dio con la clave cuando le preguntaron si sabía cuál era su cociente intelectual: “No tengo ni idea, los que alardean de su CI son unos perdedores”.

Fuente. Agencia Sinc

 

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