Salir del despacho

Salir del despacho

La idea de la oficina abierta se populariza cada día más como una práctica que favorece la creatividad, la innovación y el intercambio de ideas. Sus detractores, que indudablemente los tiene, afirman que un área abierta es más ruidosa, incómoda, dificulta la concentración y es un freno a la productividad.
26 Julio 2017

Compañías con estructuras mucho más planas, menos jerárquicas, con mucha más coordinación con entidades externas, que reflejan la gran verdad de la era red: que los costes de transacción, coordinación y comunicación bajan tanto, que tiene mucho más sentido plantear estructuras de ese tipo.

La evolución apunta no solo hacia áreas abiertas y sin despachos asignados individualmente, sino hacia espacios de trabajo versátiles, reflejando la idea de que “el trabajo no es un lugar”, sino un entorno en el que resulta agradable estar porque fomenta las características sociales del mismo, el intercambio, la serendipia y la creatividad, al tiempo que ofrece todas las infraestructuras necesarias para cualquier necesidad: un rato de concentración, una reunión, una conversación con privacidad, un espacio de relax, etc. Un espacio que aporta mucho más que un sitio donde sentarse delante de una máquina, porque un sitio donde sentarse delante de una máquina es algo que ya podemos tener en cualquier parte, incluida nuestra casa, con las comunicaciones adecuadas como para poder participar activamente en la vida de la compañía.

“Es que trabajando en un entorno abierto me distraigo más y soy menos productivo”… pues cuando requieras verdadera concentración, trabaja desde casa. La oficina no es un lugar para la concentración profunda, para eso tienes otros espacios mejores. La oficina es un espacio para que intercambies información, ideas y alimentes la parte de tu trabajo que requiere de interacción. Un sitio al que quieres ir, porque es agradable, pero que no te ata a un espacio como una bola de preso, y que te ofrece todas las infraestructuras que puedas necesitar en cada momento. Si tu trabajo no requiere de nada de eso, ni interacción social, ni inspiración, ni creatividad, entonces tienes un problema más grave: en un plazo relativamente corto tu compañía pondrá a un algoritmo o a un robot a hacer lo que hoy haces tú.

El problema está en seguir diseñando espacios de trabajo en torno al papel. Seguimos planteando el espacio como “espacio para apoyar papeles”, mientras las pantallas, que se han convertido en el verdadero espacio de trabajo, no crecen más allá de lo que conocemos. Eliminar el papel ya no es un capricho, una cuestión de costes o un problema de eficiencia: es una necesidad imperiosa que redefine la manera de enfocar el trabajo. El diseño del espacio debe hacer que una hoja de papel sea algo tan incómodo, que no solo no haya donde dejarla, sino que pase a ser un elemento extraño, absurdo, sin sentido ni fundamento alguno en un entorno profesional, un objeto de otros tiempos, una tecnología trasnochada y ampliamente superada. En la oficina moderna no hay impresoras ni fotocopiadoras, pero porque su propia existencia es la negación del concepto de modernidad, de una forma de trabajar.

Cada día, la necesidad de salir del despacho es más acuciante, y el diseño de las oficinas de una compañía refleja más la forma de gestionarla y su competitividad.

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