Todo el mundo miente. Lo que Internet y el Big Data pueden decirnos de nosotros mismos. Seth Stephens-Davidowitz (Capitán Swing)

Todo el mundo miente. Lo que Internet y el Big Data pueden decirnos de nosotros mismos. Seth Stephens-Davidowitz (Capitán Swing)

A partir de estudiar cómo vivimos y pensamos realmente en el mundo de Internet y su asombrosa cantidad de información, Seth Stephens-Davidowitz demuestra de manera fascinante y divertida en qué medida todo el mundo es un laboratorio.
21 October 2019

Con conclusiones que van desde lo extraño pero cierto hasta lo provocador y lo perturbador, explora el poder de la verdad que hay en las búsquedas que hacemos en la Red y su potencial más profundo, revelando sesgos muy arraigados.

Internet es nuestra fuente de información principal. Cada vez que tenemos una duda vamos a Google para encontrar respuestas. ¿Pero nunca has pensado en qué toda la huella que dejas en la Red es una información valiosísima para comprender cómo es la sociedad donde vives? Seth Stephens-Davidowitz hace tiempo que estudia el comportamiento humano a través de toda la información que generamos en la Red utilizando herramientas de gestión de Big Data. Una nueva herramienta para los sociólogos que promete dar datos 100% ciertos.

“Todo el mundo miente” es el nuevo ensayo del sociólogo Seth Stephens-Davidowitz. En él resume parte de sus investigaciones hechas a través del trabajo e interpretación de las grandes cantidades de datos que todos generamos cuando navegamos en la Red y hacemos búsquedas en Internet. La valía de sus conclusiones recae en su veracidad demostrable. Según Stephens todo el mundo miente un poco en las encuestas, y eso empobrece sus resultados. Pero nadie miente en Google cuando hace búsquedas. Esto ocurre por diferentes motivos: porque cuando tecleamos en la barra de búsquedas no estamos, a priori, en ningún estudio del cual queramos salir venturosos; y porque realmente estamos interesados en aquella información. Así pues, los buscadores proporcionan miles de datos reales para analizar.

Nuestro comportamiento en la Red y, concretamente, nuestras búsquedas son una puerta abierta a la mente humana. Buscamos información y a la vez generamos otra. Los datos de Google resultan tan poderosos porque todo el mundo le explica al motor de búsqueda cosas que no le explicaría a nadie más. Stephens ha capturado algunos datos referentes a los ciudadanos norteamericanos que demuestran que la Sociología dispone ahora de un nuevo campo de estudio: Internet y el Big Data.

El trabajo de este sociólogo y escritor, nacido en 1982, se centra en el análisis del Big Data para descubrir comportamientos y actitudes que hasta ahora estaban ocultos. A través de Google consigue extraer datos sobre cómo nos comportamos y nos relacionamos en cuestiones tan personales como el racismo, el aborto autoinducido, la depresión, el maltrato infantil, la homosexualidad, la ansiedad, la inseguridad sexual…

Entre toda la miscelánea de temas que trata, Stephens pone especial énfasis en el racismo y en los motivos que hicieron a Donald Trump llegar a la Presidencia de los EEUU en 2017 contra todo pronóstico. El libro se publicó originalmente durante aquel año, un momento en el que los conflictos raciales y el ascenso del candidato republicano con sus promesas electorales populistas trastocaron a los ciudadanos de EEUU.

El trabajo del sociólogo excluye expresamente cualquier dato proveniente de las redes sociales. Éstas no entran en su trabajo. Porque así como en las encuestas todo el mundo miente para dar una mejor apariencia, en las redes sociales sucede lo mismo. Son un buen escaparate, pero no una fuente fiable para saber qué piensa o siente una persona.

Este ensayo es una buena lectura no solo porque descubre sorpresas de la mente humana sino porque también hace tomar conciencia de la envergadura y alcance que tienen todos los movimientos que hacemos en la Red. Como bien dice el experto en inteligencia artificial, Xavier Amatriain, citado en el libro: “Los algoritmos te conocen mejor de lo que te conoces a ti mismo”. Ahora tendrán que venir sociólogos para interpretarlo y que no solo sean los robots los que nos conozcan.

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