La misteriosa enfermedad del pulidor de suelos

La misteriosa enfermedad del pulidor de suelos

El hospital Río Hortega de Valladolid descubre la causa de la grave enfermedad que provocó el ingreso en la UCI del trabajador de la limpieza de la Facultad de Medicina
5 June 2019

Limpiar el suelo lo enfermaba y no por ser una tarea ardua y monótona que requiere esfuerzo. Literalmente le provocaba fiebre, dolor de cabeza, cansancio.

Tiene 55 años y desde hace 30 se encarga de la limpieza y pulido de los suelos de la Facultad de Medicina. Cada vez que sacaba brillo a estas antiguas baldosas, el hombre se sentía mal. Sufría unos síntomas parecidos a los de la gripe. Empezaron poco a poco y, con los años, se fueron agudizando y cada nueva limpieza le suponía un peor mal estado. Las primeras veces ni siquiera requerían una consulta clínica; las siguientes, recibieron tratamiento sintomático de sus médicos y, finalmente, ingresó en la UCI del Río Hortega a las 48 horas de haber pulido el suelo de este histórico edificio.

La insuficiencia respiratoria grave que sufría fue investigada con detenimiento y numerosas pruebas clínicas. Estudios de infecciones, cardiológicos, un TAC, broncoscopia y BAL (lavado broncoalveolar), análisis microbiológicos... toda una batería de técnicas especializadas para poder precisar que este trabajador sufría una grave neumonitis.

Pero ¿Qué le causaba esta insuficiencia respiratoria aguda que lo ahogaba y estos problemas cardiacos por fallo ventricular izquierdo? ¿Qué provocó que a los dos días de limpiar el suelo de la Facultad tuviera que acudir a urgencias porque se asfixiaba, con una bajísima tensión y una coloración azul y lívida de la piel y de las mucosas a causa de una oxigenación deficiente de la sangre (cianosis) y que no respondía a la oxigenoterapia?

El primer sospechoso fue el material de limpieza. Fregonas, cubos... y, sobre todo, el limpiasuelos y el cristalizador con sales y cera especial para suelos amarmolados. La investigación no les imputó cargo y además este trabajador, como su compañero más joven que nunca tuvo problemas, utilizaba mascarilla cuando empleaba este producto tóxico indicado para un trabajo de limpieza profesional.

La investigación no avanzaba, la causa se ocultaba. Hizo la casualidad o el destino que este empleado en cuestión se tropezara en los pasillos de la Facultad con la catedrática de Alergología y jefe der servicio de la misma especialidad del Río Hortega, Alicia Armentia. Y en una de esas conversaciones triviales de «¿Cómo estás?» o «qué frío hace hoy», este paciente le comentara sus problemas médicos. Y todo el entorno se convirtió en la escena del crimen.

De rodillas y al suelo. Sin pensárselo. El culpable estaba ahí, escondido desde hace millones de años. El suelo de los pasillos y del vestíbulo de la Facultad de Medicina es un paleosuelo con hippurites, un molusco con conchas gruesas de dos capas, que se caracteriza porque genera arrecifes similares a los de los corales, se desarrollan desde el Jurásico superior y se extinguieron en el Cretácico.

Un suelo fósil, con caracolas capaces todavía de provocar alergia al respirar el polvillo volátil que se provoca al pulir el suelo. Extinguido el molusco; pero fosilizadas las conchas del caracol. Un alergeno potente para algunas personas a las que les ocasiona «una fuerte reacción inmunoinflamatoria como consecuencia de la presencia de precipitinas circulantes frente a los antígenos causales de la enfermedad, en los pacientes que previamente habían sido sensibilizados», explica la doctora Armentia. Más sencillo, el trabajador de la limpieza de Medicina es hipersensible a este caracol, padece una fuerte alergia capaz de provocarle una grave insuficiencia respiratoria por una neumonitis.

«Estas baldosas son de suelo calizo fósil procedente del País Vasco, con conchas, llamado 'Rojo de Marquina' y es frecuente en muchísimos edificios. Tomamos una muestra e hicimos pruebas con el suelo el doctor Gayoso y yo y los inmunólogos del País Vasco estudiaron si quedaban restos de proteína con millones de años en el suelo capaces de provocar esta alergia y fue positivo».

El trabajador empleaba cuidadosamente mascarilla al echar el producto de limpieza y sacarle el brillo. Era el aparente enemigo, el que anunciaba toxicidad. No podía sospechar que era el trabajo previo, el de pulir el suelo sin ninguna protección respiratoria el que le dañaba. Descubierto el culpable y tratado el paciente tras tiempo de baja laboral mejoró y se curó; aunque ya solo puede pulir con buenas mascarillas.

Sí tenía antecedentes . Había sufrido una hiperreacción con un cuadro de anafilaxia al comer bígaros (caracolillos de mar) dos años antes de este ingreso. Después, poco a poco, se había ido haciendo cada vez más sensible a lo largo de los años.

En España hay más de 250 empresas dedicadas a pulir y cientos de edificios con suelos fósiles. Por cierto, de nuevo muy de moda.

Fuente: El Norte de Castilla

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