Comunicación no sexista

Comunicación no sexista

El uso sexista del lenguaje
28 Octubre 2020

Redacción 

La comunicación humana es un proceso mediante el cual se transmite información, se expresan e intercambian sentimientos y pensamientos. Esta comunicación supone el aprendizaje y la utilización de códigos específicos para la transmisión de mensajes y experiencias con el objeto de permitir a las personas relacionarse entre sí.

La comunicación verbal, es decir, el lenguaje hablado y escrito, es la principal forma de comunicación humana pero también existe la comunicación no verbal, donde los mensajes se transmiten a través de imágenes. Pensemos, por ejemplo, en los medios de comunicación, la publicidad y las expresiones artísticas.

El lenguaje es el medio de comunicación verbal por excelencia y se define como la capacidad o facultad desarrollada en el ser humano que nos permite abstraer, conceptuar, comunicar y relacionarnos. Según Ferdinand Saussure (1857-1913 lingüista suizo, considerado el fundador de la lingüística moderna), el lenguaje se compone de lengua (idioma) y habla (recreación de la lengua a través de la fonética y la escritura). Definición Lengua: llamada también idioma, especial

Definición

Lengua: llamada también idioma, especialmente para usos extralingüísticos. Es un modelo general y constante para todos los miembros de una colectividad lingüística. Los humanos creamos un número infinito de comunicaciones a partir de un número finito de elementos, por ejemplo, a través de esquemas o mapas conceptuales. La representación de dicha capacidad es lo que conocemos como lengua, es decir, el código.

Habla: materialización o recreación momentánea de ese modelo en cada miembro de la colectividad lingüística. Es un acto individual y voluntario en el que a través de actos de fonación y escritura, el hablante utiliza la lengua para comunicarse. Son las diversas manifestaciones de habla las que hacen evolucionar a la lengua.

A través del lenguaje se refleja esta realidad desigual pero, también, se refuerza ya que a pesar de la profunda transformación que ha experimentado el papel social de las mujeres, los mensajes transmitidos siguen mostrando una imagen parcial y las sitúan en una posición subordinada respecto a los hombres. El sexismo no está en la lengua, sino en la mente de las personas. De hecho, no se puede hablar de “lenguaje sexista” sino de “uso sexista” del lenguaje, ya que la lengua, por su variedad y riqueza, ofrece muchas posibilidades para describir una realidad y para expresar todo lo que nuestra mente es capaz de imaginar.

Por tanto, el lenguaje es una manifestación de una determinada cultura y una determinada sociedad. Ahora bien, las sociedades no son estáticas, evolucionan constantemente y el lenguaje cambia en función de esta evolución. Así, en función de los nuevos elementos que aparecen en nuestra sociedad se introducen nuevas palabras para explicarlos, por ejemplo, la palabra ordenadores está totalmente integrada en el lenguaje y lo ha sido, en apenas veinte años.

Entre los cambios que se han producido, hay que destacar la necesidad de un reconocimiento y valoración de los diferentes papeles de las mujeres que desarrollan tanto en la vida privada, doméstica o en la pública. Lo cual tiene repercusiones en su presencia y protagonismo en la lengua. Por ejemplo, en la medida en la que las mujeres se incorporan a cargos públicos, oficios, profesiones y titulaciones que antes tenía vetadas, la lengua ha de adaptarse en función de los propios recursos que posea o introducir nuevas soluciones.

En este sentido, los prejuicios, la inercia o el peso de las reglas gramaticales, reglas susceptibles de ser modificadas, no pueden ni deben impedir los cambios que sean necesarios en el lenguaje que permitan visibilizar a las mujeres y sus aportaciones a nuestra sociedad (ejemplos: Ministras, Cancillera,…). Según Mercedes Bengoechea (sociolingüista y Decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares), se debe buscar y ofrecer alternativas a formas de comunicación androcéntrica que el patriarcado nos ha transmitido como si fueran una parte irrevocable e indisoluble de nuestra socialización. También manifiesta que “si a través de la lengua pensamos y ordenamos la realidad, entendemos y manipulamos el mundo, también es el lenguaje el que nos convierte en miembros de la comunidad: nos hace ciudadanos o ciudadanas”.

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