El fracaso: ¿condición vital o preludio del éxito?

El fracaso: ¿condición vital o preludio del éxito?

Históricamente, el fracaso ha sido motivo de miedo y vergüenza. Ahora, en cambio, muchos lo consideran un aliciente para seguir intentándolo. ¿Qué significa realmente fracasar?
17 Septiembre 2020

Hoy en día el fracaso está mal visto. Peor, resulta intolerable. En una sociedad en la que –de manera sutil pero terca y constante– se nos impone como obligación ser feliz o disfrutar del éxito, como si estuvieran en nuestras manos, como si dependieran únicamente de las capacidades de cada uno, fracasar se convierte en un estigma, en una deshonra. «Hay un miedo paralizante al fracaso, un miedo tan grande que nos impide tomar decisiones o actuar. Y que nos angustia», explica la psicóloga Rosa López. Pero ¿qué significa fracasar? ¿Quién evalúa el fracaso y bajo qué parámetros? ¿Hasta qué punto un fracaso lo es a largo plazo?

La experta explica que para entender lo que es el fracaso es necesario tener muy clara su diferencia con el error. «Todos, sin excepción, cometemos errores, porque es imposible conocer todos los factores que intervienen en una situación determinada, ni saber con exactitud qué consecuencias tendrán nuestros actos, por insignificantes que parezcan. Además, está el azar, que es imprevisible. El error es una acción equivocada. A veces se puede enmendar, otras no. Es inherente al aprendizaje vital. El fracaso, en cambio, es un concepto más amplio y definitivo, y tiene que ver con perder la esperanza de ser capaces de hacer algo que deseábamos», detalla López.

Desde la Antigüedad, el fracaso se ha considerado fuente de miedo y de vergüenza, pero hay quien se reconcilia con él, como el filósofo francés Charles Pépin quien, en su reciente ensayo Las virtudes del fracaso (Ariel) opina que este nos recuerda nuestra condición humana. Según el pensador, la inteligencia se mide por nuestra capacidad de analizar y corregir errores, por lo que fracasar y equivocarse no solo son inevitables, sino necesarios para conocer nuestros deseos. Pépin recurre a una serie de personajes que triunfaron después de haber fracasado (como Thomas Edison o Steve Jobs) para sostener su tesis, compartida por el escritor Charles Dickens, que dejó escrito que «cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender».

Para el filósofo Charles Pépin, el fracaso es necesario para conocer nuestros deseos

Es curioso que, salvo los estoicos, que hablaron de la necesidad de aceptar la frustración como algo inherente a la vida, el fracaso parece no haber interesado a los filósofos clásicos. Ni Platón, ni Descartes, ni Kant lo analizaron. En cambio, el mundo empresarial de la actualidad encuentra en el fracaso una fuente de conocimiento: el fracaso como aprendizaje del éxito. No obstante, esta teoría no convence a todos. «Esas frases que dicen que el fracaso es el camino hacia el éxito y que las firman gentes como Henry Ford tienen solo sentido porque las pronuncia solemne quien luego ha tenido éxito. Nadie te dice que es un aprendizaje si fracasa y nunca se levanta de suelo», matiza el ensayista y diplomático Miguel Alber, autor de Instrucciones para fracasar mejor (Abada).

A menudo, tanto en los manuales de autoayuda o los tratados rápidos para conseguir el éxito (empresarial, social, personal) como en las charlas TED se cita al irlandés Samuel Beckett, Nobel de Literatura, como receta inequívoca para afrontar el fracaso: «Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor». A lo largo de los años, estas seis frases se han convertido en un mantra para aquellos que ven en ellas un aliciente para seguir en el intento. Pero nadie que haya leído a Beckett o que conozca mínimamente su pensamiento (antítesis del optimismo) puede afirmar que este fragmento de Rumbo a lo peor es una cantinela esperanzadora y no su particular manera de intentar que el fracaso no acabe en tragedia. Es su modo de decirnos que después de un fracaso vendrá otro. «Asumir que estás destinado a fracasar y, a partir de ahí, hundirte con las velas desplegadas», apunta Albero que recuerda que nos queda, eso sí, la resistencia.

Todos huimos de las experiencias amargas, pero ¿acaso el éxito, como decía otro Nobel de Literatura, Winston Churchill, no consista en ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo?

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