Relación entre trabajo y salud

Relación entre trabajo y salud

Mediante el trabajo, la humanidad intenta cubrir sus necesidades y esto conlleva una interacción con su entorno, que se ve modificado en mayor o menor grado por la actividad humana.
21 Septiembre 2020

Redacción

La sociedad actual es capaz de modificar de forma importante su entorno en cuestión de horas o minutos y, como resultado de estos cambios, el entorno se puede volver hostil, obligando a la persona a adaptarse para sobrevivir. La capacidad de adaptación de las personas es amplia pero no ilimitada (la raza humana ha conseguido adaptarse a entornos realmente extremos, ha conseguido vivir en los polos y en el desierto, a nivel del mar y a cuatro mil metros de altura), pero todo proceso de adaptación tiene un límite y cuando ese límite se sobrepasa aparece el daño para la persona.

Entre trabajo y salud se produce una relación que funciona en ambas direcciones, de forma que para poder trabajar es imprescindible disponer de salud, pero también por el hecho de trabajar esta salud se puede ver mermada. Estos dos conceptos, trabajo y salud, son extremadamente complejos, lo que hace que puedan tener significados diferentes en función de quién se refiera a ellos.

Concepto de trabajo

Aunque el trabajo ha ocupado siempre un lugar central en las sociedades humanas, su complejidad hace difícil dar una definición sencilla del mismo. El trabajo humano se distingue de otras actividades transformadoras de la naturaleza realizadas por los animales (construcción de nidos, panales, etc.) por dos atributos fundamentales. En primer lugar, el trabajo humano tiene la  condición de mercancía, pues se compra y se vende en un mercado altamente imperfecto, el mal llamado "mercado de trabajo".

El término "mercado de trabajo" es impropio, ya que las circunstancias en las que el trabajo-mercancía es ofertado por los trabajadores-productores no cumplen en absoluto las condiciones necesarias para hablar - con propiedad económica - de un mercado. En efecto, los trabajadores, a diferencia de los vendedores de tomates, por ejemplo, no pueden almacenar (o destruir) su producto para sostener los precios cuando éstos tienden a bajar, ni pueden controlar la producción, que viene determinada por la cantidad de gente dispuesta a trabajar.

En tales condiciones, el mal llamado mercado de trabajo está permanentemente dominado por los compradores-empresarios, que sí pueden - en buena medida - controlar su demanda de trabajo. De ese desequilibrio esencial son consecuencia las "leyes sociales", encargadas, hasta donde exista voluntad política, de corregir aquél.

El segundo atributo diferenciador del trabajo humano  es el carácter evolutivo, tanto de la tecnología empleada como de su organización. Los animales que "trabajan" lo hacen igual que las generaciones pasadas, o con variaciones mínimas. En cambio, la tecnología y la organización del trabajo humano cambian a un ritmo progresivamente acelerado. Esa celeridad del cambio exige una adaptación de los trabajadores que, en ocasiones, puede ser dañina para la salud de las personas que trabajan.

Tanto la tecnología como la organización del trabajo pueden actuar positiva o negativamente sobre la salud de las personas que trabajan, siendo el objetivo de la Prevención de Riesgos Laborales el evitar esos efectos negativos.

Por otra parte, el concepto de trabajo puede contemplarse desde dos perspectivas, una negativa y la otra positiva. Ya en la Biblia hay una referencia al trabajo en el sentido negativo, cuando Adán es castigado a ganarse el pan con el sudor de su frente dándole al trabajo una connotación negativa; la misma que le da el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española cuando en alguna de sus diferentes acepciones del término trabajo asocia éste a "dificultad", "molestias", "sufrimiento", etc. También la sociedad admite como una situación de privilegio el hecho de no tener que trabajar de forma obligatoria, lo que refuerza la connotación negativa del trabajo.

Inversamente, se considera generalmente que un trabajo donde la persona se sienta “a gusto” contribuye al desarrollo integral de la persona y es, por ello, muy positivo para la misma. El arquetipo de este tipo de situaciones es el trabajo de los artistas.

Concepto de salud

También el concepto de salud tiene diferentes visiones. Habitualmente nos referimos a la salud como a la ausencia de enfermedad; se trata de una visión insuficiente, por lo que muy a menudo se recurre a  la definición dada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1946:

Se entiende por salud al estado de bienestar y de equilibrio físico, psíquico y social.

 

Esta definición  idealiza el concepto de salud hasta hacerla casi sinónimo de felicidad, es decir, una utopía. Como muchas utopías, resulta útil conceptualmente, pero de dudosa relevancia práctica.

Cuando se analiza el concepto de salud con cierta profundidad, rápidamente se descubre su enorme complejidad. Así, el profesor Laín Entralgo, en un artículo publicado en 1988, distinguía dos tipos de criterios de salud: los objetivos y los subjetivos.

Entre los criterios objetivos señalaba el morfológico (ausencia de malformaciones o lesiones); el etiológico (inexistencia de taras genéticas y de agentes patógenos en el organismo del sujeto); el funcional (constantes vitales normales y actividades orgánicas cualitativa y cuantitativamente dentro de los límites normales); el utilitario (capacidad de cumplir sin fatiga excesiva ni daño aparente lo que la sociedad espera del sujeto); y, finalmente, el comportamental (comportamiento ajustado a las pautas que en la sociedad a la que se pertenece se consideran normales).

El criterio subjetivo (el sentimiento de estar sano) se fundaría sobre varios motivos psicológicos: la conciencia de la propia validez; el sentimiento de relativo bienestar psicológico y orgánico; una cierta seguridad de poder seguir viviendo; una notoria libertad respecto al cuerpo propio; el sentimiento de básica semejanza vital con nuestros "semejantes", y la posibilidad de gobernar sueltamente el juego vital de la soledad y la compañía.

La salud, el estar sano, es pues una realidad compleja que, para hacer posible la toma de decisiones frente a situaciones concretas, requiere de simplificaciones y esquematizaciones siempre discutibles.

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