Ladrillos, sudor y lágrimas en Argentina

Ladrillos, sudor y lágrimas en Argentina

Horneros que llegan de Bolivia a la provincia argentina de Río Negro buscan adaptar su modo de trabajo ante las inspecciones de las autoridades contra el empleo informal
23 Noviembre 2014

El centenar de plantas ladrilleras artesanales de Allen (954 kilómetros al sudoeste de Buenos Aires), en la provincia argentina de Río Negro, se revolucionó el pasado 1 de octubre. Inspectores de Hacienda de Argentina organizaron aquel día un operativo conjunto con la Secretaría de Trabajo provincial y la Dirección Nacional de Migraciones. “Hacemos consultas a los obreros, como, por ejemplo, para quién trabajan, desde cuándo y cuánto ganan”, contó uno de los inspectores. Esta vez no se informó sobre ninguna irregularidad en particular. Las ladrilleras de Río Negro están en manos de bolivianos y emplean a sus compatriotas. Desde hace por lo menos seis años están siendo inspeccionados en forma intensa por las autoridades argentinas porque el sindicato denuncia que el 90% de los empleados del sector en su país trabaja en la informalidad, sin contribuciones a la Seguridad Social e incluso en condiciones rayanas con la esclavitud. Los patrones bolivianos, pequeños empresarios al fin, también han sido acusados de emplear a sus niños, pero ellos lo niegan.

Está claro el choque cultural entre los modos de trabajo de dos pueblos vecinos pero distintos como el argentino y el boliviano. Lo que para unos son formas de trabajo violatorias de la ley, para otros es la manera tradicional de hacerlo, aceptada por empleados que muchas veces son familiares o amigos de sus patrones. A su vez, Argentina tampoco es el reino de la formalidad laboral: un tercio de los trabajadores no ha sido registrado por sus empleadores, según cifras oficiales. En esa economía sumergida hay diversos grados de explotación de los empleados, desde los que carecen de cobertura médica o aportes para su futura pensión hasta las víctimas de la trata de personas.

El segundo mayor colectivo de inmigrantes en Argentina procede de Bolivia, unos 345.000, según el censo 2010. Algunos se dedican a las huertas y los talleres textiles, mientras otros, entre tantos oficios, hacen ladrillos en Río Negro y muchas provincias más. En marzo pasado, el Gobierno rionegrino reglamentó una ley para formalizar a los ladrilleros artesanales, la mayoría bolivianos. Los patrones inmigrantes prometen que regularizarán a sus empleados. En esa tarea los acompaña el equipo Pastoral de Migraciones de la vecina provincia de Neuquén.

                                                                                                                                        los ladrilleros bolivianos se han unido en una cooperativa para defender su trabajo. A 13 kilómetros de la pequeña ciudad de Cinco Saltos, con vista al lago Pellegrini se emplazan casas con hornos de ladrillos, unos tras otros, a los dos costados de la ruta provincial 70. En una de ellas funciona la cooperativa. Allí se celebran las asambleas mensuales y maestros provinciales ofrecen clases de alfabetización o primaria para adultos. A un costado se amontonan ladrillos y leña. Más al fondo, un campo de fútbol.

Fuente: Redproteger

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