El futuro del trabajo depende del porvenir laboral de las mujeres

El futuro del trabajo depende del porvenir laboral de las mujeres

Shauna Olney, Jefa del Servicio de género, igualdad y diversidad de la OIT, explica por qué alcanzar la igualdad de género es vital para el mundo del trabajo
1 Diciembre 2015

Cuando las mujeres están mejor, el mundo es un lugar mejor para todos. Teniendo presente esta realidad, 193 países incluyeron la igualdad de género como elemento central en la recién adoptada Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible  (ver enlace más abajo) de las Naciones Unidas. Como resultado, los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) comprenden metas sensibles al género y el Objetivo 5 “lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”, sigue siendo una prioridad independiente.

A pesar de los progresos alcanzados en ámbitos como la educación y la mortalidad materna, el mundo no ha logrado equiparar los empleos, los salarios y las condiciones de trabajo de las mujeres con los de los hombres. A nivel mundial, la tasa de participación de las mujeres en la fuerza de trabajo es de 50 por ciento, frente a 77 por ciento para los hombres. No obstante, no es suficiente que un número mayor de mujeres entren en el mercado laboral. La calidad de los empleos es primordial.

En el mundo, las mujeres ganan aproximadamente 77 por ciento que los hombres y siguen siendo asumiendo la mayor carga de las tareas del hogar y de las responsabilidades familiares. Si bien 51 por ciento de los Estados miembros de la OIT otorgan al menos 14 semanas de licencia por maternidad, millones de mujeres aún no se benefician del derecho fundamental de una protección adecuada de la maternidad.

Muchas mujeres están expuestas a la violencia en el hogar o en el trabajo. La violencia en el trabajo incide sobre la capacidad de las mujeres de acceder a un empleo y de mantenerlo, y esto afecta su productividad. Las mujeres están subrepresentadas en las posiciones de toma de decisiones y, si bien las mujeres dirigen más de 30 por ciento de todas las empresas, tienden a estar concentradas en micro y pequeñas empresas, y ocupan sólo 19 por ciento de los puestos de los consejos directivos de las grandes empresas. Sólo 5 por ciento de los directores ejecutivos de las principales empresas del mundo son mujeres. Es decir, queda mucho por hacer.

Son necesarias políticas ambiciosas que logren transformar las normas y las relaciones de género en la sociedad y en el trabajo y, que por lo tanto, aborden las desigualdades estructurales. Los Convenios en materia de igualdad de la OIT, que abordan la discriminación, la igualdad de remuneración por un trabajo de igual valor, la protección de la maternidad y las medidas de conciliación trabajo-familia, incluyendo el acceso al permiso parental así como a servicios sociales de cuidado de calidad y asequibles para los familiares dependientes, proporcionan la hoja de ruta para la acción. Algunas normas recientes particularmente pertinentes también promueven el trabajo decente para los trabajadores domésticos, la creación de pisos de protección social y la formalización de la economía informal.

Cada vez son más los países que adoptan políticas públicas dirigidas a abordar las causas y las consecuencias de la desigualdad de género y la discriminación en todos los ámbitos de la vida. “Compartir las tareas de cuidado” ha sido uno de los puntos centrales de estas medidas.

Por ejemplo, en Chile, después de una campaña para promover la presencia de los padres durante el nacimiento de un hijo, la proporción de mujeres que notificó la presencia de un compañero de parto, casi siempre el padre, aumentó de 20,5 por ciento en 2001 a 71 por ciento en 2008. En Francia, las parejas de una mujer embarazada disfrutan de un permiso para ausentarse del trabajo para asistir a tres exámenes médicos. Paraguay acaba de extender el permiso de paternidad de 3 a 15 días. En Etiopía, el Programa red de seguridad productiva comprende la concesión de tiempo libre durante el embarazo y la lactancia, guarderías en el lugar de trabajo y horarios flexibles de trabajo de manera que los padres puedan conciliar el trabajo remunerado y el de prestación de cuidados.

No habrá igualdad de género hasta que no se dé el justo valor al trabajo que realizan las mujeres y se están tomando medidas para hacer frente a esta cuestión. En Portugal, por ejemplo, un comité sectorial tripartito elaboró un método de evaluación de empleos que ayudó a reducir la brecha salarial de género al abordar la discriminación contra las mujeres en los empleos donde predominan las mujeres que eran tradicionalmente subestimados. En los Países Bajos, la ley protege las condiciones de trabajo de los trabajadores a tiempo parcial “marginal”, que en su mayoría son mujeres.

El Objetivo 5 puede ser alcanzado. Existen las pruebas y también los compromisos. Llegó el momento de pasar a la acción e invertir en las mujeres.
Fuente: OIT

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