Disruptores endocrinos: el precio de no actuar para controlarlos

Disruptores endocrinos: el precio de no actuar para controlarlos

Un estudio británico evalúa el coste de la exposición en Europa en 31.000 millones de euros al año
17 Agosto 2014

Según el documento presentado por HEAL (Health and Environment Alliance) y encargado a expertos de universidades británicas, Europa podría ahorrarse 31.000 millones de euros al año reduciendo la exposición a las sustancias químicas que alteran el equilibrio hormonal humano (los disruptores endocrinos o EDCs por sus siglas en inglés), sustancias químicas que están presentes en alimentos, agua, cosméticos, plásticos... Solo en España la reducción de ése problema representaría casi 3000 millones de euros de ahorro anual (2.900 millones).

HEAL es una relevante organización europea encargada de los efectos del deterioro ambiental sobre la salud que cuenta con el apoyo de 65 organizaciones miembros y en la que se encuentran representados científicos, profesionales sanitarios, asociaciones de enfermos, ONGs ambientales, centros de investigación, etc.

El de los disruptores endocrinos es un tema muy candente en Europa en estos momentos, cuando una serie de naciones, como Suecia y Francia entre otras, están denunciando bien a las claras los incumplimientos de la Comisión Europea que está retrasando "inexplicablemente" las medidas que ya debería haber puesto en marcha, hace mucho, para identificar estas sustancias y actuar contra ellas a fin de proteger la salud de los ciudadanos. A nadie escapa que los poderosos intereses económicos de la industria química están teniendo un importante papel en el retraso. Hasta ahora, según el parecer de muchos expertos, en la balanza de las decisiones de las autoridades parecían pesar más ésos beneficios particulares concretos que la salud de los europeos.

El informe de HEAL parte de la constatación de hechos evidentes, como que las enfermedades relacionadas con las hormonas no paren de crecer en incidencia debido a la exposición a compuestos químicos imitadores de las hormonas que se encuentran en nuestros alimentos, bebida y productos cotidianos. Son sustancias que tenemos en nuestros cuerpos todos los europeos ya desde antes de nacer. Y concluye que si tan solo "una pequeña porción de los cánceres vinculados a las hormonas, la diabetes y la obesidad, así como la infertilidad, pudieran ser evitados reduciendo la exposición a los contaminantes disruptores endocrinos, podrían ahorrarse miles de millones de euros en costes por estas enfermedades y condiciones". Para esta entidad europea está claro: "un cambio en la política de sustancias químicas en Europa podría reducir los costes asociados con los casos de enfermedades vinculadas a las hormonas. La Unión Europea debería actuar ya".

Con todo, hay que decir que el informe presentado, si peca de algo sea, probablemente, de conservador. El cálculo se basa en una lista de enfermedades y problemas sanitarios que los científicos expertos en la investigación sobre disruptores endocrinos han identificado como relacionadas con el sistema endocrino. Entre ellos, problemas reproductivos y de fertilidad (incluyendo el bajo número de espermatozoides), anomalías del pene y los testículos en los niños pequeños, cánceres de mama, próstata y testículos, desórdenes conductuales en los niños, tales como el autismo y el desorden de déficit de atención e hiperactividad (ADHD) o la obesidad y diabetes.

También se refiere HEAL a que "la prevalencia del autismo y el ADHD es ahora alarmantemente alta. Además, los expertos dicen que los EDCs tienen un gran impacto en reducir el IQ (cociente intelectual) , lo cual impide que los niños alcancen su pleno potencial. Algunos de los daños originados por la exposición fetal a los EDCs permanecen ocultos inicialmente para emerger más adelante en la vida, bajo la forma de cánceres vinculados a las hormonas o un peor recuento espermático".

A la hora de considerar por qué estas sustancias pueden causar tales efectos, a niveles a veces practicamente indetectables de concentración, ha de tenerse en cuenta que buena parte de los efectos se producen no sobre adultos sino sobre los embriones y fetos en desarrollo dentro de las madres cuando están formándose todos los órganos y funciones orgánicas (cerebro, aparato reproductor, funciones metabólicas,...). Y como el papel de las hormonas es clave en todo ello, la presencia de sustancias que interfieren con las hormonas, aún a muy bajas concentraciones, puede causar infinidad de alteraciones que frecuentemente se manifestarán en la infancia, pero otras veces, muchos años después, al llegar a adultos.

La UE ya ha emprendido algunas acciones regulatorias limitadas sobre los EDCs desde un punto de partida precautorio. Por ejemplo, las leyes europeas han prohibido el bisfenol A en las botellas de plástico de los biberones infantiles desde 2011, y algunos países europeos han adoptado otras restricciones nacionales sobre EDCs. Pero lo hecho es muy insuficiente y dista mucho de aproximarse a lo que debería hacerse ante un problema tan grueso

"Como ya se ha visto en otra ocasiones en el pasado" insiste HEAL "cuando se emprendieron la acciones regulatorias para proteger o mejorar la salud -incluso aunque no hubiese una certeza científica de los daños al 100%- la visión retrospectiva y la ciencia posterior han mostrado que estaba justificado. Los ejemplos de ello incluyen los controles tempranos del tabaquismo, los cuales fueron introducidos antes de que los científicos fuesen capaces de dar una explicación biológica del nexo causal".

Fuente: Ecoportal.net

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