JOHANN HEINRICH DRÄGER: Control de alcoholemia en el trabajo ¿porqué no?

JOHANN HEINRICH DRÄGER: Control de alcoholemia en el trabajo ¿porqué no?

Todos somos conscientes del riesgo del alcohol en la producción de los accidentes. El alcohol en sangre sigue siendo la causa principal de los accidentes de tráfico. Su fácil metabolización genera efectos anestésicos en el sistema nervioso central del conductor. Porqué esta cobardía de afrontar el mismo riesgo en los trabajadores?.
10 February 2016

Es realmente paradójico y hasta absurdo que sea tan sencillo hacer pruebas de alcoholemia por los agentes de tráfico en las vías públicas y sea prácticamente imposible que los responsables de seguridad laboral de una empresa puedan hacer controles de alcohol a trabajadores de construcción o de manejo de prensas o máquinas de alto riesgo que exigen precisión. Los argumentos jurídicos de que debe de prevalecer el derecho individual a su intimidad y a sus condiciones psicofísicas por encima de su seguridad pueden sostenerse en teoría, pero yo como Inspector de Trabajo he levantado cadáveres de trabajadores por caída en altura o por aplastamiento en prensas en los que, después, todos se han lamentado de no haber impuesto un control de las condiciones de reacción del trabajador afectado, existiendo como hay en el mercado medios técnicos para conocer tales limitaciones.

La familia Dräger ha venido dirigiendo una empresa de alta tecnología que ha aportado evaluaciones e informaciones muy valiosas para el mundo sanitario y más aun para profundizar en los efectos colaterales de determinados productos químicos en el organismo humano. El fundador de la saga lo fue Johann Heinrich Dräger (1847 – 1917) que abrió la empresa en 1889 en Lobeck (Alemania), sede en la que se ha edificado el imperio de los aparatos de alta precisión que tuvo una especial relevancia en la detección de alcohol en la sangre mediante espirómetros, aparatos en los que soplando por una boquilla se llega a determinar el grado de alcoholemia en sangre de un conductor,

Cuando las velocidades de los vehículos a motor empezaron a desnudar las limitaciones que los conductores tenían al disminuir sus reflejos y a alargar su capacidad de respuesta para corregir cualquier situación de riesgo de manera exponencial cuando entraba el alcohol en la sangre, pronto se comprendió la imperiosa necesidad de detectar ese nivel de alcoholemia de cuya ingesta se generaban maniobras tardías, evasiones erróneas y en general respuestas inadecuadas que se acababan traduciendo en graves accidentes de circulación. 

El milagro de los Dräger fue llegar a conocer los gramos de alcohol en litro de sangre que tenía un conductor simplemente por la espiración o insuflado de aire de sus pulmones de manera que, conociendo el nivel de ingesta inadmisible, se podía llegar a separar a ese conductor de la circulación y evitar riesgos de accidente. La sofisticación científica llegó cuando en el mismo lugar de la prueba con el alcoholímetro, no solo se determinaba la existencia o inexistencia de alcohol en la sangre (alcotest) sino que se podía dar la cifra de gramos de alcohol en litro de sangre y más adelante se pudo conocer con el etilómetro de alta precisión los miligramos de alcohol en litro de aire espirado. 

Los esfuerzos de los bebedores para eludir sus responsabilidades fueron desvaneciéndose porque la calidad de los Dräger (hoy ya con mucha competencia de marcas) iba abriendo nuevos parámetros de control que están acabando por conseguir extender el convencimiento de que en este tema las Autoridades deben ejercer la tolerancia cero, basada en los implacables avances de la técnica.

Los siguientes pasos están en ir abandonando las determinaciones de alcohol en sangre que dan derecho a hacer analíticas de sangre directamente en laboratorios para contraponer argumentos de defensa de los conductores descubiertos in fraganti con alcohol encima, lo cual siempre es un subterfugio que se opone a la seguridad vial, y se está tratando de conseguir resultados inmediatos con pruebas en saliva, mucho más sencillos pero técnicamente menos fiables de momento. 

Lo que las generaciones de familiares de Dräger han hecho para la seguridad vial es incuantificable porque los controles policiales en ruta han sido durante un gran período de tiempo, clave para convencer al colectivo de conductores más reacios a dejar de conducir tras ingerir alcohol, y su herencia ha sido sensibilizar a una gran mayoría de usuarios de la vía pública de que alcohol y conducción son incompatibles. Probablemente nos impresionaría conocer la cantidad de muertos y lesiones que se han evitado, y la cantidad de años potenciales de vida que se han podido sobrevivir por estos avances que iniciaron los Dräger.

Ya pueden las nuevas generaciones de los Drager sacar alcoholímetros u otros instrumentos de detección de pérdidas de reflejos de los trabajadores, que mientras hayan juristas e incluso agentes sociales que pongan impedimentos, seguirá el alcohol siendo un atroz enemigo de la seguridad laboral.

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