La invisibilidad de las mujeres en el uso sexista del lenguaje

La invisibilidad de las mujeres en el uso sexista del lenguaje

El lenguaje como agente de socialización, de socialización de género, identifica lo que es “femenino” y lo que es “masculino”; lo que se nombra y lo que no se nombra; lo que está permitido y lo que está prohibido…
12 Julio 2017

La comunicación humana es un proceso mediante el cual se transmite información, se expresan e intercambian sentimientos y pensamientos. Esta comunicación supone el aprendizaje y la utilización de códigos específicos para la transmisión de mensajes y experiencias con el objeto de permitir a las personas relacionarse entre sí.

La comunicación verbal, es decir, el lenguaje hablado y escrito, es la principal forma de comunicación humana, pero también existe la comunicación no verbal, donde los mensajes se transmiten a través de imágenes. Pensemos, por ejemplo, en los medios de comunicación, la publicidad y las expresiones artísticas.

El lenguaje es el medio de comunicación verbal por excelencia y se define como la capacidad o facultad desarrollada en el ser humano que nos permite abstraer, conceptuar, comunicar y relacionarnos. Según Ferdinand Saussure (1857-1913 lingüista suizo, considerado el fundador de la lingüística moderna), el lenguaje se compone de lengua (idioma) y habla (recreación de la lengua a través de la fonética y la escritura).

La familia, la escuela, la religión, los medios de comunicación, el grupo de iguales o “pares” y el lenguaje son agentes de socialización. A través de estos agentes, las personas aprendemos e interiorizamos las normas, valores y formas de percibir la realidad de acuerdo con la sociedad en la que vivimos, lo que nos permite desarrollar las capacidades necesarias para interrelacionarnos.

En el caso de nuestra sociedad, una sociedad patriarcal, hablamos de socialización de género y consiste en el aprendizaje mediante el cual los hombres y mujeres asumen un modelo concreto de mujer y hombre, a partir de las normas, funciones, expectativas y espacios sociales que se les asigna “como propios” (roles y estereotipos de género).

El lenguaje como agente de socialización, de socialización de género, identifica lo que es “femenino” y lo que es “masculino”; lo que se nombra y lo que no se nombra; lo que está permitido y lo que está prohibido.

En definitiva, a través del lenguaje se mantiene el androcentrismo, es decir, considerar a los hombres como sujetos de referencia y a las mujeres como seres dependientes y subordinados a ellos. El androcentrismo supone, por tanto, considerar a los hombres como el centro y la medida de todas las cosas.

El androcentrismo tiene su reflejo en los siguientes usos de la lengua:

  • Se acepta como “natural” la preponderancia y mayor relevancia del hombre. Así, en todos los pares de palabras se establece que la forma masculina precede a la femenina: hombres y mujeres, maridos y mujeres, padre y madre, hermano y hermana..., a excepción de los tratamientos “corteses”, damas y caballeros.
  • Se hace de lo masculino el origen de la cultura, Eva provenía de una costilla de Adán y, en cabal correspondencia simbólica, según aprendemos en el colegio, la palabra niña deriva de niño.
  • Se tratan los femeninos como elementos de segunda clase, sub-categorías (por eso el diccionario define edil: miembro de un ayuntamiento; edila: mujer miembro de un ayuntamiento, demostrando que la categoría suprema [“miembro de un ayuntamiento”] está ya ocupada por el hombre, mientras edila necesita un sustantivo para definirse [“mujer”], convirtiéndose así en un subgrupo del grupo supremo, que no necesita venir definido por el sustantivo hombre).
  • Se invisibiliza a las mujeres, ignorándose sus necesidades y despreciando sus contribuciones a la cultura.
  • Simultáneamente se hace concordar masculino y femenino en el supremo género gramatical, el masculino, que tiene carácter universal y supuesta neutralidad.

En definitiva, a través del lenguaje se refleja esta realidad desigual, pero también se refuerza, ya que a pesar de la profunda transformación que ha experimentado el papel social de las mujeres, los mensajes transmitidos siguen mostrando una imagen parcial y las sitúan en una posición subordinada respecto a los hombres. El sexismo no está en la lengua, sino en la mente de las personas. De hecho, no se puede hablar de “lenguaje sexista” sino de “uso sexista” del lenguaje, ya que la lengua, por su variedad y riqueza, ofrece muchas posibilidades para describir una realidad y para expresar todo lo que nuestra mente es capaz de imaginar.

Estos contenidos forman parte del Curso Agente de Igualdad para Organizaciones Empresariales que se imparte por el Centro de Alta Formación Universitario en Chile y certificado por CERpIE - Universitat Politècnica de Catalunya

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Comentarios

Imagen de Cristina Mendia

Interesante reflexión sobre la invisibilidad de las mujeres en el uso del lenguaje. Hay q trabajar para que las comunicaciones, escritos, mensajes ... incluyan tanto a mujeres como a hombres y hacerlo de manera inteligente.

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