Napoleón y la taxidermia: polémica sobre el origen de la muerte del emperador

Napoleón y la taxidermia: polémica sobre el origen de la muerte del emperador

Un poco de historia, arte y toxicología
3 Octubre 2017

Napoleón Bonaparte murió el 5 de mayo de 1821, a la edad de 52 años, mientras purgaba exilio en la isla de Santa Elena, en el Atlántico Sur, una colonia británica donde fue desterrado tras su derrota en Waterloo. Diecinueve años después de su muerte, el 16 de octubre de 1840, la urna que conservaba sus restos fue abierta con el propósito de identificarlo antes de retornar el cuerpo a Francia, tal como había sido su deseo. Así que el debate que se encendió entre los historiadores acerca de la causa de su muerte tiene fecha y hora, ese 16 de octubre de 1840 a las 11.00 de la mañana, momento de la apertura del ataúd. 

Sus antiguos cortesanos quedaron sorprendidos al ver que el cuerpo embalsamado se encontraba perfectamente preservado. Conocida la capacidad del arsénico para preservar los tejidos (el “jabón arsenical” fue una auténtica revolución en el siglo XVIII, rápidamente adoptado por los taxidermistas del Museo de Historia Natural de París), de este acontecimiento se infirió que el arsénico había detenido el proceso de corrupción del cadáver y, consecuentemente, que había sido envenenado. Posteriores análisis del cabello encontraron elevadas concentraciones de arsénico que, asociados a los síntomas que padeció Napoleón en su última etapa, llevaron a la teoría del asesinato. 

Sin embargo, la hipótesis de que Napoleón fue envenenado con arsénico no se sostiene. Un análisis actual de sus cabellos recogidos en distintas épocas (cuando era un niño en Córcega, durante su exilio en la isla de Elba, Italia, y por supuesto, en su exilio final, en Santa Elena), junto con el análisis de los cabellos de su hijo y de la emperatriz Josefina, además de otras muestras-controles de la época, han constatado que todos presentaban trazas de arsénico y que el aumento de su contenido al final de su vida no fue significativo. De hecho, el contenido de este veneno en las muestras de hace 200 años era al menos cien veces mayor que el de los cabellos actuales. Esto indica que a principios del siglo XIX se ingería arsénico en unas cantidades consideradas actualmente como peligrosas. Uno de estos orígenes era a consecuencia del vino, ya que los fabricantes de la época solían secar los barriles con arsénico. 

Por el contrario, su muerte tuvo una causa más prosaica. La autopsia realizada por el médico corso Dr. Franchesco Antommarchi, su médico de cabecera y con mucha experiencia anatómico-forense, no parece dejar dudas de que la causa final de su fallecimiento fue un cáncer gástrico. En dicha autopsia describe con precisión un carcinoma gástrico escirroso ulcerado de 10 cm de extensión, que le ocasionó una hemorragia digestiva que clínicamente se manifestó por crisis dolorosas epigástricas y episodios de hematemesis y melenas en sus últimos días, tal y como documentalmente consta. Este sangrado masivo, fue, sin duda, la causa inmediata de su muerte.

Aunque gracias a la taxidermia se han fomentado tramas conspirativas, sirva esta anécdota para tener presente esta última profesión, en donde el uso del arsénico blanco (trióxido de arsénico) se utiliza desde tiempo inmemorial.

Nota: Los resultados del cabello también pusieron en evidencia que existían niveles elevados de antimonio. Este figuraba en la composición del famoso Tártaro emético (Antimonium Tartaricum), un poderoso emetizante. Sin duda le fue administrado, ya que los médicos de su tiempo consideraban que a consecuencia de los intensos vómitos que provocaba y la consecuente pérdida de líquidos, provocaba una disminución de la tensión arterial y consecuentemente facilitaba una disminución de la hemorragia digestiva. Desgraciadamente, el antimonio también ocasiona severas arritmias cardíacas, especialmente una taquicardia ventricular, con lo que tal terapéutica “contribuyó”, sin duda, a acelerar su fallecimiento.

Se adjunta una litografía de Eulalie Morin, que recoge el momento de la exhumación del Emperador el 16 de octubre de 1840 en la isla de Santa Elena (isla ubicada en mitad del océano Atlántico a más de 2800 kilómetros de distancia de la costa occidental de Angola, África).

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