En la comunicación, confundimos el mensaje con el código. Claves para descifrarlo

En la comunicación, confundimos el mensaje con el código. Claves para descifrarlo

Las Claves para expresar de forma más clara nuestra experiencia interna ante cualquier situación, y ,como oyentes, para decodificar con éxito el auténtico mensaje oculto.
13 Julio 2015

Vivimos en medio de grandes retos personales y colectivos. De entre todos ellos hay uno con el que nos topamos cada día. Este es la necesidad de explicarnos y de que nos entiendan. Existe una gran diferencia entre la experiencia interna que vivimos ante un situación cualquiera de la vida y lo que podemos expresar sobre ella a través del lenguaje. La experiencia interna es muy rica, llena de pensamientos, con sus imágenes, sus sonidos, todas las sensaciones en el cuerpo y las emociones. Sin embargo nos encontramos ante una gran limitación al tratar de transmitir toda esta experiencia a través del lenguaje, tanto verbal como no verbal.

El lenguaje no deja de ser una forma de codificar, toda esa experiencia interna, que tratamos de dar a conocer a los demás, para que puedan aproximarse a ella. En el mejor de los casos es tan solo una aproximación.  ¿No te ha ocurrido más de una vez que has tenido serías dificultades para tratar de explicar algo que habías vivido, y al final has acabado diciendo?. ¡No se puede explicar con palabras!¡Tienes que vivirlo para entenderlo!

O cuando has leído un libro o has visto una película, y cuando te preguntan por qué te aparecido, respondes ¡me ha gustado! ¡ me lo he pasado muy bien!¡se me ha hecho larga!. Etc. ¿Cómo sintetizar toda la experiencia interna que has vivido leyendo la novela, imaginando los personajes, las situaciones, emocionándote con ellos, en un par de palabras?. Muy complicado. Incluso cuando alguien te pregunta ¿Cómo estas?. ¿Cuántas veces respondes bien, tirando, peleando, aquí…, etc.?. Cuando la experiencia de tu estado en cada momento es enormemente rica.

Es decir, hablamos con mensajes codificados. Cuyos significados sólo conocemos nosotros. Aunque en muchísimas ocasiones, ni siquiera nosotros.

El asunto se complica porque el que escucha tu mensaje, no suele tener en cuenta que le hablas en codificado, que tu experiencia interna es más amplia de lo que expresas, qué hay mucho más detrás de ese mensaje. Normalmente el oyente se queda con las palabras. A veces ni eso porque está más preocupado de lo que está pensando, de lo que va a contestar, o de otras cosas. Es decir, que el oyente distorsiona , a menudo ese mensaje codificado. El problema es que piensa que entiende y sabe lo que está expresando el otro y porqué lo hace.

Por ejemplo te cruzas con tu vecino por la escalera y le ves serio, con la mirada un poco perdida. Le saludas y no te responde. Te pones a buscar la explicación de que no te salude. Puede que lo consideres una grosería y le este esperando para devolvérsela. O puede que pienses que está enfadado contigo por lo que dijiste en la última reunión de vecinos. Sin embargo, lo que realmente le ocurre es que a su Padre acaban de diagnosticarle una enfermedad grave y está muy preocupado y ausente.

¿Has acertado en tu codificación?. Para nada. ¿Cómo es posible que nos podamos comunicar¿¿Parece imposible?¿Estamos en muchas ocasiones en una auténtico diálogo de besugos?

Para mejorar esto lo primero sería que el emisor esté conectado consigo mismo, con su experiencia interna, y que por tanto pueda  siendo honesto, conectar con ella , con lo que está experimentando y expresarlo. La mayoría de las veces nos expresamos desconectados de esa experiencia, de nuestros auténticos sentimientos, y nuestras creencias codifican el mensaje que emitimos. Sobre todo cuando estamos con una emoción intensa, si no estamos en contacto con ellas y nos permitimos expresarla, la codificación es mayor. Por ejemplo frases como: ¡No me pasa nada!¡Estoy harto de esto!¡Díselo a otro!¿Cómo será el nuevo trabajo?¡Nunca me ha pasado nada!¡A los jefes no le importamos nada!. Y muchas miles más, son mensajes codificados, que hay que saber decodificar. Primero para que la persona que lo emite  se dé cuenta de lo que está codificando y segundo para que el oyente pueda descubrir el mensaje real que está debajo del código.

Te invito a que leas el próximo post en el que hablaré de cómo podemos decodificar los mensajes.

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