GALBRAITH, LAS TECNOESTRUCTURAS Y LA PREVENCIÓN

GALBRAITH, LAS TECNOESTRUCTURAS Y LA PREVENCIÓN

Llámese como se quiera llamar: poderes fácticos, puertas giratorias, contubernios judeo-masónicos, intereses ocultos, lineas inconfesables, estrategias de poder, mandos indirectos, sistemas de aceleración de procedimientos, acuerdos silenciosos, eficacia en los plazos, intermediarios eficientes, palcos futbolísticos, cenas de negocios, .... se llame como se llame parece ser un mal endémico del sistema capitalista detectado por Galbraith como neocapitalismo basado en la estrecha relación entre algunas grandes empresas y los Organismos administradores de los caudales públicos.... y entre medio.... tiene entrada, cabida o prioridad la prevención y no digamos la seguridad y la salud?.... o es un florero, una derivada o un escollo ...habrá que volver a recordar los valores de la ética?..
11 Abril 2017

Cada régimen político tiene sus virtudes y sus defectos. En el siglo XX explotó la confrontación del binomio capitalismo - comunismo cuyos predicamentos fueron el desarrollo y el progreso que proclamaban los capitalistas dirigidos por las élites con capacidad para generar negocio, riqueza y trabajo, y el poder del pueblo comunista mediante unas Administraciones Públicas potentes con capacidad de dirigir y doblegar la iniciativa privada en beneficio del bien común. Las debilidades de ambos sistemas los tenemos al orden del día porque ya en el siglo XXI las fuerzas políticas se mantienen en sus correspondientes roles pero con la paradoja que acaban encontrándose o necesitándose en los momentos de las grandes decisiones. Sin darse cuenta los grandes pensadores capitalistas o comunistas que, finalmente, no acaban decidiendo ni los unos ni los otros sino el gran colectivo de funcionarios fijos, eternos, que ,ahí están y siguen estando, mande quien mande por arriba o por abajo, y terminan resolviendo en las grandes decisiones..... y si.... ni capitalistas ni comunistas ignoran la existencia de este inmenso colectivo timonel de los destinos del país y sus ciudadanos, y no son extraterrestres ni los unos ni los otros, y si quieren avanzar hay que hablar, discutir y convencer a los funcionarios, Gerentes, Subdirectores,Jefes de Servicio, Jefes de Sección, Jefes de Negociado,Interventores, Administradores,... que en definitiva son los que llevan la carpeta de firma a los Ministros, Consejeros, Subsecretarios, Secretarios Generales y Directores Generales, que, como mucho resisten 4 años en el cargo, hasta la nueva remesa de políticos que las urnas han premiado en las últimas elecciones.

Fue, pues ,el economista John K. Galbraith que llegó a ser asesor de la máxima confianza de John Fritgerald Kennedy quien acabó reconociendo la existencia y el poder de la tecnoestructura en una obra publicada en 1967 con el título de "El nuevo estado industrial" donde se describía al grupo de tecnócratas que, a raiz de las últimas transformaciones del capitalismo, habría adquirido una capacidad notable de influencia en los procesos de toma de decisiones de las empresas y de la Administración Pública. Este neocapitalismo de Galbraith se definía entre otras cosas por la "estrecha" relación que se establecía en él entre las grandes empresas y el Estado.En este contexto, la tecnoestructura se habría convertido en el lugar de encuentro del poder político y el poder económico. Pero este campo que huele a "ultracapitalismo" acaba siendo el terreno ideal para el pragmatismo de los idealistas comunistas que después de defender a sangre y fuego sus prioridades sociales, no tienen más remedio que contratar a especialistas y economistas que hagan posible el desarrollo de sus proyectos, interlocutores que, no cabe duda, se quitan la corbata y se ponen camisa a cuadros para conseguir las adjudicaciones. Este contexto ya se airea y reconoce abiertamente en la actualidad por periodistas independientes que fotografían con precisión a los actores de los poderes legislativo, ejecutivo y jurisdiccional (todos acaban siendo personas con las mismas virtudes y defectos históricos) ante hechos y circunstancias concretas que van ya no salpicando sino inundando los programas de noticias de cada día.

En medio de un mar de intereses políticos, económicos, sociales y territoriales, cada vez está más claro que quien acaba llevándose el gato al agua es quien sabe manejarse mejor con los altos funcionarios de toda la vida. El mundo empresarial no va a abandonar su estrategia desarrollista y el mundo social no va a abandonar su estrategia expansionista, y por motivos opuestos, unos y otros acaban en manos de los tecnócratas funcionarios, quienes tienen en sus manos la gestión de las partidas presupuestarias públicas y por lo tanto el poder de inclinar hacia un lado u otro la balanza politica de un país.  Al final, son esos funcionarios de toda la vida, que tienen sus ideas (que esconden en un talante de independencia política) y sus prioridades los que acaban decidiendo los objetivos a cumplir y las líneas de gasto a cerrar.

Los poderes reales, con capacidad de influir de forma práctica si la seguridad, salud, prevención y protección de las personas requieren un mayor y mejor apoyo económico, legislativo, institucional y jurisdiccional, son los de la tecnoestructura, a quienes acabamos conociendo en el transcurso de los años, no por sus declaraciones, sino por su cadena ideológica de decisiones.

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