El ALVIA DE COMPOSTELA… INGENIEROS, PSICÓLOGOS O GESTORES

El ALVIA DE COMPOSTELA… INGENIEROS, PSICÓLOGOS O GESTORES

Tras accidentes como el del tren de Compostela dejan siempre en el subconsciente de todos quienes han participado en el proyecto del tren y la formación del maquinista si pudo hacerse algo más con antelación para evitarlo.
1 Julio 2015

Las impresionantes imágenes de la catástrofe ferroviaria de Angrois producida por la entrada de un tren a alta velocidad en una curva cerrada cerca de Santiago de Compostela, han dado la vuelta al mundo por la magnitud de las consecuencias y por las circunstancias que hicieron posible que un tren con 210 pasajeros a bordo pudiera físicamente tener alguna oportunidad de afrontar la curva rebasando su velocidad crítica que no es otra que aquella a partir de la cual la fuerza centrífuga de la masa  circulante supera la resistencia de contacto entre las ruedas acanaladas y los raíles de las vías.

Por encima de cualquier consideración sobre las responsabilidades de los hechos en un tema  pendiente de decisiones judiciales y administrativas con superior criterio, hay un hecho simple que es admitido por todos: la causa del accidente fue un exceso de velocidad en un tramo que debió abordarse con moderación. De la reconstrucción del accidente saldrán los motivos que produjeron en esta ocasión el salto del vagón intermedio que precipitó el desequilibrio del convoy y muy posiblemente se hagan valoraciones en relación con el sobrepeso excesivamente elevado que pudo tener el vagón que portaba la dinamo generadora o recuperadora de energía. El debate de futuro para que no vuelvan a suceder accidentes de esta índole pasa por determinar si el conductor puede y debe tener la libertad de decidir en la aceleración y frenado en todo momento, o si por el contrario, el riesgo debe de ser eliminado o paliado con dispositivos de seguridad que impidan automáticamente llegar al extremo de permitir la circulación en unas condiciones físicamente imposibles de contener.

Quienes iban en el tren el 24 de Julio de 2013 y han sobrevivido tienen a flor de piel de su consciente que se han librado de la muerte por cuestiones de azar y de fortuna. Y quienes en algún momento con decisiones preventivas pudieron evitar el suceso mediante medidas técnicas que eliminaran la posibilidad de un error humano en los conductores podrían estar pensando en que en algún momento del proceso de proyecto, desarrollo, explotación y gestión de la seguridad del ferrocarril en cuestión, se hubiera podido tomar una decisión que hubiera evitado la catástrofe.

Una pasajera del tren accidentado, Teresa Gómez-Limón, Doctora en Psicología por la UCM, que pertenece a la clase política, fue valiente al pedir abiertamente explicaciones sobre el porqué se permitió llegar a una situación límite evitable, y aun a conciencia de que unos u otros de los distintos niveles jerárquicos de los partidos responsables en las distintas etapas del diseño y ejecución de la línea férrea no se sentirán cómodos por su posicionamiento, ella dice públicamente que un representante de los ciudadanos debe de mantenerse en tal condición por encima de representar también a los responsables políticos y empresariales relacionados con los hechos, y exige que se reconozcan los déficits de seguridad con valentía para conseguir las garantías necesarias de que algo así no puede volver a suceder. Teresa lidera a contracorriente un criterio justo y equilibrado de seguridad vial.

Cada accidente de tráfico en curva con salida de la via es un pequeño recuerdo de lo sucedido en Angrois. Las curvas tienen su velocidad crítica a partir de la cual la fuerza de adherencia entre neumático y pavimento es superada por la fuerza centrífuga de la masa del vehículo y sus ocupantes por el cuadrado de la velocidad a la que se circula, y ello aun más si el vehículo lleva carga elevada y su momento de inercia o de vuelco, y su impulso mecánico y cantidad de movimiento, dictan inexorablemente  la pérdida de control en la conducción.

Detrás del accidente de Angrois hay un diseño de vagones con sus mecanismos, sistemas y fuentes de energía que debió ser calculado con un margen de seguridad y una ubicación del centro de gravedad que no pudiera bajo ningún concepto descompensarse con las velocidades posibles , y hay una infraestructura de vías que debía haber tenido raíles y peraltes adecuados para las fuerzas centrífugas excesivas en momentos de alta velocidad, pero sobre todo, y esta siempre será la gran incógnita, el conductor debió haber sido formado, preparado, sensibilizado y absolutamente convencido de que de sus limitaciones pendían tantas vidas humanas y que llevar un tren no es un trabajo en el que todo vale porque todo se resuelve solo, sino que la persona que conduce una máquina capaz de matar, con todo su bagaje de perfecciones e imperfecciones, debe de cumplir en todo momento las condiciones que garanticen su concienciación y equilibrio, físico, psíquico y mental que eviten situaciones límite.

Detrás de este accidente seguro que hay varias personas que no viajaban en el tren que en distintos momentos anteriores pudieron aportar aspectos preventivos mejorables, y detrás de cada  uno de los 80 muertos y demás víctimas hay tanto familiar afectado y sobre todo tantos años potenciales  de vida perdidos entre quienes fallecieron que nos obligan a ser más exigentes, más rigurosos y más humanos para evitar que vuelva a suceder. 

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