Economía circular y sostenibilidad en el sector agroalimentario

Economía circular y sostenibilidad en el sector agroalimentario

El mundo se enfrenta al reto de nutrir a más de 9.000 millones de personas y aumentar la producción de alimentos en un 70% de aquí al año 2050. Urge una profunda transformación de los modelos de producción y distribución del sector agroalimentario para que su cadena de valor genere el rendimiento requerido para satisfacer de modo sostenido y equilibrado las necesidades nutritivas de toda la población del planeta.
14 Julio 2019

EL SECTOR AGROALIMENTARIO, LA “DESPENSA” DE LA HUMANIDAD

La creciente presión sobre los recursos naturales, el aumento de la desigualdad social, los fallos en la distribución, y los efectos del cambio climático, son las principales causas que ponen en peligro la capacidad de la humanidad para alimentarse de modo sano y equilibrado. La forma habitual de gestionar la agricultura no es una opción válida en el contexto de la circularidad, sino que hacen falta grandes transformaciones en los sistemas agroindustriales, en las economías rurales y en el manejo de los recursos naturales. Además, el aumento de la producción alimentaria y el crecimiento económico implican considerables costes ambientales. Muchos bosques que tiempo atrás cubrieron la tierra desaparecieron por sobreexplotación, o para ser destinados a cultivos extensivos que disminuyeron la capacidad productiva de los suelos, los recursos hídricos son cada vez más escasos y expuestos a desequilibrios cíclicos, y la biodiversidad se encuentra seriamente amenazada.

La degradación del suelo por contaminación o mal uso representa un coste importante a nivel mundial, sin tomar en cuenta los costes ocultos del uso creciente de fertilizantes, de la pérdida de biodiversidad y del deterioro del patrimonio paisajístico. Mejorar e incrementar la productividad del suelo mediante prácticas sostenibles, reducir los residuos provenientes de la cadena de valor de los alimentos, y retornar nutrientes a la tierra, son algunos de los factores que pueden contribuir significativamente a enriquecer el suelo y a recuperar su valor como recurso. La economía circular aplicada a la agricultura, además de propiciar la reincorporación de residuos y subproductos a la cadena de valor, moviliza el material biológico a través de la digestión anaeróbica o los procedimientos de compostaje para garantizar el retorno de nutrientes al suelo, y reduce la necesidad de utilizar fertilizantes químicos. Este es el principio básico del concepto de “regeneración”.

El sector agroalimentario, si bien se basa principalmente en los fundamentos de la ecología, no constituye la única actividad económica responsable, aunque sí una de las pocas específicamente involucradas, en el problema ambiental. Por definición, es la actividad comprometida con la alimentación del ser humano, y se la identifica con la extracción desde el medio ambiente del máximo de ventajas para dar soporte a la vida, todo ello proyectado hacia un futuro caracterizado por demandas alimentarias en incesante incremento. En síntesis, el reto para el sector consiste en lograr un equilibrio razonable entre satisfacer las necesidades alimenticias de una población en continuo aumento, y una producción segura y eficaz, que a la vez proteja, mantenga e incluso mejore el entorno natural.

CARENCIAS EN LA EXPLOTACIÓN, DESPERDICIOS Y DEFICIENTE DISTRIBUCION

La capacidad de producción de alimentos del planeta puede verse desbordada si se mantienen las tendencias de los actuales modelos de explotación. Como contrapartida, si se desea efectuar un análisis objetivo del futuro de la agricultura y de la alimentación mundial, se ha de partir de la consideración de los siguientes aspectos, pese que, a primera vista, puedan parecer simples reflexiones de corte especulativo o catastrofista:

  • Actualmente, se producen alimentos más que suficientes para alimentar a una población mundial sana, pero la pérdida de alimentos hace que de las 4.600 kcal por persona que se producen, sólo 2.000 están disponibles para su consumo.
  • En Estados Unidos, el 40% de los alimentos se desperdicia cada año, y con ellos, 350 millones de barriles de petróleo y 40 billones de litros de agua.
  • En la Unión Europea, se calcula que cada año se desperdician 88 millones de toneladas de comida, lo que equivale al 20% de los alimentos producidos.
  • A escala mundial, se calcula que el desperdicio de alimentos equivale al consumo de la cuarta parte del agua utilizada en la agricultura.
  • Los países de renta baja suelen sufrir pérdidas significativas de alimentos por falta de instalaciones de almacenaje y distribución, insuficientes infraestructuras de procesamiento, plagas de los cultivos, y mal manejo de las explotaciones y de la cadena alimentaria.
  • En el ámbito alimentario mundial, también hay que tener en cuenta que buena parte de los problemas de hambrunas crónicas y de desnutrición que afligen a muchas regiones y a multitud de seres humanos del planeta, obedece más a problemas de gestión de infraestructuras de almacenaje, transporte y distribución, que a problemas de producción.

Una estrategia imprescindible para afrontar el reto de alimentar a la creciente población mundial sin aumentar la carga que supone la producción para el ambiente, es reducir los residuos alimentarios. En tal sentido, destacados investigadores calculan que reducir el 50% de los desperdicios de la cadena alimentaria, incluidos los causados por prácticas agrícolas inapropiadas y fallos de manipulación posteriores a la cosecha, constituye tanto una oportunidad como un objetivo que se ha de perseguir de modo urgente.

Los residuos orgánicos originados en la agricultura, en el sector forestal, o contenidos en la fracción orgánica de los flujos de residuos sólidos urbanos y de las aguas residuales que fluyen a través de los sistemas de alcantarillado, son habitualmente considerados como un problema, tanto en términos económicos como ambientales. Sin embargo, esta percepción puede revertirse mediante el diseño de sistemas de recuperación y procesamiento más efectivos, orientados a convertir los residuos orgánicos y la biomasa en una fuente de valor, y restaurar por esta vía el capital natural.

Bien gestionada y explotada, la tierra tiene capacidad suficiente para abastecer cuantitativa y cualitativamente de alimentos a una humanidad cuya población crece incesantemente, y cuyas exigencias y reivindicaciones en términos de calidad de vida evolucionan en el mismo sentido. Alimentar adecuadamente a la sociedad no es por lo tanto un problema de producción de alimentos, sino de deficiente planificación de medios y recursos productivos, y de la existencia de vicios especulativos y distorsiones partidistas en los canales y sistemas de distribución del mundo global contemporáneo. 

El sector agroalimentario se enfrenta al reto de alimentar a más de 9.000 millones de personas y aumentar un 70% la producción de alimentos de aquí al año 2050. Urge una profunda revolución tecnológica para hacer que las explotaciones en el campo sean más productivas, rentables y sostenibles, y que la cadena de valor alimentaria sea gestionada aplicando los principios de la circularidad. Teniendo en cuenta que la agricultura consume el 70% del agua dulce disponible en la superficie de la tierra, resulta también imprescindible impulsar una gestión más eficiente de un recurso que es frágil y escaso, con el apoyo de las tecnologías y el conocimiento actualmente existentes para ello.

CONTRIBUCION DE LA ECONOMIA CIRCULAR AL SECTOR AGROALIMENTARIO

La aplicación de los principios y fundamentos de la Economía Circular puede generar importantes ventajas en el sector agroalimentario. Entre otras, además de las que entran en el terreno específico de la ecoinnovación, del transporte y de la comercialización y distribución de alimentos, cabe citar las resumidas a continuación.

Recursos Hídricos

La economía circular puede contribuir a optimizar el uso del agua en la agricultura y en las industrias asociadas a través de las siguientes practicas:

  • Perfeccionamiento de las técnicas de riego y cultivo y fomento de la producción ecológica.
  • Desarrollo de la “smart agro” o agricultura de precisión.
  • Prevención de la deforestación y erosión del suelo.
  • Optimización del ciclo hídrico.
  • Mantenimiento de las redes de distribución de agua.
  • Control y mantenimiento de las instalaciones.
  • Eliminación de vertidos contaminantes.
  • Gestión responsable de purines, fertilizantes y pesticidas.
  • Control de los sistemas de embalse y almacenaje.
  • Depuración y reaprovechamiento de aguas residuales.
  • Instalación de dispositivos limitadores de caudal.
  • Control de fugas y filtraciones.
  • Control de la huella hídrica y ambiental del sector.
  • Ajuste a la normativa ambiental aplicable.

Energía

La adopción de la circularidad en las infraestructuras y equipamientos agroalimentarios puede contribuir a la optimización energética si se aplican estrategias de:

  • Mantenimiento y control de las instalaciones.
  • Optimización del consumo energético.
  • Instalación de equipamientos eficientes.
  • Apuesta por la implantación y uso de energías renovables.
  • Fomento de la valorización energética de biomasa y de los biocombustibles.
  • Utilización de sistemas de aislamiento térmico eficaces.
  • Construcción de infraestructuras con criterios de sostenibilidad.
  • Contratación de suministros energéticos de bajo coste.
  • Ajuste a la normativa ambiental aplicable.

Gestión de Residuos y Subproductos

Residuos y subproductos constituyen recursos productivos de gran valor cuando son reincorporados a los ciclos de producción de acuerdo con los principios de la economía circular. En tal sentido, las siguientes opciones son atractivas cuando se llevan a cabo en el sector agroalimentario, donde las pérdidas de alimentos ocasionadas por una deficiente gestión son importantes:

  • Reducción del desperdicio alimentario.
  • Reducción de la generación de residuos.
  • Recogida y procesamiento selectivo de residuos: identificación, tipificación y clasificación.
  • Uso de excedentes y subproductos para la elaboración de alimentos alternativos.
  • Reutilización, recuperación y reciclaje.
  • Elaboración de piensos y fertilizantes orgánicos.
  • Fomento de técnicas de compostaje.
  • Desarrollo y práctica de la bioeconomía.
  • Valorización energética de residuos, excedentes y subproductos alimentarios y forestales.
  • Optimización del almacenaje.
  • Depuración y aprovechamiento de aguas residuales.
  • Simbiosis industrial sectorial e intersectorial.
  • Formación y sensibilización de los consumidores.

Infraestructuras y Equipamiento

En un contexto globalizado, sujeto a la volatilidad y a la inestabilidad del sistema económico, es necesario gestionar las inversiones en activos físicos y equipamientos procurando extender al máximo su vida útil. El sector agroalimentario no escapa a esta necesidad, y debe procurar enfocar las inversiones sobre la base de estrictos criterios de sostenibilidad, para lo cual debe basar las estrategias de inversión en los siguientes principios de economía circular:

  • Diseño con criterios de sostenibilidad.
  • Construcción con materiales sostenibles.
  • Construcción con materiales de proximidad.
  • Construcción prefabricada, modular, estandarizada y escalable.
  • Recuperación y reutilización de materiales constructivos.
  • Incorporación de energías renovables.
  • Equipamientos que optimicen el uso de la energía.
  • Control del consumo y depuración del agua.
  • Control y mantenimiento de las instalaciones.
  • Estrategias de uso compartido y economía colaborativa.
  • Adaptación a cambios de uso por la evolución del sector, la técnica y la innovación.
  • Gestión estratégica basada en “asset management”.
  • Ajuste a la normativa ambiental aplicable.

Cabe igualmente destacar el potencial y las oportunidades que hoy representa la práctica de la llamada “smart agro”, una estrategia análoga a la de la “smart city”, que se basa en la adopción de la digitalización, de las herramientas de la Industria 4.0 y de las técnicas de cultivo y explotación de última generación. En igual sentido, la utilización del “big data” es de gran valor a la hora de “digitalizar” el sector agroalimentario, orientándolo hacia los principios de la circularidad, teniendo en cuenta que esta opción se centra en el desarrollo de aplicaciones que permiten la recogida de datos, su análisis y su interpretación para mejorar la eficiencia de gran variedad de aspectos, tales como la racionalización del uso del agua en el riego, el control de plagas, la utilización de técnicas de cultivo innovadoras, y la optimización del almacenaje y de la logística de distribución. “Big data” sirve además para llevar a cabo auditorías, efectuar controles de trazabilidad, y basar la toma de decisiones en información estadística que permita sacar conclusiones y formular estudios predictivos con rigor y objetividad. En igual sentido, disponer de información fiable y precisa facilita el diseño de modelos enfocados a aprovechar la meteorología, la geolocalización y la monitorización a distancia para configurar una “agricultura de precisión”, orientada al manejo eficiente y sostenible de los recursos productivos.

BIOECONOMIA Y BIODIVERSIDAD

La agricultura moderna y progresista está llamada a hacer uso de habilidades novedosas en la utilización del medio ambiente sin provocar su deterioro. El suelo agrícola constituye la única reserva de espacios abiertos y áreas verdes extensivas, tales como cultivos, praderas, bosques y montes explotados, aparte de ciertas áreas protegidas o parques naturales, cuya importancia es relevante para la sociedad y la protección de la biodiversidad. Las personas sienten la necesidad de espacios abiertos para el ocio, el recreo y la diversión, y para ello miran hacia la misma tierra que produce sus alimentos. De allí que el uso múltiple de la tierra agrícola, a medida que ésta se constituye en recurso escaso, es uno de los principales puntos a considerar desde el punto de vista de la planificación y de la gestión del futuro.

Esta realidad pone de relieve la importancia de la investigación, la educación, la información y la participación activa de cada integrante de la comunidad en este nuevo enfoque del sistema, que obliga al mejor uso de los recursos en beneficio directo y prioritario de la sociedad y de la sostenibilidad del entorno vital. Al plantear la sostenibilidad como el objetivo insoslayable de la era global se debe actuar con una visión holística, realista y responsable, que se proyecte más allá de los intentos para solucionar problemas puntuales como el cambio climático, la contaminación del agua o el deterioro de la calidad del aire.

El valor que tienen los residuos orgánicos y la biomasa generados desde diferentes fuentes es innegable, y la meta debe ser procesarlos como recurso aplicando principios circulares, y aprovechar la oportunidad de extraer el potencial que contienen en forma de energía, de nutrientes o de materiales susceptibles de ser reincorporados a los ciclos técnicos y biológicos. Cada año se generan alrededor de 13.000 millones de toneladas de biomasa en todo el mundo para ser utilizada como alimento, energía y materia prima. Esta biomasa fluye a través de lo que se conoce como «bioeconomía». La participación de la bioeconomía en la economía global es mucho mayor en los mercados emergentes, donde se prevé que tendrá lugar el mayor crecimiento del consumo per cápita. En este contexto, el volumen de biomasa que fluye a través de la economía crecerá, ya que, tal y como fue anteriormente señalado, se estima que se deberá aumentar la producción de alimentos en un 70% de aquí al año 2050 para hacer frente a la demanda ocasionada por el aumento de la población mundial.

Las ciudades concentran en los espacios urbanos los alimentos procedentes de las zonas rurales. Hoy en día, casi ninguno de estos materiales regresa a la biosfera, lo que significa que los suelos agrícolas se están degradando, y cada vez requieren de más fertilizantes sintéticos para mantener adecuados niveles de productividad. En cambio, aplicando los principios de la bioeconomía, la recuperación de nutrientes básicos, como el nitrógeno, el fósforo y el potasio, de los flujos de alimentos y de residuos animales y humanos, podría aportar a escala global casi 2,7 veces los nutrientes contenidos en los volúmenes de fertilizantes químicos actualmente empleados en la agricultura.

Es fácil deducir las ventajas de aplicar los principios de la bioeconomía y de la circularidad en el ámbito agroalimentario. El Foro Económico Mundial estima que los ingresos potenciales de la cadena de valor de la biomasa, que comprende la producción de insumos agrícolas, el comercio de biomasa y los resultados provenientes de las “biorrefinerías”, son de especial importancia a nivel mundial. Sin embargo, aunque tales iniciativas ofrecen considerables oportunidades comerciales y de mercado, plantean también numerosos desafíos. Aún persisten residuos estructurales significativos en la bioeconomía, ya que alrededor de un tercio de los alimentos que se producen anualmente en el mundo se desperdician, y se perpetúan la pérdida de capital natural y las externalidades ambientales negativas en el ciclo de la biomasa y de los recursos naturales, como consecuencia de la falta de políticas y de procedimientos de gestión sostenibles.

La posibilidad de aumentar la producción como única solución de los problemas de alimentación de la humanidad es limitada, porque los cambios a propiciar deben también tener en cuenta la gestión de los residuos de las explotaciones ganaderas y avícolas, de las agroindustrias, y de otras actividades afines, al margen de planificar de modo racional la ubicación de dichas actividades dentro del medio comunitario, y de preservar la calidad del suelo. Los ecosistemas artificiales generados por la agricultura extensiva son inestables, vulnerables, no son autosuficientes ni propician la biodiversidad, por lo que los beneficios que aportan al hombre deben considerarse en justa proporción con la utilización de los recursos naturales y el equilibrio ambiental general. En cambio, los ecosistemas naturales, como parques naturales o similares, son de gran valor, no sólo por su aporte a la sociedad y el medio ambiente, sino también como fuente de información para la investigación y la conservación de la biodiversidad.

PROYECCION TRANSVERSAL DEL SECTOR AGROALIMENTARIO

La cadena agroalimentaria es compleja, variada y de naturaleza pluridisciplinar. En ella intervienen componentes que van desde la producción agrícola primaria, pasando por los procesos de transformación y elaboración de alimentos, hasta llegar al consumidor por la vía de complejas redes de distribución y comercialización. Entre todas estas etapas, se establece un tejido de relaciones e influencias lineales y recíprocas que es preciso gestionar desarrollando estrategias transversales que comprometan a todos los agentes que compartan intereses en la cadena, y fundamentarlas en el ejercicio de la responsabilidad, para así proyectarlas con éxito hacia objetivos de sostenibilidad integral.

La transversalidad implica que los protagonistas de la cadena agroalimentaria deben ejercer esquemas de liderazgo y gobernanza ajustados a nuevos modelos de negocio y de consumo, e interactuar de modo solidario y responsable para buscar soluciones a los problemas de modo novedoso e imaginativo. Deben dejar de lado los intereses y enfoques partidistas, huyendo de las tentaciones especulativas y del despilfarro, respetando el contexto de la realidad actual y de las experiencias del pasado.

Si se aplican los principios y fundamentos de la Economía Circular, será posible alcanzar con éxito la sostenibilidad integral del sistema, y así cubrir las necesidades de una población en continuo aumento, a la cual es esencial garantizar una alimentación equilibrada y saludable.

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