Liderazgo, Gobernanza y Transversalidad, tres requisitos imprescindibles para asegurar la Sostenibilidad

Liderazgo, Gobernanza y Transversalidad, tres requisitos imprescindibles para asegurar la Sostenibilidad

El nivel de incertidumbre y la volatilidad, característicos del actual entorno geopolítico, exigen adoptar modelos de liderazgo y gobernanza transversales que apuesten por asegurar la sostenibilidad en el mundo globalizado. Un reto que debe ser asumido por todos con responsabilidad y voluntad de compromiso.
16 Junio 2019

EL CONCEPTO DE LIDERAZGO EN EL CONTEXTO GLOBAL

La evolución hacia el asentamiento de la sociedad y de la economía globalizadas se está produciendo en paralelo a cambios diversos y de variada magnitud que, de uno u otro modo, configuran un entorno económico, social y político diferente al que ha predominado durante y después de la revolución industrial y post industrial. Los cambios a los que obliga la cuarta revolución industrial, derivados del auge de la digitalización y de la Industria 4.0, constituyen la causa de la necesaria remodelación de los estilos de comportamiento a la que se enfrenta la sociedad del futuro inmediato.

Ante los incipientes cambios en el estilo y conducta de la sociedad y de la economía en general, es fácil observar que detrás de ciertas manifestaciones globales subyacen causas susceptibles de ser consideradas aisladamente, pero no es prudente perder de vista la interacción que ocurre entre ellas. La función de los agentes sociales debe ser considerada de modo simultáneo con los cambios que ocurren en el entorno económico, cada vez más imprevisible, incierto y complejo, que configuran un escenario de creciente inestabilidad, variabilidad y caos, frente al cual se han de poner en marcha nuevas capacidades de acción y reacción.

Los cambios globales repercuten tanto en el mundo económico como social, y son también consecuencia de la anticipación previsora de las incógnitas del futuro. La modificación evolutiva de las estructuras orgánicas, con el paso de esquemas jerarquizados piramidales a diseños de organigramas más planos, integrados por equipos virtuales de trabajo basados en el conocimiento, así como la progresiva relevancia de la función sobre la posición, son claros ejemplos de modificaciones adaptativas frente al nuevo orden. También lo son el cambio del concepto de dominio y ejercicio del poder, su distribución de acuerdo a organizaciones más participativas y responsables, y el necesario incremento del nivel de capacitación, formación y acopio de conocimientos de las personas como requisito para evitar su marginación del proceso de generación de valor añadido.

La trayectoria hacia la sostenibilidad en la era global por la vía del conocimiento impone como condición el ejercicio de un nuevo estilo y de un nuevo modelo de comportamiento personal, marcado por el afianzamiento de los principios de participación, de cooperación, de responsabilidad, de delegación, de aptitud profesional y de trabajo en equipo, sin los cuales difícilmente es posible alcanzar objetivos de prosperidad y estabilidad.

 Como “liderazgo” se ha de entender la tarea de servir al desarrollo humano mediante la creación continuada de riqueza, con criterios de equidad, madurez, responsabilidad, ética y sentido de la solidaridad. El ejercicio del liderazgo ha de garantizar la continuidad de la actividad económica como fuente de riqueza, progreso y bienestar colectivo, responsabilidad que cae de lleno en el terreno de la gestión orientada y dirigida con inteligencia, independientemente de que dicha responsabilidad deba ser distribuida de modo transversal entre las estructuras organizativas.

El líder enfocado a la sostenibilidad debe ser capaz de diferenciar entre dirigir y gestionar. El líder debe dirigir y estimular, y no gestionar, función esta última que debe ser distribuida entre todos los miembros del equipo que dirige. A falta de un liderazgo efectivo, la predisposición innata del ser humano es ocuparse de problemas rutinarios, que son los más fáciles de manejar con ciertas posibilidades más o menos inmediatas de éxito.

Se ha de tener en cuenta que el grado de dificultad y complejidad de las funciones de liderazgo tiende actualmente a multiplicarse, y que esta situación no es ya compatible con estructuras de organización centralizada, piramidal y autoritaria. Algunos cometidos de dirección, tales como la definición de metas, políticas y objetivos estratégicos, requieren de cierto grado de intervención central, pero la mayor parte de las decisiones se han de tomar en las esferas de actividad más próximas a la fase productiva, y nunca en función de la jerarquía, motivo por el cual la función “coordinación” adquiere un valor cada vez más relevante. Las estructuras de dirección centralizada resultan hoy tan inoperantes como el intento de fijar rígidas normas de comportamiento, ya que el ritmo del cambio exige tanto mayor capacidad de adaptación, como de previsión y flexibilidad.

 El liderazgo de la era global se ha de basar en el concepto de equipos interactuantes, conectados y coordinados entre sí, dentro de los cuales cada individuo asume sus responsabilidades y sus funciones específicas en beneficio del logro de los objetivos del grupo. El liderazgo se debe hacer presente en toda la organización. Ha de impartirle ritmo y energía al trabajo, y ha de otorgar poder operativo a quienes lo realizan, aportándoles medios, instrumentos y oportunidades, así como dosis de motivación y entusiasmo.

Todo lo anterior ha de ir acompañado de la consolidación de una ética del liderazgo, desprovista de los rasgos de tipo personalista que prevalecieron durante y con posterioridad a la era industrial. El esquema de liderazgo ajustado a los requisitos del siglo XXI no puede ser apartado del conjunto de transformaciones que es preciso incorporar a las organizaciones como consecuencia del cambio de paradigmas en los modelos de producción y consumo, a menudo transgresores y disruptivos, factores importantes a tener en cuenta para la implantación de un esquema de gobernanza que garantice el alcance de la sostenibilidad, y contribuya a controlar las incógnitas de un entorno complejo e incierto, sujeto a variaciones permanentes que se han de afrontar con sentido organizado, responsable y previsor.

LA GOBERNANZA ORIENTADA HACIA LA SOSTENIBILIDAD

La sociedad industrial enfocó sistemáticamente su cometido a la “cantidad”, a producir bienes y servicios para todos, de acuerdo con una estrategia mercantil basada en la oferta, y no en la demanda genuina de la colectividad. Basó la producción en el modelo de economía lineal, propiciando la explotación desenfrenada de los recursos sin tener en cuenta su carácter finito, y generando residuos y subproductos sin tener en cuenta la posibilidad de reincorporarlos al ciclo productivo como nuevos recursos. La cantidad tiene dimensión económica, y como tal es fácil de medir, pero resulta igualmente evidente que la calidad no es fácil de cuantificar, y que se aprecia de modo intuitivo. Pero la percepción de la calidad está ganando cada vez más terreno a la de la cantidad, y es muy probable que en la sociedad del conocimiento este hecho constituya un ingrediente permanente que contribuya a inducir una mejor relación entre el individuo y su entorno vital.

La evolución del mundo contemporáneo hacia la sostenibilidad integral se ve afectada por la gran magnitud y variedad de opciones que surgen como consecuencia del progreso tecnológico, a lo cual es necesario añadir el requisito de adaptar dichas opciones a nuevos modelos de negocio, a nuevos paradigmas de comportamiento social, a diferentes actitudes de consumo, y a nuevos enfoques en la relación de la sociedad con el uso y protección de los recursos del planeta.

La economía circular, herramienta clave de la sostenibilidad, involucra tanto a las administraciones como a las empresas, pero también a la sociedad en general, que debe replantearse sus necesidades genuinas. De la misma manera, sus beneficios alcanzan a todos, reduciendo el uso de recursos y la generación de residuos, y limitando significativamente el consumo de energía y los costes de producción.

Ante esta realidad, aparece como requisito insoslayable el de gestionar todo este conjunto en sentido transversal, impartiéndole una dimensión global y solidaria. Es en este punto donde adquiere importancia la adopción de estilos de “gobernanza” o de “management” que permitan llevar a buen fin las iniciativas y las acciones dirigidas a alcanzar los objetivos de estabilidad económica y sostenibilidad integral implícitos en los principios de la circularidad. Asumir, y luego poner en práctica este fundamento de gestión, supone igualmente actuar con el máximo de agilidad, de modo que los ciudadanos, las empresas, las administraciones y los gobiernos puedan adoptar comportamientos y actitudes que vayan más allá de la simple sumisión pasiva al cambio generado por la evolución rutinaria de las circunstancias.

Tampoco hay que olvidar las lecciones del pasado, aquellas que en determinadas épocas fueron consecuencia de las “burbujas” y las “crisis”, producto de no haber orientado y reconducido a tiempo modelos de producción y de comportamiento socioeconómico amparados por la bonanza coyuntural. En su día, muchos creyeron que el estado de bienestar era algo inamovible, un derecho adquirido y gratuito. Deslumbrados por el éxito que proporcionaron los años de “vacas gordas”, políticos, empresas y ciudadanos vivieron en un engañoso “mundo de fantasía”, sin aprender ni asumir las lecciones que anunciaron los desastres a los que conducen la pasividad y el conformismo.

La sociedad no puede prosperar sobre la base de aceptar como inamovibles aquellas situaciones que deslumbran ocasionalmente mientras las cosas van bien, sin tomar conciencia de que dicha actitud tiene fecha de caducidad y conduce irremediablemente al caos. Para contrarrestar esta realidad, es necesario adoptar y poner en marcha estrategias de gobernanza inteligentes y consecuentes con el entorno de volatilidad e incertidumbre característico del mundo global, que obliga a adoptar medidas correctoras y preventivas ajustadas a la necesidad de reconducir el modelo vigente hacia objetivos alejados del derroche y de la especulación. En este orden de cosas, tomar decisiones, implantar el cambio y dirigirlo con determinación y atrevimiento no son tareas fáciles. La incertidumbre y la inestabilidad geopolítica que planean sobre numerosos puntos del planeta tienden a perpetuar los conflictos de intereses y a bloquear la acción constructiva, confinándola en el espacio de las buenas intenciones, y dificultando en consecuencia la transición ordenada hacia la adopción de actitudes que apuesten por la sostenibilidad.

PROYECCION TRANSVERSAL Y MULTISECTORIAL DE LA CIRCULARIDAD

La innovación ocupa un lugar central en el aseguramiento de la sostenibilidad y de la transición efectiva hacia la implantación de una de las herramientas más valiosas para lograr este objetivo: la economía circular. Este hecho implica el reto de unir esfuerzos entre todos los actores comprometidos en el desarrollo de estrategias conducentes a este objetivo, incluyendo ciudadanos, empresas y estamentos gubernamentales. Además, la aplicación de los principios de la circularidad requiere tener en cuenta el sector específico en el cual se sitúa su actividad, respetando rigurosamente los parámetros que lo configuran, pero sin perder de vista el enfoque holístico que debe mantener con todo el resto del sistema.

Las estrategias que se centran exclusivamente en sectores concretos y no son desarrolladas pensando en “sistemas” y apuestas “transversales”, no permiten beneficiarse del efecto multiplicador que es posible generar entre actividades afines o complementarias por la integración de diferentes cadenas de valor. La reducción del consumo energético y de las emisiones de gases de efecto invernadero son claros ejemplos de ello. Aumentar el uso de energías renovables resulta más eficaz cuando esta medida se acompaña de otras orientadas a mejorar la eficiencia energética entre sectores clave, como es el caso de la construcción, el transporte y la industria en general.

En el ámbito de la economía circular, la gobernanza enfocada a la sostenibilidad debe propiciar y favorecer las alianzas colaborativas y los esquemas de simbiosis industrial, con el fin de generar sinergias como resultado de todo el proceso de implantación y desarrollo de las iniciativas circulares, y superar por esta vía los retos que conlleva su aplicación. Se debe buscar la prosperidad implantando esquemas de colaboración innovadores entre auténticos “socios globales”, de ámbitos locales, regionales, nacionales y mundiales, dispuestos a adoptar planteamientos que permitan aprovechar los beneficios económicos, ambientales y sociales de modelos de trabajo innovadores, haciéndolos extensivos de modo responsable, recíproco y solidario al resto de los agentes involucrados en la aventura circular.

Situados en este escenario, destaca como indiscutible la necesidad de actuar interpretando de modo responsable y transversal aquellos estilos de gobernanza y de liderazgo que permitan gestionar los recursos apostando por la sostenibilidad. Alcanzar este objetivo compromete a todos y cada uno de los actores en juego a desempeñar un papel proactivo, un requisito esencial en el contexto de la era global.

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