Competencias clave para la innovación y la gestión del cambio

Competencias clave para la innovación y la gestión del cambio

El principal protagonista del proceso de cambio que se produce en nuestras organizaciones es el talento humano.
13 Enero 2021

Redacción

Nuestro cerebro, construido biológicamente en periodos remotos de la evolución humana y diseñado para vivir en entornos estables, constituye al mismo tiempo el principal freno y motor de la innovación. El hábito nos da seguridad y ahorra energía cerebral al no requerir un replanteamiento continuo de lo que hacemos. La naturaleza emocional de nuestro cerebro lo convierte en generador de resistencia organizativa, el principal obstáculo en los procesos de innovación.

Para conseguir la excelencia en la gestión del cambio, y ser capaz de tomar decisiones estratégicas en entornos complejos y turbulentos, el líder debe desarrollar esta naturaleza emocional y convertirse en experto en la gestión de las emociones propias y de los demás. Boyaztis, Mckee y Goleman destacaron, en sus modelos de inteligencia emocional y liderazgo, la importancia de las competencias emocionales en el comportamiento directivo, y permitieron identificar cuatro actitudes críticas para el líder innovador: humildad, resiliencia y acción, empatía y escucha abierta, y finalmente, conectar para gestionar el cambio.

Humildad para saber dónde reinventarse

El líder debe conocerse a sí mismo para saber dónde focalizar sus esfuerzos con el objetivo de adaptarse a un entorno cambiante, adaptando su forma de pensar, sus paradigmas y sus comportamientos a las nuevas realidades. La humildad constituye un aspecto clave en esta reinvención, que obliga al profesional innovador a encontrarse en estado beta permanente, cuestionándose sus acciones y pensamientos y apoyándose en el feedback que recibe para evaluar de la forma más objetiva posible hacia dónde evolucionar. Sin líder innovador no hay innovación.

Resiliencia y acción para materializar el cambio

El contexto socio-económico actual representa una revolución organizativa que afecta a todos los sectores y posiciones. Ante este proceso de transformación global, resulta imprescindible iniciar un proceso de transformación personal. La resiliencia, o capacidad de adaptación a situaciones adversas, se ha convertido en un aspecto clave de nuestro tiempo. Saber cómo somos (autoconciencia) y por qué debemos reinventarnos y qué aspectos nuestros debemos cambiar no es suficiente, si no tenemos la capacidad de auto-regulación. Es mucho más fácil saber qué cambiar o qué debemos hacer que hacerlo. Los líderes no son los que dicen lo que hay que hacer, son los que lo hacen.

La autogestión emocional exige fomentar el equilibrio emocional, la confianza y el optimismo cómo facilitadores del cambio. Las emociones positivas aumentan el repertorio de pensamiento, aportan más creatividad, neutralizan las emociones negativas que provoca el cambio (miedo, incertidumbre…) y por tanto potencian nuestra capacidad de acción para generar nuestra capacidad de adaptación frente la innovación.

Si no gestionamos activamente nuestras emociones, los viejos mecanismos de nuestro cerebro emocional actuarán conforme su diseño inicial. Conviene actuar, dar sentido al cambio mediante la creatividad, la iniciativa y la acción, que son los principales propulsores de la resiliencia. El cambio personal del líder innovador se produce con la acción y mediante la evaluación que hace de los nuevos comportamientos. Empatía y escucha para comprender y anticiparse Innovar implica estar abierto a lo que sucede en nuestro entorno organizativo o de negocio para poder percibir cuándo y cómo es necesario cambiar y entender cómo los demás se comportarán. Para ello es necesario mirar el entorno con curiosidad, hacerse preguntas constantemente, apasionarse con las respuestas, escuchar y dialogar, especialmente con los que opinan diferente, y entender que sienten para poder predecir y adelantarse a sus reacciones.

Conectar emocionalmente para impulsar el cambio

Liderar implica ser expertos en configurar nuestras relaciones y las de nuestro equipo para generar compromiso, esfuerzo, inteligencia o creatividad al servicio del cambio. Entender cómo se sienten los demás (empatía) es el primer paso, pero para crear emociones positivas, inspirar, canalizar la energía y el talento es necesario comunicar e influir. Los líderes consiguen convertir el miedo, la pasividad, la incertidumbre o la angustia frente al cambio en ilusión y acción. Saben conectar con los intereses, valores y motivos de sus colaboradores, y a veces, con la dimensión más espiritual de estos. La pasión, la confianza y el coraje del líder se transmiten cómo se transmiten las palabras, pero tienen más credibilidad y se contagian más rápidamente.

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