Entrevista a Joaquín Nieto, Director de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para España

Entrevista a Joaquín Nieto, Director de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para España

«El futuro del trabajo debe garantizar que nadie se quede tirado en la cuneta»
29 Junio 2019

En la celebración del centenario de la Organización Internacional del Trabajo, su director en España Joaquín Nieto, hace balance del papel de esta organización tripartita y avanza cuáles son los desafíos a los que tendrá que hacer frente en el futuro donde lo más importante es volver a renovar su compromiso con la sociedad.

El pasado 11 de abril se celebró el centenario de la Organización Internacional del Trabajo, única agencia «tripartite» de la ONU en la que están representados gobiernos, empleadores y trabajadores de 187 estados miembros. La OIT, a la que se le otorgó el Premio Nobel de la Paz en el año 1.969, tiene entre sus fines el establecer las normas del trabajo, formular políticas y elaborar programas promoviendo el trabajo decente de todos, mujeres y hombres.

En estos cien años de existencia de la OIT el mundo del trabajo ha cambiado de forma radical, aunque todavía hay mucho que hacer. Todavía hay grandes oportunidades para mejorar la calidad de vida de los trabajadores, ampliar las opciones disponibles, cerrar la brecha de género, revertir los estragos causados por las desigualdades a nivel mundial y mucho más.

Los avances tecnológicos crearán nuevos puestos, pero quienes van a perder sus trabajos podrían ser los menos preparados para aprovechar estas oportunidades. Las competencias de hoy no se ajustarán a los trabajos de mañana y las nuevas competencias adquiridas pueden quedar desfasadas rápidamente. La ecologización de nuestras economías creará millones de puestos de trabajo, pero también hará que desaparezcan otros. La evolución demográfica no es un factor desdeñable, con un rejuvenecimiento en algunas zonas del mundo y un envejecimiento en otras, ejercerá presión sobre los mercados de trabajo.

Para hablar de todos estos apasionantes asuntos que nos afectan a todos hoy, y que nos proyectan hacia un mundo mejor, hacia un futuro más prometedor, hemos mantenido una entrevista con Don Joaquín Nieto, Director de la Oficina de la OIT para España.

Joaquín Nieto, con una gran trayectoria profesional en el mundo Trabajo, Sindical, la Salud Laboral, y el Medio Ambiente, lleva desde el año 2011 al frente de la Oficina de la OIT para España. Nieto es un apasionado del mundo del trabajo y sobre las implicaciones que éste puede tener en mejorar la calidad de vida de las personas. Con una visión global en este mundo tan interconectado y tecnológico, apuesta claramente por las personas con una positiva y esperanzada visión del futuro, en el que está convencido que desarrollando las políticas adecuadas viviremos en un mundo más justo y mejor para todos.

Joaquín Nieto, Director de la Oficina de la OIT para España

Pregunta.- A lo largo de sus 100 años la OIT ha jugado un papel importante en los momentos de grandes cambios como la Gran Depresión, la descolonización o la Segunda Guerra Mundial. En el momento actual de fuerte globalización y 4ª Revolución industrial ¿Qué labor cree que ha de desempeñar?

Joaquín Nieto.- La OIT son los gobiernos de 187 países, los representantes sindicales y los representantes empresariales. Nosotros somos la Oficina Internacional del Trabajo y en el centenario queremos un mandato nuevo que nos permita seguir haciendo normas del trabajo encaminadas a la justicia social y al trabajo decente.

Necesitamos instrumentos para hacerlo teniendo en cuenta que estamos viendo un cambio de época y no sólo una época de cambios.

P.- El escenario futuro del trabajo afectará a cerca de dos tercios de los trabajadores del mundo bien por la transformación o por la desaparición del sector, de las empresas o de las profesiones mismas ¿es realmente tan apocalíptico el futuro?

JN.- En todas las revoluciones industriales ha habido una misma inquietud sobre si las máquinas iban a sustituir el trabajo y el trabajo iba a disminuir, incluso hay quien habló de la desaparición del trabajo y, sin embargo, todas las revoluciones industriales han creado mucho más trabajo, mucho más empleo; de hecho hay 3.300 millones de trabajadores y trabajadoras en el mundo, nunca ha habido tantos; es verdad que tampoco ha habido tanta población, pero el volumen ya es indicador de que aquellos vaticinios de la desaparición del trabajo desde luego, a estas alturas del Siglo XXI, no se han cumplido ni parecen que vayan a cumplirse.

P.- Entonces ¿la cuarta revolución tecnológica no va a acabar con el trabajo?

JN.- No parece, porque aparecerán nuevas profesiones relacionadas con la propia revolución tecnológica y con la digitalización y también diferentes necesidades de organización de la sociedad.

En el propio cambio aparecen ya nuevos empleos, por ejemplo se habla de que las personas puedan cambiar de profesión y adaptarse, lo cual implica que tendrán que ir formándose a lo largo de toda su vida laboral. Eso significa que el sistema educativo y formativo, que actualmente va de los 3 a los 16 años y de los 16 a los 26 para una parte, tendrá que ser de los 0 a los 76 para todos; y eso significa que ese sistema educativo necesitará muchísimos más educadores. Ahí ya aparece una profesión.

Asimismo, el previsible aumento de la esperanza de vida de las personas tendrá como efecto una prolongación también de las personas dependientes y la atención a estas personas no la van a hacer las máquinas. Como ves están ampliándose las profesiones que tienen que ver con la educación y la formación y las profesiones que tienen que ver con los cuidados, lo que nos avisa de que la evolución del mercado será hacia otros modelos de empleo y no necesariamente a la reducción del mismo.

Lo que habrá es una transformación enorme del trabajo y de los sectores tradicionales como los conocemos y de las profesiones que conocemos.

Juan Suánzes y Joaquín Nieto durante la entrevista

P.- ¿Qué va a pasar en el futuro más inmediato con los empleos que se van a sustituir?

JN.- Según los análisis que hemos realizado en la OIT de aquí a 2030, el cumplimiento de los acuerdos de París supondrá la creación de 24 millones de nuevos empleos frente a una cifra estimada de pérdida de 6 millones. Es decir, que se crearán cuatro veces más empleos de los que se van a perder. Esto no apunta en la dirección de disminución de los empleos, apunta en la línea de que al transición energética va a ser una nueva fuente de operaciones.

Claro que los que se pierden y los que se crean no lo hacen en el mismo momento ni en el mismo lugar, por eso hay que gestionar la transición justa garantizando que nadie se queda tirado en la cuneta, que las personas tengan en ese período de transición un empleo o unos ingresos y, en cualquier caso, tengan la formación y siempre la protección social.

P.- Una de las propuestas que ha hecho la OIT es la existencia de una garantía laboral universal ¿Qué significa?

JN.- Que sea cual sea la condición que tengan los trabajadores, su tipo de empleo o de contrato y el lugar donde trabajen, les asistan los derechos fundamentales del trabajo, la posibilidad de tener un salario justo, la posibilidad de disponer de su tiempo de trabajo y que ese trabajo se haga en condiciones de seguridad y de salud, que no dañe su salud o ponga en peligro su vida. Ésta es la propuesta de la Comisión Mundial de la OIT sobre el Futuro del Trabajo.

Esta propuesta va complementada con la propuesta OIT y del sistema de Naciones Unidas en su Agenda 2030 de Objetivos de Desarrollo Sostenible de establecer un nivel básico, mínimo de protección social para todo el mundo, porque más del 50% de ciudadanos y ciudadanas no tiene acceso a protección social. Se trata de establecer y garantizar una protección social básica para todos y complementarla con la protección social contributiva del trabajo.

P.- ¿Y cómo se financian propuestas como ese nivel básico de renta y protección social universal o la garantía de formación?

JN.- Efectivamente, eso hay que financiarlo, pero si partimos de que la digitalización y toda la modernización van a significar un incremento de la productividad, los beneficios de ese incremento habrá que repartirlos.

Las siete empresas principales del mundo en ingresos ahora mismo son tecnológicas. ¿En qué medida estas empresas y sus beneficios deben contribuir, desde el punto de vista fiscal, como el resto de los ciudadanos o como el resto de las empresas? Esto habrá que resolverlo porque no está resuelto.

¿Para qué? Para redistribuir los beneficios derivados del incremento de la productividad de forma que puedan financiar esa protección social para gobernar la transición de una manera justa, sin dejar a nadie atrás, como garantía de la convivencia. Esa es la base de renovación del contrato social, más o menos explícito, pero articulado sobre la base de una serie de derechos establecidos, sea de protección social, sea derecho al trabajo, sean de derechos civiles y otros derechos, que garantizan que la sociedad funcione.

Las siete empresas principales del mundo en ingresos ahora mismo son tecnológicas. ¿En qué medida estas empresas y sus beneficios deben contribuir, desde el punto de vista fiscal, como el resto de los ciudadanos o como el resto de las empresas?

P.- ¿El establecimiento de esa renta básica universal compensará la reducción de puestos de trabajo tradicionales?

JN.- Bueno, ya la población activa no es el cien por cien de la población en edad de trabajar; si consideramos como fuerza de trabajo a las personas que están en el mercado trabajando o buscando un empleo. El porcentaje de hombres que forman parte de la población activa suma las tres cuartas partes de los que están en la edad de trabajar, pero es sólo la mitad en el caso de las mujeres. Es decir, que ya hay porcentajes muy importantes de población que no están en el mercado de trabajo.

Es verdad que en el caso de las mujeres, muchas no están en la población activa no porque no trabajen, que trabajan y mucho; sino porque están realizando trabajos de cuidados no remunerados, imprescindibles para el funcionamiento de la sociedad, imprescindible para la reproducción de la sociedad y de la fuerza de trabajo, no sólo en el sentido estricto reproductivo, sino en el sentido de reproducir las condiciones que permiten mantener la vida.

Esto va a cambiar porque los trabajos no remunerados, particularmente los trabajos de cuidados, para la OIT tienen la consideración de trabajo y esto tiene consecuencias, por ejemplo sobre el derecho a la protección social, esos trabajos no remunerados van a ser cada vez más reconocidos y más repartidos entre hombres y mujeres y muchos de ellos se van a realizar cada vez más en forma de servicios de cuidados públicos o privados remunerados.

Es decir que las mujeres en todo el mundo están pidiendo igualdad y no es que se vayan a negar a hacer los trabajos de cuidados no remunerados elementales, pero van a exigir compartirlos con los hombres y contratarlos. Esto prefigura una revolución enorme en toda la sociedad. No sólo en los hogares, sino también en el trabajo, porque una de las mayores barreras a la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo es el reparto desigual de los trabajos de cuidados no remunerados. Esa barrera hace que a pesar de que el 70% de las mujeres manifiesta querer un trabajo remunerado, sólo el 47% lo tienen. En la medida en que los trabajos de cuidados no remunerados se vayan repartiendo y reduciendo y los servicios de cuidados se vayan ampliando, las mujeres se incorporarán al mercado de trabajo en la misma medida que los hombres.

P.- Si esa corresponsabilidad aumenta ¿qué pasará con la jornada de trabajo?

JN.- La jornada de trabajo se tendrá que remodelar hacia su reducción. ¿Por qué? porque la productividad se está incrementando y se va a seguir incrementando y se espera que la digitalización tenga como consecuencia incrementos importantes de productividad. Eso significa que el tiempo de trabajo puede reducirse. De hecho ya se está reduciendo, lo que pasa es que se está reduciendo de la forma socialmente menos aceptable, porque lo hace sobre la vía del incremento del trabajo a tiempo parcial, pero también de la remuneración parcial; y esa remuneración parcial muchas veces es insuficiente y cuando buscamos las bolsas de pobreza las vamos a encontrar en mujeres que trabajaban a tiempo parcial, porque no logran unos ingresos suficientes para salir de la pobreza.

Reducirlo de una manera socialmente aceptable implicará también otra forma de funcionar y de organizar el tiempo; una dedicación tal vez mayor a trabajos de cuidados y otros trabajos y otras actividades propias, y una dedicación algo menor al trabajo asalariado o el trabajo fuera del hogar. Eso puede pasar.

P.- La Declaración de Filadelfia de 1944 afirmó principios tan esenciales como que el trabajo no es una mercancía, que la libertad de expresión y de asociación es esencial para un progreso constante o que la pobreza constituye un peligro para la prosperidad de todos. ¿El crecimiento del trabajo autónomo y por proyectos dificulta mantener esos principios?

JN.- Siempre ha habido la tendencia, por una parte de los actores dentro del mercado de trabajo, a considerar el trabajo como una mercancía; pero no lo es porque el trabajo lo realizan personas, y las personas son sujetos de derecho, seres conscientes que tienen aspiraciones a una vida digna, a un reconocimiento social, a unos derechos, que tienen capacidad de asociarse y por lo tanto tienen capacidad de demanda y de protesta.

¿Va a crecer el trabajo autónomo en los próximos tiempos? Sí, en la medida en que también la organización de la producción cambia hacia una fragmentación cada vez mayor de los procesos productivos favorecida por la digitalización. Esta fragmentación favorece la proliferación de trabajadores por cuenta propia, auténticos trabajadores por cuenta propia, no confundir con trabajadores por cuenta ajena pero forzados a una situación falsa de autónomo en la que se les obliga a poner sus herramientas de trabajo y a pagar su seguridad social quitándoles los derechos propios de los trabajadores dependientes.

Las tendencias de formulación del derecho del trabajo se tendrán que ir adaptando a los nuevos tiempos, pero no para reducir los derechos laborales, sino para universalizarlos.

No confundir los trabajos por cuenta propia con trabajadores por cuenta ajena pero forzados a una situación falsa de autónomo en la que se les obliga a poner sus herramientas de trabajo y a pagar su seguridad social

P.- La preocupación por el trabajo decente es uno de los pilares del informe elaborado por la Comisión Mundial sobre el futuro del trabajo, ¿es compatible ese trabajo decente con la globalización?

JN.- La globalización debería servir para globalizar el trabajo decente. Se ha globalizado el comercio, la relación de la industria, se han creado las cadenas mundiales de suministro, ahora lo que hace falta, y en eso estamos, es que los trabajadores que están en ellas lo hagan en términos de trabajo decente.

Es verdad que la globalización ha creado situaciones de desigualdad, pero no siempre de empeoramiento. Ahora en el mundo hay unos 300 millones de trabajadores que a pesar de tener un trabajo están en situación de pobreza extrema; a principios de siglo había 800 millones. La protección social hoy alcanza a más personas de las que alcanzaba a principios de siglo. Muchos de los trabajadores de las cadenas mundiales de suministro ni siquiera tenían un trabajo formal; ahora tienen uno, generalmente mal pagado, pero los salarios de 2019 en China o Bangladesh son mucho mejores de los que había hace un par de décadas.

A veces encontramos mensajes derrotistas, que trasladan la idea de que la globalización es la responsable de la injusticita social y se limitan a denunciar la situación y lamentarse de la desigualdad y la falta de justicia social, actividad necesaria pero insuficiente. La OIT es una institución multilateral y tripartita creada para adoptar normas e instrumentos que mejoren la situación real de los trabajadores y de la justicia social.

P.- Sin embargo la percepción de que a pesar de los avances vamos a peor está ahí

JN.- Claro, en el caso de España, por ejemplo, se ha sufrido una crisis muy dura, con consecuencias muy dolorosas para muchísima gente que veían cómo perdían su empleo, su casa y sus esperanzas... De tres años para acá hay una recuperación económica evidente y muy activa, y con las cifras de crecimiento mayores de Europa. Y, sin embargo, sin recuperación social.

Si la riqueza que crea la sociedad española desde hace un par de años es superior a la que había antes de la crisis, pero la situación de la gente es peor, ¿qué está pasando aquí? Alguien se está quedando con esa riqueza y esto es lo que hay que corregir. Ahora la prioridad debe ser la recuperación social y medidas como las mejoras del salario mínimo son pasos necesarios y positivos en esa perspectiva.

P.- ¿Quién tiene que ser el principal valedor de esa transición hacia el futuro trabajo?

JN.- La actividad para hacer esa transformación será tanto de los actores públicos como privados. No obstante, el encargado de marcar el contexto con el que se hace ese cambio, las reglas del mismo, recae sobre la acción pública.

Es la acción pública la que decide cómo se organiza la sociedad, cómo convive, por lo que su impulso crece en importancia. Sin una labor pública adecuada, el cambio no se producirá.

Los objetivos de desarrollo sostenible de la agenda 2030 que firmaron en 2015 todos los Jefes de Estado y de Gobierno del mundo les compromete a gobernar los cambios futuros con unas ideas muy básicas de paz, de prosperidad, teniendo en cuenta a las personas y cuidando el Planeta y ése es el marco que nos han de dar para desenvolvernos.

Con ocasión de su Centenario la OIT tiene previsto adoptar una Declaración multilateral y tripartita que dé respuesta desde la perspectiva del trabajo decente y la justicia social a los desafíos de nuestro tiempo.

P.- La tendencia de algunos gobiernos hacia la radicalización ¿está afectando en este sentido?

JN.- El debilitamiento del multilateralismo podría ser peligroso en un mundo que necesita cada vez más respuestas globales desde la perspectiva del derecho. Esto es especialmente preocupante a la hora de abordar materias como el cambio climático o la cuestión migratoria. La Declaración de Nueva York de 2017 aprobada por Naciones Unidas en ese año reafirmaba el acuerdo de adoptar un Pacto Mundial de migraciones y un acuerdo mundial sobre refugiados, temas en los que hace falta una acción global coordinada; sin embargo, en el momento de adoptar el Pacto países muy importantes se quedan fuera, incluso países europeos, lo cual supone un debilitamiento muy preocupante del multilateralismo porque los problemas globales requieren respuestas globales internacionales. La buena noticia es que con ocasión de su Centenario la OIT tiene previsto adoptar una Declaración multilateral y tripartita que dé respuesta desde la perspectiva del trabajo decente y la justicia social a los desafíos de nuestro tiempo.

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