La ciudad del futuro que van a crear en un barrio de Toronto da un poco de miedo

La ciudad del futuro que van a crear en un barrio de Toronto da un poco de miedo

Sidewalk Labs, una subsidiaria de la empresa matriz de Google, Alphabet, se ha aliado con una serie de inmobiliarias para construir el nuevo barrio
10 Marzo 2019

El barrio de Quayside, en Toronto, se va a convertir en la primera ciudad inteligente del mundo. Es verdad que no es la primera población que utiliza el término “inteligente” para definirse. En España hace ya años que Santander presume de ser un laboratorio que experimenta con maneras novedosas de gestionar los problemas de aparcamiento, tráfico y gestión de residuos. Pero lo que se va a hacer en Toronto va mucho más allá.

Sidewalk Labs, una subsidiaria de la empresa matriz de Google, Alphabet, se ha aliado con una serie de inmobiliarias (privadas y públicas) de Toronto para construir el primer barrio levantado desde cero pensando en su total conectividad. El proyecto, de 200 páginas, parece sacado de una novela de ciencia ficción. Como explica Sidney Fussell en 'The Atlantic', el documento no solo imagina la revitalización de una parcela de casi 5 hectáreas que ha permanecido prácticamente vacía desde su apogeo como puerto industrial, sino su transformación en una micro-ciudad equipada con tecnologías inteligentes que utilizarán los datos de sus vecinos para gestionar el tráfico, las plazas de aparcamiento, las citas en el médico e, incluso, las emisiones de gases de efecto invernadero.

Pero, claro, para obtener todos esos datos la ciudad inteligente colecta información de absolutamente todo lo que está pasando en ella. Las preocupaciones en torno a la privacidad han generado una avalancha de acusaciones contra Sidewalk Labs y su socio inmobiliario, Waterfront Toronto, a los que muchos acusan de no informar correctamente a los residentes. El mes pasado, cuatro personas dejaron el consejo asesor de Waterfront Toronto y Sidewalk Labs debido a sus preocupaciones sobre la privacidad y la falta de transparencia en todo el proceso.

Ann Cavoukian, profesora de la Ryerson University en la que lidera el Privacy by Design Center for Excellence, es una de las personas que ha abandonado este consejo asesor. “La gente tiene que saber que la privacidad debe ser la opción predeterminada”, explica en 'The Atlantic'. “Es decir, no tienen que pedir privacidad, se tiene que dar automáticamente”.

La ciudad del futuro es un gran hermano gigante

Casi todas las propuestas de Sidewalk Labs combinan la ingeniería civil con algún elemento de recopilación de datos, lo que el proyecto denomina “detección ubicua”. Por ejemplo, para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero no solo se utilizan filtros y tecnologías que reducen estas, además se integra en todos los hogares y oficinas el termostato inteligente de Alphabet, que utiliza sensores de ocupación y modelos predictivos para ajustar de manera autónoma las temperaturas a lo largo del día. Para controlar el tráfico no solo se diseña una ciudad más transitable, además se utilizan cámaras que vigilan continuamente los espacios públicos para analizar los patrones de movilidad.

La ciudad está construida literalmente para recopilar datos sobre sus residentes y visitantes. Pero este no es el problema. Estos datos podrían usarse de forma confidencial, solo para el propósito para el que se recogen: gestionar de forma eficiente la ciudad. El problema, explica Cavoukian, es que Sidewalk Labs podría utilizar todas estas cámaras y sensores para rastrear el comportamiento de los vecinos a nivel individual, lo que permitiría crear versiones reales de los perfiles personales que Google ya usa para rastrear a la gente en internet. Sin anonimización, asegura, las actividades de una sola persona podrían estar conectadas a través de múltiples fuentes y diferentes bases de datos para rastrear sus movimientos a lo largo del día. Si Google ya sabe casi todo de ti ahora lo sabrá absolutamente todo.

El 'big data' se puede utilizar de forma ética, siempre que los cruces de información se realicen de forma anónima y transparente, esto es, evitando que se pueda asociar los movimientos a personas concretas y compartiendo el proceso por el que se organiza la información obtenida. Pero, desgraciadamente, como hemos visto en numerosos casos en los últimos meses, hay una fina línea que muchas empresas están traspasando. Y la están traspasando porque es enormemente rentable.

Los datos de identificación personal “son un tesoro”, asegura Cavoukian. “Quieren los datos identificables porque, a continuación, puede enviar todo tipo de anuncios. Una vez [rastreados] los intereses y las idas y venidas de la gente, sería una pesadilla”.

Una pesadilla que está más cerca de lo que creemos si los gobiernos y la sociedad civil no son capaces de poner coto a la ambición de las compañías.

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