Estrés laboral, el tóxico invisible

Estrés laboral, el tóxico invisible

El impacto del estrés en la salud mental de los trabajadores puede y debe prevenirse, al igual que se hace con otros potenciales riesgos en el trabajo.
3 Agosto 2016

Si toda época tiene su enfermedad emblemática, las patologías neurológicas y mentales definirían nuestro momento: se calcula que el 25 por ciento de los europeos sufrirá alguna a lo largo de la vida. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que de aquí a 2020, la depresión será la principal causa de incapacidad laboral. Tanto la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como la OMS advierten del aumento del estrés, definido no como el armónico eutrés que, además de aceptable, ha supuesto una ventaja evolutiva, sino como aquel que sobrepasa a la capacidad del organismo para adaptarse, dando lugar a cambios biológicos y psicológicos que pueden hacer que la persona enferme (distrés).

La Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo (Eurofound) situó al estrés como el segundo motivo de los problemas de salud relacionados con el trabajo (28 por ciento de todos ellos), por detrás de las enfermedades musculoesqueléticas. Es evidente que la crisis económica y su impacto en las condiciones laborales no ayudan a reducir los factores estresantes, pero no es el único elemento que influye. Los factores estresantes más comunes en el ámbito laboral están vinculados con las funciones específicas de trabajador (nivel de exigencia, monotonía en las tareas, división de funciones); también pueden asociarse a la organización del trabajo (imprecisión en los objetivos, horarios, inestabilidad), y a las relaciones laborales. Pero, además, influyen el entorno físico y el desequilibrio entre vida personal y laboral. El actual modelo de sociedad, donde se prima el rendimiento, los horarios 24/7 (muchas veces con el objetivo de asegurar un consumismo innecesario) y la dependencia de los dispositivos tecnológicos (lo que se ha llamado tecnoestrés), puede influir también en esa incapacidad adaptativa.

Esa amalgama de elementos es la que ha de considerar el médico del trabajo para controlar el estrés laboral. Si bien es un reto, estos especialistas consideran que el estrés se puede prevenir y tratar. De hecho, postulan que debe equipararse a otros factores de riesgo en el trabajo, como si de un control de exposición a tóxicos se tratase, y al igual que con ellos implementar estrategias de prevención y manejo.

Para alcanzar esa equiparación a otros riesgos laborales, Antonio Iniesta, gerente del Servicio de Prevención Propio Mancomunado de Garrigues, considera que es necesario "menor miedo por parte de todos, tanto trabajadores como empresarios y sistema sanitario en su conjunto. Es fundamental lograr una coordinación e interrelación entre todos los estamentos médicos que pueden atender a un trabajador: sistema público, médicos del Instituto Nacional de Seguridad Social (INSS), médicos del trabajo de los servicios de prevención y médicos de mutuas de accidentes; sin olvidar que un 30 por ciento de los trabajadores tiene además una aseguradora privada. Creemos que el médico del trabajo debería jugar el papel de coordinar la salud de los trabajadores de manera integral", concluye el que fuera presidente de la Asociación Española de Especialistas en Medicina del Trabajo (Aeemt).

Lo primero es realizar "una correcta evaluación de los factores de riesgo social, una herramienta muy útil que permite valorar la salud mental de los trabajadores y detectar situaciones y personas que pueden provocar bien agudizaciones de la patología o su aparición, por lo que sirve como medida preventiva y diagnóstica", continúa Iniesta, que ha coordinado una de las últimas guías para manejar el estrés desde la Medicina del Trabajo, editada con el apoyo de Schwabe Farma Ibérica.

Iniesta también destaca que lo ideal es conocer al trabajador y su entorno no solo profesional, también social y familiar, "pues hay múltiples situaciones en las que el entorno familiar influye o es causa de estrés, y se puede agravar por el trabajo o viceversa". Así, se consideran grupos de alto riesgo los trabajadores jóvenes, los de edad avanzada, los inmigrantes, las personas desfavorecidas y discapacitadas, y los trabajadores de familias monoparentales, recuerda Clara Guillén, jefe de Departamento de Enfermedades Profesionales de Ibermutuamur.

Para Guillén, "es necesario estar atentos al aumento de accidentes y al empeoramiento del rendimiento laboral, al absentismo, al presentismo y a los síntomas cardiovasculares. La intervención en la organización puede suponer la disminución de las sobrecargas laborales, reorganización de tareas, cuidado del medio de trabajo, formación específica sobre estrés laboral, adopción de estrategias de gestión del tiempo, agrupación de tareas, y también su priorización, entre otros", enumera Guillén.

Finalmente, Guillén da otra clave al aludir al concepto de personas o relaciones "tóxicas" en el entorno laboral: "Es importante socializar, apoyar y apoyarse en los demás, en quienes comparten el entorno. Conocer a los compañeros, utilizar un tono positivo, evitar la queja continua que solo desgasta e irrita a uno mismo y a los otros. Compartir deseos positivos facilita un buen clima laboral".

A la disposición legislativa vigente se ha unido en los últimos años una creciente jurisprudencia que considera las secuelas derivadas del estrés laboral como una enfermedad del trabajo. Así, el suicidio motivado por "la obsesión por conservar el puesto de trabajo"se asumió como accidente laboral en una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura dictada en 2010, que no sería la única ni mucho menos. Más recientemente, DM informaba de la condena al Servicio Andaluz de Salud a reconocer a un médico una incapacidad consecuencia de la ansiedad derivada por problemas informáticos.

Fuente: Diario Médico

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