Las nuevas competencias profesionales requeridas por la revolución digital y la globalización

Las nuevas competencias profesionales requeridas por la revolución digital y la globalización

Según un estudio reciente de la OCDE ha determinado que “tres de cada cinco empleados desempeñan trabajos que no permiten el máximo desarrollo de sus capacidades”.
25 Marzo 2018

Esta es una de las conclusiones que han expuesto Fabio Manca y Montserrat Gomendio, responsables de este organismo, en la VI edición del Foro para el Futuro del Empleo, del que forman parte diferentes economistas de BBVA, entre ellos, Jorge Sicilia, Rafael Doménech y Miguel Cardoso de BBVA Research.

No hay que olvidar que las competencias profesionales tienen el potencial no solo de transformar vidas, sino también de conducir la economía. Sin embargo, en muchos países  existe un desequilibrio entre la oferta y la demanda de estas competencias, que lleva a desajustes y deficiencias significativas. Un gran número de trabajadores experimentan dificultades a la hora de ser contratados debido a unas competencias deficientes.

Tres de cada cinco empleados desempeñan trabajos que no permiten el máximo desarrollo de sus capacidades”

En este estudio, la OCDE analiza cómo los diferentes países miden los cambios en la demanda de competencias, cómo desarrollan las nuevas aptitudes que exige el mercado de trabajo y cómo se aseguran que estas aptitudes o competencias son satisfechas por los trabajadores, en un mercado de trabajo sometido a cambios constantes como consecuencia de la revolución digital y de la globalización.

El informe asegura también que las deficiencias se concentran sobre todo en habilidades de comunicación, como comprensión oral y lectora, y expresión oral y escrita; habilidades como el pensamiento crítico y el aprendizaje activo; habilidades sociales, como perceptibilidad social y enseñanza; y habilidades para la solución de problemas complejos. Las deficiencias son mayores en Finlandia, Luxemburgo, Países Bajos, Alemania y España, y menores o incluso con superávit en Suiza, Hungría, Chipre y Sudáfrica. En el caso de España, junto con Luxemburgo, Finlandia y Alemania, las mayores carencias aparecen en el campo de las habilidades cognitivas y de  comprensión y expresión oral.

En concreto, el informe de la OCDE trata con más detenimiento las siguientes habilidades:

  • Habilidades tecnológicas: El desarrollo tecnológico está teniendo un gran impacto en la demanda de competencias relacionadas como la utilización de equipos informáticos y conocimientos tecnológicos. España, junto con Finlandia y Austria, es uno de los países que más acusa la escasez de competencias en este plano.
  • Habilidades frente a la automatización: El riesgo de automatización derivado del desarrollo tecnológico resalta también la necesidad de mejorar ciertas habilidades como el razonamiento deductivo, la fluidez en la generación de ideas o la capacidad de trabajar de manera ordenada. Aquí, también España presenta ciertas carencias, aunque menos que países como Finlandia o Luxemburgo.
  • Habilidades cognitivas: Por otro lado, se ha producido un desequilibrio en la demanda que ha hecho que se produzca una deficiencia de habilidades cognitivas y un superávit de habilidades rutinarias o físicas en la mayoría de países analizados, incluido España. Este desequilibrio ha sido causado por el aumento periódico de la demanda de habilidades cognitivas en el mercado laboral.
  • Habilidades personales: Cualquier trabajo requiere un cierto nivel de habilidades sociales (‘soft skills’ en inglés) como, por ejemplo, capacidad de liderazgo, iniciativa, adaptabilidad o persistencia. Prácticamente todos los países experimentan una deficiencia de estas habilidades. Sin embargo, el caso de España no es tan acusado como el de otros países como Finlandia o Luxemburgo, que sí sufren una carencia crítica de muchas de estas habilidades.

En cuanto a otros aspectos del ámbito laboral, destaca el aumento de la participación de la mujer en el mundo laboral, que en el conjunto de los países de la OCDE ha pasado del 54% en 1980 al 71% en 2010. En el caso de España, la diferencia en la participación entre hombres y mujeres es todavía del 10% frente a menos del 3% en países como Lituania, Suiza, Noruega o Finlandia. También destaca el envejecimiento de la población activa, algo que también afecta a la deficiencia en ciertas aptitudes.

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