Guía de PRL en el sector funerario

Guía de PRL en el sector funerario

Trabajar en una funeraria entraña riesgos muy parecidos a los de los profesionales sanitarios
18 Septiembre 2017

Los ritos funerarios han estado presentes desde siempre en nuestra civilización y con ellos la actividad funeraria. Estas prácticas, estrechamente relacionadas con las creencias religiosas sobre la existencia de una vida más allá de la muerte, implican importantes tareas de preparación para el adiós al difunto, además de importantes funciones psicológicas y sociológicas con los allegados. Por tanto, los rituales y costumbres funerarias tienen que ver no solo con la preparación y despedida del cadáver, sino también con la satisfacción de los familiares, lo que va a conllevar no solo riesgos para la salud física de los trabajadores del sector, sino también riesgos psicosociales.

La relación entre el trabajo y la salud de los trabajadores del sector funerario ya fue comentada en 1713 por Bernardo Ramazzini, considerado padre de la medicina del trabajo, que dedicó un capítulo de su Tratado de las Enfermedades de los Artesanos, a las enfermedades y otros males que padecían los sepultureros.

Pero es en las últimas décadas cuando se ha ido produciendo una profesionalización del sector y de sus trabajadores, que está a punto de culminar con la puesta en marcha de las titulaciones oficiales. Profesionales que al igual que los profesionales de otros sectores, tienen problemas de seguridad laboral en el ejercicio de sus actividades diarias pero que, sin embargo, aún no han sido abordadas con profundidad, debido quizás a la distancia que el resto de personas, ajenas a este mundo, mantenemos con todo lo relacionado con el fin de la vida.

Trabajar en una funeraria entraña riesgos muy parecidos a los de los profesionales sanitarios. El contacto con la muerte y elementos que la rodean: cadáveres, enfermedades, productos químicos y el dolor que envuelve la situación de luto en la que se desarrolla el trabajo, conlleva para el trabajador riesgos que van desde la posibilidad de trasmisión de enfermedades (hepatitis, tuberculosis, VHI, etc.) de los trabajadores que tienen contacto directo con el cadáver, a riesgos psicológicos derivados de los efectos emocionales de enfrentarse a la muerte y estar en contacto frecuente con restos humanos que pueden estar en diferentes circunstancias (muertes violentas, muertes de menores, avanzado estado de descomposición, mutilaciones, etc.).

A estos riesgos se enfrentan todos los días las empresas funerarias, motivo por el cual las empresas del ramo que operan en Cantabria editaron esta “Guía de Buenas Prácticas en materia de Prevención de Riesgos Laborales’, con el objetivo de garantizar la seguridad y salud de sus trabajadores.

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