Muere de mesotelioma pleural un ilustre filósofo español

Muere de mesotelioma pleural un ilustre filósofo español

La causa hay que buscarla en dos breves exposiciones circunstanciales al amianto, una cuando era un niño y otra cuando tenía cincuenta años. Ninguna de las dos era propiamente laboral
28 Noviembre 2017

Según la Wikipedia, Jesús Mosterín (Bilbao, 24 de septiembre de 1941-Barcelona, 4 de octubre de 2017) fue un antropólogo, filósofo​ y matemático español cuyas aportaciones abarcan un amplio espectro del pensamiento contemporáneo. Sus reflexiones se sitúan con frecuencia en la frontera entre ciencia y filosofía y tienen la racionalidad como hilo conductor.

En marzo de 2015, Jesús Mosterín, escribía un artículo en el País llamado "Una cita con la parca", en el que de manera descarada nos contaba que había sido diagnosticado de un cáncer muy raro denominado "mesotelioma", del que decía que era "un tipo de cáncer producido por la exposición al amianto". No había nunca fumado, por tanto no se le podía achacar a este tóxico su malestar.

No había trabajado nunca en contacto con el amianto, a no ser, decía, que en Begoña, donde pasaba los veranos, había una pequeña fábrica que manejaba amianto y que tenía sus puertas siempre abiertas por las que "entrábamos los chavales de vez en cuando a jugar". O bien, recordaba en el trabajo citado, "que el curso 1992-1993 (estuvo) en el Departamento de Lingüística y Filosofía del MIT (junto a Boston), ubicado en un destartalado barracón cuyas paredes estaban rellenas de amianto". Eran los dos únicos recuerdos de su breve contacto con el mineral fatídico.

Cualquiera de las dos exposiciones por si solas, bastaría para provocar un mesotelioma, pero resulta más probable la responsabilidad de la segunda exposición. Aunque hay mesoteliomas documentados con periodos de latencia de 60 años y más, por lo general no suele exceder de 40 años tras una exposición infantil. Los edificios del sector terciario, como hospitales, escuelas y centros comerciales, entre otros, son aquellos que con mayor probabilidad han incorporado amianto en sus materiales de construcción.

Mosterín, una vez operado a fondo y pasadas las revisiones pertinentes, decía: "las últimas pruebas apuntan a que estoy curado. Por tanto, parece que la parca, que me había hecho señas, de momento ha pasado de largo. La cita ha quedado aplazada". Pero antes admitía que la esperanza de vida de este tipo de enfermos es de solo seis meses. Su optimismo le ha hecho durar dos años más. Eso se lleva. Pero el pasado 4 de octubre murió debido a esa enfermedad. Es una pérdida eminente de quien ha sabido mirar cara a cara a la muerte.

La conspiración del silencio en torno al amianto produce sus frutos

En los artículos aparecidos con motivo de esta muerte, en los principales diarios de este país (La Vanguardia, El Periódico, El País, el Diario Sur de Málaga, etc.), la palabra "amianto" y la palabra "mesotelioma" no aparecen por ninguna parte. Es lo que denominamos la conspiración del silencio interiorizada en los periodistas, filósofos y medios de comunicación.

¿Cuántos han muerto y mueren aún en España y en el mundo por esta causa? Para este país el total de fallecimientos calculado (pasado, presente y futuro) es de entre 70.000 y 100.000 personas, y en el mundo será de entre 5 y 10 millones. Un genocidio oculto porque el conocimiento de la letalidad del mineral se sabía perfectamente hace más de 50 años. 

En el caso de una de las enfermedades más características del amianto, el mesotelioma, no se puede achacar al tabaco u a otras sustancias cancerígenas. La literatura afirma que en el 90% o más de estos casos la causa única es el contacto con el mineral. Contacto que puede ser prolongado o esporádico, intenso o liviano. Lo hemos visto en el caso de Mosterín. Con una exposición insignificante, pasado los 40 años desde las primeros encuentros, que es el periodo de latencia de esta enfermedad, el insigne filósofo ha pagado prematuramente con su muerte aquel contacto olvidado con el amianto.

Sin duda no es el único que con una exposición breve de la que el afectado puede ni siquiera ser consciente, ha fallecido de esta terrible enfermedad.

En 1983 se descubrió que un gran número de vagones de RENFE estaban aislados con crocidolita, la forma más mortífera del amianto. Con el tiempo la crocidolita se desprendía en forma de un polvillo casi imperceptible que una turista inglesa consiguió identificar (ver más abajo enlace a la noticia). RENFE tuvo que reformar la totalidad de los vagones afectados. ¿Cuántos pasajeros de RENFE habrán contraído mesotelioma debido a esa exposición? Probablemente nunca lo sabremos.

Fuente. Sin permiso y Medicablogs

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