Inteligencia Artificial y Problemas Artificiales

Inteligencia Artificial y Problemas Artificiales

El ex secretario del Tesoro estadounidense, Larry Summers, recientemente criticó las opiniones del secretario del Tesoro estadounidense, Steve Mnuchin, sobre la "inteligencia artificial" (AI) y temas relacionados. La diferencia entre los dos parece ser, más que nada, una cuestión de prioridades y énfasis.
22 Abril 2017

Mnuchin adopta un enfoque estrecho. Piensa que el problema de las tecnologías llamadas "inteligencia artificial que asume los empleos de los  estadounidenses" será en un futuro lejano. Y parece cuestionar las altas valoraciones bursátiles de los "unicornios", empresas valoradas en o por encima de mil millones de dólares que no tienen registro de producir ingresos que justifiquen su supuesto valor y ningún plan claro para hacerlo.

Summers tiene una visión más amplia. Considera el "impacto de la tecnología en los empleos" en general, y considera que la valoración de la bolsa de valores para las empresas de tecnología altamente rentables como Google y Apple es más que justo.

Creo que Summers tiene razón sobre la óptica de las declaraciones de Mnuchin. Un secretario del Tesoro de los Estados Unidos no debe responder a las preguntas específicas, porque la gente extrapola las conclusiones más generales, incluso a partir de respuestas limitadas. El impacto de la tecnología de la información en el empleo es, sin duda, un tema importante, pero tampoco es del interés de la sociedad desalentar la inversión en empresas de alta tecnología.

Por otro lado, simpatizo con el esfuerzo de Mnuchin para advertir a los no expertos contra la inversión rutinaria en castillos en el aire. Aunque las grandes tecnologías valen la inversión desde un punto de vista social, no es tan fácil para una empresa para lograr una rentabilidad sostenida. Presumiblemente, un secretario del Tesoro ya tiene suficiente en su plato para tener que preocuparse por el ascenso de las máquinas.

De hecho, es profundamente inútil avivar los temores acerca de los robots, y enmarcar el tema como "la inteligencia artificial se apodera del empleo de los estadounidenses". Hay áreas mucho más constructivas para que los diseñadores de políticas orienten su enfoque. Si el gobierno está cumpliendo adecuadamente con su deber de prevenir una depresión de déficit de demanda, el progreso tecnológico en una economía de mercado no necesita empobrecer a los trabajadores no cualificados.

Esto es especialmente cierto cuando el valor se deriva del trabajo de las manos humanas, o el trabajo de las cosas que las manos humanas han hecho, más que de los escasos recursos naturales, como en la Edad Media. Karl Marx fue uno de los teóricos más inteligentes dedicados a este tema, e incluso él no pudo demostrar consistentemente que el progreso tecnológico empobrece necesariamente a los trabajadores no cualificados.

Las innovaciones tecnológicas hacen que lo que sea producido principalmente por las máquinas sea más útil, aunque con relativamente menos contribuciones de mano de obra no cualificada. Pero eso por sí solo no empobrece a nadie. Para lograrlo, los avances tecnológicos también tienen que hacer menos útil lo que se produce principalmente por los trabajadores no cualificados. Pero esto raramente ocurre, porque no hay nada que haga que las máquinas relativamente baratas utilizadas por los trabajadores no cualificados en ocupaciones de mano de obra intensiva se conviertan  en  más poderoso. Con herramientas más avanzadas, estos trabajadores pueden producir cosas más útiles.

Históricamente, hay relativamente pocos casos en los que el progreso tecnológico, que se produce en el contexto de una economía de mercado, haya empobrecido directamente a los trabajadores no cualificados. En estos casos, las máquinas ocasionaron  que el valor de un bien que se producía en un sector de mano de obra intensiva disminuyera bruscamente, aumentando la producción de ese bien hasta satisfacer a todos los consumidores potenciales.

El ejemplo canónico de este fenómeno son los textiles de la India y Gran Bretaña de los siglos XVIII y XIX. Las nuevas máquinas fabricaban exactamente los mismos productos que los tejedores manuales habían hecho, pero lo hicieron a gran escala. Debido a la demanda limitada, los consumidores ya no estaban dispuestos a pagar por lo que tejedores artesanales estaban produciendo. El valor de las mercancías producidas por esta forma de trabajo no cualificado se desplomó, pero los precios de las mercancías que los obreros no cualificados compraron no lo hicieron.

La lección de la historia no es que los robots deben ser detenidos; es que tendremos que enfrentar el problema social y político de mantener un equilibrio justo de los ingresos relativos en toda la sociedad. Con este fin, nuestra tarea se triplica.

En primer lugar, debemos asegurarnos de que los gobiernos desempeñen su papel macroeconómico adecuado, manteniendo una economía estable y de bajo desempleo para que los mercados puedan funcionar correctamente. Segundo, necesitamos redistribuir la riqueza para mantener una distribución adecuada de los ingresos. Nuestra economía de mercado debe promover, en lugar de socavar, los objetivos de la sociedad que corresponden a nuestros valores éticos. Por último, los trabajadores deben ser formados y capacitados para utilizar herramientas cada vez de más alta tecnología (especialmente en las industrias de mano de obra intensiva), para que puedan hacer cosas útiles para las que todavía hay demanda.

Crear la alarma sobre la "inteligencia artificial que se apodera de los trabajos americanos" no hace nada para atraer tales políticas. Mnuchin tiene razón: el ascenso de los robots no debería estar en el radar de un secretario del Tesoro.

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