La ciencia sigue la pista a la mortalidad ligada a las altas temperaturas

La ciencia sigue la pista a la mortalidad ligada a las altas temperaturas

El rastro silencioso de las muertes por calor
24 Julio 2016

A las puertas del verano las temperaturas ya están aumentando y cada vez lo harán más. El año 2015, y el mes de julio en particular, ya batió todos los récords desde que se tienen registros. Las previsiones apuntan a un incremento de las olas de calor, unidas a una mortalidad que parece pasar desapercibida pero que se lleva cada verano más de mil vidas en España. 

Cuando tu temperatura corporal rebasa los 40 ºC y la acompañan convulsiones, vómitos, delirios y dolores de cabeza, entre otros síntomas, puedes estar sufriendo un golpe de calor. Este grave trastorno tiene una base ambiental. Con la llegada del verano, aumentan los problemas de salud debidos a las condiciones térmicas. Y a veces pueden ser fatales, aunque en general, los fallecimientos atribuidos a los golpes de calor no dejan cifras impresionantes.

“Por ejemplo, en una de las peores olas de calor, la de 2003, la mortalidad debida a golpes de calor fue de únicamente 141 personas en España”, dice a Sinc Julio Díaz Jiménez, jefe de área del departamento de Epidemiología y Bioestadística del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII).

Pero las muertes relacionadas con las altas temperaturas son muchas más que las achacables estrictamente a los golpes de calor, y pueden contarse por miles. Se deben al agravamiento de patologías previas ya existentes.

Ante un verano que ya asoma, las miradas se dirigen a los termómetros. El mes de julio de 2015 fue el más caluroso de la historia, con una temperatura media de 26,5 ºC. Más de dos tercios de las provincias estuvieron esos días en alerta por altas temperaturas.

A pesar de ello, la identificación de los fallecimientos es una tarea complicada, salvo por el pequeño número de casos que se deben al golpe de calor. “Solo podemos detectar excesos de mortalidad respecto a la mortalidad esperada. Es decir, podemos cuantificar un aumento, pero no sabemos cuáles de esas muertes fueron debidas al calor y cuáles no”, explica a Sinc Xavier Basagana, investigador del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL).

Lo que los científicos sí conocen son los factores que aumentan la vulnerabilidad humana frente a las agresiones ambientales. “Las personas con peor salud y los ancianos poseen menor capacidad de adaptación o respuesta al calor”, declara Ferrán Ballester, científico del Centro de Investigación Biomédica en Red Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP). A ellos se unen los niños, que presentan mayor riesgo de enfermedad o muerte debido a la falta de madurez de algunos sistemas, a su mayor actividad y a su menor tamaño.

“Las mujeres gestantes pueden ser especialmente vulnerables a sufrir estrés por calor, por una parte debido al esfuerzo físico y mental extra al que están sometidas durante el embarazo, y a que su capacidad para mantener el equilibrio térmico entre su cuerpo y el ambiente se ve más limitada”, subraya Ballester.

Pero la debilidad frente a las agresiones térmicas del ambiente no depende solo del estado físico de los ciudadanos. Son determinantes las infraestructuras con las que cuente la comunidad, como un urbanismo adecuado dotado de zonas verdes, sistemas de alerta, de abastecimiento de agua y de distribución de alimentos, y por supuesto, unos buenos servicios de salud pública. También entran en juego factores geográficos: tienen mayor riesgo las poblaciones en zonas costeras bajas o en los límites de las enfermedades trasmitidas por vectores, las zonas rurales alejadas de asistencia sanitaria, y las áreas urbanas sometidas al efecto de isla térmica.

Sin embargo, si se toman las medidas de adaptación adecuadas, el incremento de las muertes podría reducirse aunque siguieran aumentando las temperaturas. “La existencia de planes de prevención, la habituación al calor y la mejora de infraestructuras, entre otros, pueden hacer que este incremento sea muy inferior al considerado inicialmente”, manifiesta a Sinc Julio Díaz.

En el ámbito preventivo destaca el Plan de Prevención ante altas temperaturas que activa el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad cada verano. Además, las comunidades también tienen los suyos propios. Todos ellos velan en especial por los grupos de riesgo como las personas mayores y personas con patologías de base, y recomiendan hidratarse y no hacer esfuerzos físicos importantes en las horas centrales del día.

Por otra parte, aun habiéndose aplicado, los planes no han impedido las muertes que se han producido en los años posteriores. Para Culqui, esto se debe a varias razones: las alertas de olas de calor inicialmente no consideraban la temperatura umbral de disparo, y se obtenían con criterios solo climatológicos y no epidemiológicos.

Ante este escenario, el reto está en comprender cómo una ola de calor desencadena golpes de calor y desequilibra las enfermedades de los pacientes crónicos. “Hay que aprender a interpretar”, dice Culqui. Y para ello no solo se necesita el compromiso de los médicos, sino también el de los especialistas ambientales.

Fuente: Agencia Sinc

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